Edición Nº 1737


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    ARTICULO

    5 de setiembre de 2002

    Nueva York un año despues
    Rehágase La Luz

    La capital del mundo y el balance de una tragedia. Esperanza, alerta y tristeza en un 11 de setiembre que permanece en la memoria.

    El mundo cambió el 11 de setiembre del 2001. Nunca antes la primera potencia del mundo había sido atacada en territorio continental, con saldo tan desastroso, terrorífica espectacularidad transmitida en vivo y en directo por TV. A un año del ataque al World Trade Center, los daños físicos y económicos se conocen con milimétrica exactitud. Por el contrario, EE.UU. y el mundo aún aguardan las reales consecuencias político-sociales del día del horror. Debida a la trágica afición de los terroristas por los aniversarios, el primero se vive con temor. Pero con mucha más esperanza.

    CUANDO a Leslie E. Robertson, ingeniero responsable de las estructuras del World Trade Center (WTC), le preguntaron en una conferencia si hubiera cambiado algo en el diseño de las Torres Gemelas, se puso a llorar. "La Construcción del WTC fue un esfuerzo colectivo, pero el colapso es de mi entera responsabilidad". La respuesta resume la contrición de una profesión naturalmente eclipsada por la arquitectura. Sin embargo, hoy es considerado un héroe. Los últimos informes sobre la tragedia que para muchos define el inicio del siglo XXI, atenuó sus consecuencias considerablemente debido al trabajo de Robertson.

    La Torre Norte fue alcanzada por el boeing 767 del vuelo 11 de American Airlines entre los pisos 93 y 98 exactamente a las 8:46 a.m. Colapsó a las 10:28:31 a.m. Una hora cuarentaidós minutos que sirvieron para evacuar a casi 4 mil personas. En esa torre murieron 1432, 1360 de las cuales se encontraban entre los pisos del impacto o arriba de ellos. Sólo 72 personas que se encontraban por debajo del piso 93 fallecieron. En mucho, gracias al sistema de evacuación que, si se considera dada la magnitud del siniestro, funcionó muy bien. El ataque terrorista de octubre de 1993 al garage del WTC posibilitó que se invirtieran $90 millones en implementar las medidas en casos de emergencia. Además, las torres contaban con 3 escaleras -una más que las obligatorias de acuerdo a ley-, éstas eran muy anchas y una de ellas, en la torre sur, permaneció intacta hasta el desplome del primer al último piso. Cada edificio contaba con 99 ascensores. Existía pintura de reflejo que permitía la ubicación en la oscuridad y se contaba con equipos eléctricos de emergencia.

     

    473 rescatistas, muchos de ellos bomberos, fallecieron auxiliando a los damnificados. Ausencia en el panorama neoyorquino. Der.: Inscripción de la Policía de New York, Moria Smith, en la pared memorial en tributo a los caídos el 11 de setiembre.

    En la Torre Sur murieron 599 personas. El número de occisos es considerablemente menor debido a que, luego del primer impacto en la Torre Norte, aproximadamente tres cuartas partes de los trabajadores de la Torre Sur evacuaron. Dieciséis minutos después, a las 9:02 a.m., el boeing 767 de United Airlines impactó entre los pisos 84 y 78. Sólo 4 personas que se encontraban por encima del piso 84 sobrevivieron, y sólo 4 que trabajaban bajo el 78 corrieron la misma suerte.

    Existen otros factores que amenguaron la tragedia. La más importante es que, simplemente, a 15 minutos de las 9 a.m. mucha gente aún no se encontraba laborando. Las votaciones primarias para la alcaldía de NY retardaron a un grupo de gente. Otros demoraron porque llevaban a sus hijos al primer día de clases. Algunos estaban en viajes de negocios. También habían pisos no ocupados, varias empresas asiáticas se habían mudado debido a la recesión en sus países, y por lo menos doce pisos en cada torre se dedicaban exclusivamente a albergar equipamiento mecánico. El observatorio de la Torre Sur se encontraba cerrado a esa hora (sólo murió un turista). En suma, los edificios se encontraban medio vacíos.

