Edición Nº 1737


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    5 de setiembre de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    O Sea, Cambio de Fe

    AY cholita, cuando la Jessikah´s Jesseniah´s se me presentó el lunes pasado a las siete de la mañana, o sea, vestida con túnica celeste hasta el piso, velo blanco desde la frente y cara de haber visto in person al mismo demiurgo del universo, pucha, yo pensé que ya estaban empezando a sonar las campanas de Armagedón y casi me refugio en el sótano del edificio con mi caja con velas y atún de lata a esperar lo peor. Pero no, lo que es la vida, la Jessy me contó (o me cantó, en realidad, porque todo fue en salmodia con rima consonante y sonsonete bíblico), que durante su salida del domingo se había convertido al Templo de las Cuatro Puertas Abiertas Hacia el Infinito, pucha, y yo respiré aliviada porque eso de quedarse sin muchacha en pleno fin del mundo, cómo te explico, debe ser toda una faena.

    Pero, ¿qué había pasado para que se estructurara un sincretismo religioso tan súper en mi propia casa? Pucha, una historia de lo más complicada, que trataré de resumir quitando todas las acotaciones tipo "en el Libro de Jeremías capítulo ocho versículo cuatro, señorita China, ahí dice que cuando la iglesia católica del Perú tenga un jefe de dos metros de alto y cara de vieja estreñida, ese día lloverá de abajo para arriba y hay que buscar otros caminos".

    Resulta que la Jessy se había ido a pasar su domingo a la casa de su madrina (todas tienen madrina, qué lindo, ¿no?) y la tal madrina estaba mirando la televisión, justo hija cuando en no sé qué programa de noticias estaban pasando un video del cuervón Cipriani dando una charla a unos militares, donde les dice cosas como "si están arrechos no se vayan con putas porque después va a venir la conchasumadre de la mujer a reclamarles que no jodan y se vayan a la mierda". La Jessy, que es lo más mediático que ha producido la posmodernidad, pucha, tenía que irse de ahí a la misa en su pueblo joven, y llena del mensaje del Cardenal que acababa de ver en la tela, o sea, a la hora de darse la paz con la vecina de banca, se manda en voz bien alta como para que nadie diga que no la escuchó, con un "oye huevona, o me das bien la paz o te vas a la chucha de tu abuela porque ya me llegó al pincho tanta huevada hipócrita de la gente de este barrio, que ponen caras de cojudos dentro de la iglesia pero cuando salen son unas mierdas".

    Bueno, parece que el chongo que se armó en la iglesia fue de tal magnitud que nadie le entendía a la pobre Jessy que ella lo único que estaba haciendo era seguir al pastor de su grey, qué quieres que te diga. Pero bueno, o sea, como ellos son súper dialécticos, ahí mismo se armó un cisma regio, no sabes, y la mitad de la feligresía se pasó para un local del frente donde funciona el Templo de las Cuatro Puertas Abiertas Hacia el Infinito y en un dos por tres ya estaban convertidos y hasta los bautizaron en el tanque de SEDAPAL que está, parece, ahí al costadito nomás.

    Te confieso, hija, que mi primera reacción cuando escuché a la Jessy fue de temor, porque yo no creo en dios pero sí en esa burocracia intermedia compuesta por San Hilarión, Santa Catalina de Siena, el Padre Urraca y Santa Isabel de Hungría (que era lo más GCU de todo el martirologio, no sabes), y le dije, "Jessy, o sea, piensa mejor lo que estás haciendo, no vaya a ser que termines enrolada en un grupo terrorista y ahí sí que pierdes el trabajo, te lo advierto porque guerra avisada no mata gente, así sea la guerra popular". Pero la Jessy, que es más pendeja que la Pinchi Pinchi, pucha, me contestó que no me preocupara por ella "así como yo me preocupo de que usted esté en el mundo más perdida que una caña al viento, como dice en Salmos 24, versículo tres"; con lo cual la chica me cagó, para decirlo en el sacro lenguaje del Príncipe de la Iglesia, no sé si me entiendes.

    Hija, estoy feliz, la Jessy ha adquirido una ética del trabajo calvinista que es lo máximo. Todo el día está buscando qué cosa hacer y ahora más que nunca confío en que no toca ni el pan que sobra del día anterior. Lo único que la idiota no me sirve vino con las comidas y cuando el otro día la mandé a comprar cigarros, pucha, le dieron convulsiones y botó espuma por la boca. Pero en fin, de los males el menor, ¿no es cierto? Chau, chau. (Rafo León).


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