Edición Nº 1726


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    20 de junio de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Desde la Clandestinidad

    HIJA, despacito nomás porque éste es un mensaje súper clandestino que te estoy mandando con una viejita, pucha, a la que han evacuado porque le dio su ataque de Alzheimer. Felizmente para ella porque si no se quedaba con los otros trescientos que estamos aquí, pucha, en el aeropuerto de Arequipa en una especie de guerra civil a lo Kosovo, sólo que atragantándonos con lo único que tenemos para comer: chocolates de La Ibérica, vieras los granos que le han salido a Maripí en la frente, está horrible la pobre.

    Bueno, nos vinimos las dos a Arequipa, hija, para ver unas muestras regias de tejidos de alpaca que quiero para cambiar los tapices de los muebles del consultorio, que de tanto recibir locos, no sabes, las rayitas se les han acentuado y ahora parecen tapizados con andenes, te puedes morir. La invité a Maripí, y como la tarada de mi amiga no tiene nada que hacer, ya pues.

    Cholita, desde que llegamos a la ciudad comenzamos a sentir una especie de hush, cómo te explico, así medio birmano, ¿ya? O sea, a la sensación de que en Arequipa ya no hay nadie, había que añadir la constatación de que había más gente que nunca, yo sé que tú me entiendes; pero además, o sea, en un son de trifulca de lo más así, ¿ya?, que lo sentías por tooooodas partes. Con decirte que un mozo en un restaurante, pucha, no nos quiso atender porque dijo que teníamos cara de privatizadoras, lo que a Maripí -que es de las que ensilla el reloj y le da cuerda al caballo- le encantó y terminó añadiendo: "¿Ves China?, ya van dos veces que me confunden con Sue".

    Ay hija, como la cosa agarró crescendo, pucha, decidimos regresarnos al día siguiente de llegadas y nos fuimos las dos, regias, al aeropuerto, sin calcular que ahí empezaba nuestra tragedia. Llegamos y ni bien pasamos la puerta para entrar, cuando una horda primigenia de aymaras aparece de las cordilleras y bloquea la pista que acabábamos de recorrer. "Maripí", sólo atiné a decirle a mi amiga, "pongámonos pañuelos en la cabeza bien anudados sobre la barbilla, que es lo único que nos falta para parecer unas croatas al borde de la migración forzada". Maripí entendió (por primera vez en su vida) y añadió, "pero eso sí, China, a Italia o a ninguna parte".

    Bueno, qué quieres que te diga, llevamos ya como cuatro días acá, durmiendo en el suelo con las carteras de almohada; no me lavo lo que te imaginas desde que llegamos, porque eso que hace Maripí de echarse agua mineral con gas por los barrios bajos, pucha, a mí me da terror; una vez lo tuve que hacer cuando trabajé como antropóloga en una comunidad súper Eliane Karp y no sabes, las burbujitas se me subieron hasta el nervio óptico y comencé a ver todo como detrás de un vidrio catedral. Comemos, como ya te dije, o sea, chocolates como enloquecidas. De vez en cuando alguna paisana se conmueve de nosotros y nos quiere invitar cuy frito o mote pelado, pero hija, ante eso yo prefiero sentirme la protagonista de El Angel Exterminador de Buñuel y, pucha, o sea, alimentarme de fantasías tanáticas, qué quieres que te diga.

    Lo peor de todo, pucha, para una periodista como yo, es, o sea, no saber realmente qué es lo que está pasando en el mundo exterior. Nos han contado que hay horrores de dirigentes en huelga de hambre y que no queda un ladrillo del empedrado colonial de Arequipa. La verdad, pucha, me preocupa más lo segundo que lo primero, porque dirigentes puede haber horrores pero ladrillos de piedra del siglo XVIII, cómo te explico. También sabemos que hay estado de emergencia y toque de queda, y ante eso, pucha, a mí me surgen unas ambivalencias horrorosas porque por una parte, cómo te explico, o sea, me horroriza la repre pero por otro, pucha, no creas que no me seduce la idea de que a los huelguistas de hambre los metan a su casa a las diez en punto para que coman su papa con su arroz y se acabó el jabón. Pero hija, así es la vida de contradictoria, y la discusión política la dejo para cuando estemos libres, porque ahora hay otras prioridades de urgencia.

    Porfa, una vez que leas esto, pucha, rómpelo y quémalo, pero no te olvides de mandarme todo lo que te voy a poner, mediante un piloto de la FAP al que tienes que ubicar en una mesa del Voltaire el martes a la una en punto. Él va a estar disfrazado de Lorenzo de Souza. Tú te acercas y le dices: "¿El doctor Freud?", y él te tiene que responder, "que viva el subconsciente". Cuando ya echaron clave, pucha, ahí le das el paquete y regio, te lo voy a agradecer eternamente.

    Ya, apunta: wet ones por millones porque ya no aguanto la mugre, un frasco grande de la colonia Kenzo más fresca que puedas conseguir, una bolsa de frutas secas para la desnutrición crónica, esas gomitas Kellog's que venden en Pharmax que son mejores que la paja rusa, el último Caretas, tres cartones de Marlboro pero rojo porque los light los odio, dos botellas de Jack Daniels y si se te ocurre alguna otra cosa regio pero eso sí, pucha, que no sea perecible porque no hay manera de eliminar residuos sólidos, no sabes cómo apesta esto. Bueno, ahí lo dejo porque ahorita empiezan los bombardeos de nuevo. Chau, chau (Rafo León)


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