    Por eso, si se intenta analizar las posibilidades de rescate se encuentra que, paradójicamente y debido a las condiciones, ésta fue un éxito. Sin embargo, Robertson, una vez develada la tragedia, se sigue preguntando cuántas vidas se hubieran salvado si las torres hubieran permanecido en pie apenas un minuto más. Como consuelo, el arquitecto neoyorquino William Pedersen, creador del Banco Mundial en Washington, ofrece esta disculpa disfrazada de una necesaria apología a lo obvio, arquitectónicamente, "no podemos hacer absolutamente nada respecto a aviones colisionando edificios".

     

    Rescate de la nostalgia. Globos de nieve con las Torres Gemelas, souvenir otoñal del 11/09.

    ¿Y AHORA QUE HACER?

    Diversas propuestas plantean qué hacer con el ground zero (se denomina de esta manera al sitio directamente debajo de la explosión de una bomba en el aire, en este caso, los 16 acres de tierra que constituían el área de construcción del WTC en escombros), y todas ellas tienen como principal problema la manera en la que afrontan por lo menos tres cosas: la tragedia misma, el símbolo político-social de las torres caídas, y la forma en la que se quiere lidiar con estas dos cosas a futuro.

    Para muchos las torres deberían reconstruirse idénticamente, restituyendo así el símbolo perdido. Otros consideran que ello no sólo es anacrónico (en términos de diseño y funcionalidad), sino que irrespetuoso respecto a los restos (polvo de cadáver) que aún yacen en el ground zero. Éstos plantean que la zona, de tamaño aproximado de 15 canchas de fútbol, sea un extenso mausoleo, símbolo intangible del desastre acaecido. Entre los que apoyan esta medida se encuentra Rudolph Guilianni, alcalde de NY. Él afirma que el ground zero es un cementerio, y que si no se tributa gravedad al mismo "las gentes en cientos de años pensará que nuestra generación no comprendió el significado del día que cambió al mundo". Ellos arguyen, también, que este espacio sería una laguna de reflexión, un refresco espacial dentro del caos urbano y neurosis citadina.

    Terceras opiniones plantean la reformulación total del complejo, dejando una zona como lugar tributario a la tragedia, y erigiendo una construcción más acorde con los nuevos tiempos, es decir, la oportunidad de la refundación de NY. Decenas de medianos edificios que funcionen como una chacra eólica y solar, lagunas subterráneas como espejo de la memoria ("hay que empezar a construir hacia abajo") o simplemente un complejo arquitéctonico más moderado y que se adapte de mejor manera a la dinámica de la ciudad, son las alternativas.

    A un año del 11 de setiembre, las implicancias político-sociales y emotivas aún no se traslucen diáfanamente en la vida cotidiana. La inminencia del ataque a Afganistán se entendió como una reacción instintivo-natural de una sociedad y gobierno heridos, pero la reformulación de lo cotidiano aún está a cuenta en la psiquis colectiva de los norteamericanos (y el mundo). Los sitcoms aún evaden el tema, Hollywood exhibe pudor, y el 51 % de los estadounidenses estima que el 11 de setiembre no debería ser feriado (por otra parte, vigoroso ejemplo para nuestro Ejecutivo). Sin embargo, el 80 % izará la bandera en su casa, el 77 % rezará, y el 54 % afirma que las cosas nunca volverán a ser normales.

    Es decir, un antes y un después repujados en las vidas de los habitantes de la ciudad que, hoy más que nunca, no duerme.


    Tiempos Turbulentos
    Efectos del 11 de setiembre en la aviación civil: 60 millones de personas dejaron de volar y 120 mil perdieron su trabajo.

     

    Julián Palacín: se tendrá que potenciar la capacitación del personal de seguridad del Jorge Chávez.

