Edición Nº 1737


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    ARTICULO

    5 de setiembre de 2002

    El Tumulto Cardenalicio
    La espiral del conflicto se engarzó en un panorama mayor.

    EN realidad no tenía nada de malo que un sacerdote con antecedentes deportivos visitara a Héctor Chumpitaz para abogar ante la prensa por un cambio en su situación judicial. Lleva más de un año de detención domiciliaria el futbolista y ya otros, como los miembros del Concejo Municipal de Lima en pleno, habían hecho el peregrinaje.

    Pero el Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne no es un prelado cualquiera sino uno conocido como apologista del fujimorato.

    Más aún, su sugerencia de crear un cuerpo paralelo al Poder Judicial para revisar los casos que por corrupción, asociación ilícita, cohecho y otros delitos cometidos durante el régimen anterior hacen cola ante procuradores y fiscales, fue tomado como un intento de sabotear el proceso de moralización.

    Por cierto, es verdad que hay que separar la mafia del trigo (CARETAS 1736), evitar los atisbos de persecución política y resolver lo antes posible casos que, como el de Chumpi, resultan tan cuestionables.

    Pero Cipriani no era el personaje más indicado para hacer sugerencias en este campo y los medios fujimoristas, en sus diversas encarnaciones, se colgaron de sus palabras para invocar perdones e indultos indebidos.

    Entonces el tema se encabritó. Dos días después, con una oportunidad que nadie cree pueda deberse al designio de las coincidencias divinas, José Luis Lecaros, vocal instructor de la Corte Suprema, citó como testigo a Cipriani para aclarar la siniestra versión ofrecida ante esa instancia por el ex ministro de Justicia Alberto Bustamante Belaunde sobre cadáveres y presuntos "faroles" de Vladimiro Montesinos.

    La versión original de Montesinos era muy poco plausible. El general Luis `Rambo' Pérez Documet habría consultado con Cipriani sobre el destino que debiera dar a ciertos cadáveres (presumiblemente de los secuestrados de La Cantuta) encontrados por allí nomás en 1992.

     

    Alan García, quiso ganarse alguito y se sumó a la cola que defendió la dignidad cardenalicia.

    Hermoza Ríos había recomendado "fondearlos" en el mar, otro personaje desconocido "trozarlos" para enterrarlos mejor (lo que se hizo) y Cipriani -según Montesinos contado por Bustamante Belaunde- identificarlos, avisar a sus familiares y darles cristiana sepultara.

    ¿Nada de avisar a las autoridades pertinentes? Y el entonces ministro de Justicia ¿escuchó sonriente ese cuento? Así parece, pero Cipriani se indignó.

    No conoce a Pérez Documet y en la homilía del Día de Santa Rosa lanzó un "¡basta ya!" que embocó en todos los canales de televisión.

    El Cardenal disparó en diversas direcciones, incluyendo al diario El Comercio, al que acusó de manipular la información en su contra, al Ministerio de Justicia aún en manos del partido de Fernando Olivera (el de las cartas al Vaticano), y particularmente al propio Montesinos, a quien llamó "tenebroso" y "salvaje".

    "¿Hasta cuando va a seguir siendo este hombre juez del país?" preguntó con una energía que hubiera sido más pertinente percibir unos años atrás.

    Pero la ira de Cipriani tuvo su efecto y empujó a muchos feligreses -y no sólo a los más cucufatos- a alinearse tras él para defender la dignidad cardenalicia.

    Y a la cola se sumaron tanto Lourdes Flores como Alan García, besando con unción el anillo, sumando porciones de clientela católica e insinuando que el Primado de la Iglesia Peruana no tenía por qué atender una citación judicial.

    No estuvo de acuerdo con eso, sin embargo, el padre jesuita Julio Wicht, quien opinó que el arzobispo de Lima, como cualquier otro cristiano, tenía la obligación de aclarar todo tipo de situaciones ante la justicia.

    Wicht, claro, tiene razón y cabe recordar, además, que los curas han estado metidos en política, dentro y fuera de la Iglesia, desde tiempos inmemoriales.

    Y así se ha llegado a analizar la actual coyuntura que confronta el Cardenal Cipriani y el desarrollo de su futuro inmediato.

     

    Lourdes dijo que los ataques eran cortinas de humo.

    LOS VERDADEROS DESAFIOS TERRENOS

    Fuentes eclesiásticas sostienen que Cipriani está preocupado por las posibles acusaciones (falsas o verdaderas), que deslice contra él Montesinos. En las próximas semanas se inicia el juicio oral y al Cardenal le preocupa que Montesinos use ese escenario para atacarlo.

    Cipriani desea mantener su imagen particularmente intacta, pues se apresta a librar una serie de batallas para consolidar su poder al interior de la Iglesia peruana.

    El 14 de enero, Monseñor Luis Bambarén cumple 75 años y pasa al retiro. Por eso no podrá ser reelegido como presidente de la Conferencia Episcopal y ni siquiera inaugurar el congreso de obispos que se inicia el 27 de enero.

    Actualmente no existe ninguna figura entre los obispos, aparte de Bambarén, que pueda oponerse a Cipriani. Incluso, en las elecciones del 2001, Bambarén venció a Cipriani por el estrecho margen de 45 a 40 votos.

    Los últimos acontecimientos han empujado a la gran mayoría de los miembros de la Iglesia a respaldar a Cipriani, lo que lo fortalece en su campaña para convertirse en el próximo presidente de la Conferencia Episcopal.

    Actualmente el Opus Dei tiene 8 obispos (somos el país con mayor número de obispos de esta Orden), y se dice que entre 22 y 26 obispos ya han comprometido su voto por Cipriani en enero.

    En junio, los obispos viajaron a Roma como parte de la visita ad limini al Sumo Pontífice que realizan cada cinco años. Allí se les instó a elegir en el 2003 al Cardenal como presidente del Consejo Episcopal. El Opus Dei tiene una importante influencia en la cúpula vaticana por estos días.

    El Vaticano habría sostenido que se vería mal que el Arzobispo de Lima no ocupe este cargo, una tradición que se cumple en otros países.

    Pero es evidente que a algunas autoridades peruanas les provoca alergia el avance de Cipriani e intentan mover cielo y tierra para detener su paso. Tanto las cartas falsificadas enviadas al Vaticano como las insinuaciones de la última semana parecen apuntar en esa dirección y superan el episodio Chumpitaz.


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