    EL balance de lo ocurrido en la aviación civil mundial, luego del atentado terrorista del 11 de setiembre, es preocupante. Este se hizo durante la última Conferencia ministerial de alto nivel convocada por la OACI (Organización de Aviación Civil Internacional), que se realizó en febrero de este año. "Allí -dice el doctor Julián Palacín, experto en el tema-, se dieron todas las medidas de seguridad que tienen que tomar los Estados de la comunidad internacional contra los actos de interferencia ilícita y, además, se evaluaron los efectos del atentado". La conferencia estuvo complementada con la modificación y la puesta en vigencia de la nueva versión del "Anexo 17" del convenio sobre aviación civil internacional. El mismo, entró en vigencia el 1 de julio del 2002, modificando todas las versiones anteriores respecto, exclusivamente, a seguridad.

    "Lo que sucedió en Nueva York -continúa Palacín- conmocionó la economía del transporte aéreo y el turismo mundial. Antes de esto, ya se había alertado con respecto a la fase descendente del tráfico de carga aérea". Según Palacín, el tráfico de carga aérea es el indicador más importante de cómo funciona la economía mundial". En el 2001, antes del mes de setiembre, éste había comenzado a bajar, mientras que el tráfico mundial de pasajeros sólo tenía un aumento moderado. Ahora se sabe que, de un año al otro, la disminución se tradujo en una caída de aproximadamente 60 millones de pasajeros y dos millones de toneladas de carga transportadas.

    Por otra parte, el doctor Palacín asegura que, al caer la demanda de pasajeros aumentó la oferta de asientos. También, el costo de las medidas de seguridad que las líneas aéreas internacionales y los explotadores de aeropuertos tuvieron que tomar. "Se calcula -añade- que las pérdidas de explotación de las líneas aéreas regulares, correspondientes al 2001, superaron los diez mil millones de dólares". Esto, a pesar de los programas de asistencia financiera que adoptó el gobierno norteamericano. Subvencionó en en más de 7 mil millones de dólares su industria aérea para que no colapsara.

    Entonces, la reacción de las líneas aéreas fue la de contener las pérdidas. "Reduciendo la frecuencia de sus vuelos y la capacidad del personal". Los despidos anunciados por las líneas aéreas se elevaron a 120 mil en todo el mundo. Algunas, han suprimido sus rutas no lucrativas. Y todas, han limitado los costos cerrando instalaciones, disminuyendo las actividades recreativas a bordo y reduciendo drásticamente los gastos generales.

    "Además, -manifiesta- han dejado estacionadas las aeronaves más viejas o han acelerado su retiro y recibirán más tarde las naves nuevas. Para nosotros, por ejemplo, es un factor de oportunidad. Las podemos reponteciar y traer a nuestros países con un excelente overhaul.

    Pero no son únicamente las líneas aéreas y los aeropuertos los perjudicados. De acuerdo al doctor Palacín y a lo recogido en la Conferencia, las ramificaciones se han extendido, inevitablemente, para afectar a la aviación civil en su conjunto. La postergación de entregas de aeronaves, por ejemplo, impactó a las fábricas. "Las reducciones de gastos de los grandes fabricantes -manifiesta él-, se extienden a lo largo de la cadena de producción y se prevé que las considerables pérdidas de empleos llegarán a afectar a los diversos proveedores". Se han anunciado 170 mil despidos en todo el mundo. Por su lado, los fabricantes de equipos aeroespaciales calculan una pérdida de explotación de 7 mil 500 millones de dólares para este año.

    Otra repercusión importante para los aeropuertos y los proveedores de servicio de navegación aérea, ha sido la pérdida de ingresos provenientos de derechos aeronáuticos, debido a la disminución del movimiento de aeronaves y, las pérdidas de derechos por servicios a los pasajeros. Mientras tanto, los seguros para todas las empresas de aviación han subido en un 50 y 80 por ciento.

    Respecto a las modificaciones de las medidas de seguridad, la más destacable es la que señala que se debe conservar cerrada la puerta del puesto de pilotaje de las aeronaves que efectúen operaciones internacionales, y que ninguna persona no autorizada puede ingresar a ella. Finalmente, es bueno saber que la OACI hará auditorías regulares en todo el orbe. "Es el momento -finaliza Palacín- para que el Perú, que es un país seguro, capte viajeros e incremente su turismo receptivo". (T.M.N.).


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