Edición Nº 1724


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    ARTICULO

    7 de junio de 2002

    El Abogado Del Diablo
    Francisco Chirinos Soto estuvo en el infierno pero, según él dice, no se quemó. Fue amigo personal de Montesinos y lo defendió en tres oportunidades.

    En los últimos días, el nombre del abogado Francisco Chirinos Soto ha vuelto a sonar. Esta vez como testigo en las investigaciones que se realizan por el tema Montesinos-Aljovín. Resulta que Chirinos Soto fue quien presentó y firmó el acta mediante la cual se entregaba la documentación probatoria del pago de impuestos por honorarios profesionales que había realizado Montesinos. Antes, ya había actuado como defensor de este siniestro personaje. Difícilmente se olvidará la querella con la que VMT demandó a CARETAS por haberle dicho "Rasputín" y mostrar sus antecedentes. Ese fue, tal vez, el más remoto antecedente de los lazos que unieron a Chirinos Soto con Vladimiro Montesinos.

    Entrevista
    TERESINA MUÑOZ-NAJAR

    EL vínculo familiar que emparenta a Francisco Chirinos Soto con Vladimiro Montesinos Torres, cuelga de una pared del estudio del primero de los nombrados. Es Andrés Martínez -en retrato pintado al óleo-, el intelectual más importante de Arequipa durante la primera mitad del 800. El fue tatarabuelo de los Chirinos Soto así como del padre de Montesinos Torres. Sin embargo, no es ése el único lazo que une a los dos conspicuos abogados characatos. Están el legal y el amical. Ocurre que Chirinos Soto, además de defender profesionalmente a Montesinos en tres oportunidades, se reunió con él, varias veces y en la famosa salita del SIN, para darle consejos legales y conversar, siempre al calor de un whisky "etiqueta negra". Nació así una amistad de la que el propio Chirinos Soto da cuenta.

    -¿Acaso Valdimiro Montesinos no merecía el apelativo de "Rasputín"?

    -Bueno, no le cae del todo mal en cuanto fue un hombre de un poder tremendo. Pero yo lo compararía más bien con un Richelieu.

    -No obstante, usted lo defendió en la demanda que le hizo al director de CARETAS, justamente por llamarlo "Rasputín".

    -Creía y sigo creyendo que la libertad de expresión tiene un límite: el honor de los demás. Dentro de esa filosofía defendí a Vladimiro Montesinos porque consideré que era dura e injustamente atacado.

    Acusó recibo
    Registró en una libretita fecha de pago y monto de honorarios recibidos de VMT: 10,000 dólares.

    -¿Cuándo conoció a Vladimiro Montesinos?

    -Yo sabía que existía porque había sido amigo de su papá cuando éste era escribano en la Corte de Arequipa donde yo trabajaba. Su tío Alfonso Montesinos, además, había sido mi profesor de derecho romano en la Universidad San Agustín. Pero recién conocí a Vladimiro a finales de los ochenta cuando fue a buscarme a mi estudio de la Plaza San Martín.

    -¿Qué quería?

    -Se presentó y me dijo: doctor Chirinos quiero pedirle un favor, quiero que me defienda en un asunto en el que soy agraviado. Recordamos entonces a su padre y le dije que sí, que con mucho gusto, que me diera el expediente. Pese a que el demandado era su primo, Sergio Cardenal Montesinos, a quien yo conocía, decidí defenderlo porque me di cuenta que Vladimiro tenía razón en esa denuncia (apropiación ilícita de unos muebles). Gané el caso y a los cuatro o cinco días apareció nuevamente Vladimiro en mi estudio con una espléndida botella de whisky. Esos fueron mis honorarios.

    -Y el inicio de una amistad...

    -En realidad no lo veía muy seguido. Después del incidente que le acabo de contar Vladimiro Montesinos volvió a buscarme. Esa vez aproveché para presentárselo a mi hermano Enrique con quien compartíamos el estudio. Enrique notó que nos hablábamos de usted y nos llamó la atención. No sean tontos, nos dijo, somos amigos y parientes, hablémonos todos de tú. Luego lo dejé de ver por un buen tiempo.

    -Hasta...

    -Hasta lo del asunto de CARETAS.

    -Y desde entonces, supongo, comenzaría a verlo con mayor frecuencia...

    -Honestamente, yo habré ido unas ocho o diez veces al SIN pero ya no por asuntos profesionales sino puramente amicales. Vladimiro me llamaba: Panchito vente a almorzar. Yo, encantado. Entonces me mandaba a dos gorilas, me subían a un auto blindado y me depositaban en la famosa salita del SIN.

    -¿Alguna vez fue con su hermano Enrique?

    -Una sola vez. Apenas se produce la liberación de los rehenes de la Embajada del Japón, yo lo llamo. Vladimiro te felicito, le digo. Vente a almorzar y tráete a Enrique, me contesta él. Como siempre nos mandó a los gorilas y nos fuimos al SIN. Conversamos antes de almorzar como una hora y nos tomamos varios whiskys "etiqueta negra", entonces yo no me hacía rogar para aquello, ahora ya no puedo tomar, tengo varias operaciones al corazón.

    -Pero Montesinos no bebía...

    -Conmigo sí bebía. Sí señor. La cosa es que nos puso sobre la mesa la maqueta de la embajada y nos comenzó a contar todo lo sucedido. Nos dijo que todo lo habían planeado él, Fujimori y Hermoza. Después nos invitó un excelente almuerzo al que concurrió pero no degustó Enrique porque no le agrada el chifa.

    Célebre sala-comedor del SIN en la que VMT y Francisco Chirinos Soto se reunieron por lo menos una docena de veces para tomar wiskhy y "hablar de lo que hablan los abogados".

    -Tal vez esas escenas hayan quedado grabadas en el vladivideo que dicen que hay de usted.

    -Tal vez. Y me gustaría que lo pasen. No tengo nada que ocultar. Le he dicho de qué conversamos, cuál fue el menú y le puedo decir cuántas botellas tomamos.

    -¿Cuántas?

    -Dos o tres.

    -No entiendo cómo podían conversar tantas horas. El ha demostrado no ser especialmente brillante...

    -El es inteligente, agudo, pero no tiene ningún brillo. Su cultura es muy superficial. No es cultivado porque los militares no se cultivan. No es leído. No tiene una buena dicción.

    -¿Cuál fue su tercera intervención profesional como abogado de Montesinos?

    -Fue muy relativa y circunstancial. Me llama Vladimiro y me dice, el fiscal Aljovín va a iniciar una investigación a propuesta mía. Estoy presentando mis papeles, mi documentación y quiero que tú figures como mi abogado. Esa vez ni siquiera tenía que asumir la defensa. Sólo presentar a la Fiscalía de la Nación o al perito respectivo un grupo de documentos. Entonces, resulto firmando un acta en la cual consta que yo hago la respectiva entrega de papeles.

    -Esa es el acta que ha salido a luz hace algunos días...

    -La verdad es que yo ni la recordaba. Ese fue un episodio intrascendente en mi vida. Era sólo para demostrarle al fiscal que Vladimiro había pagado impuestos.

    -Usted, y así lo declaró públicamente, no consideraba sorprendente que un abogado ganara más de dos millones de dólares al año...

    -Yo estoy bastante lejos de eso pero considero que un abogado puede ganar esa cantidad y más. Sí señor. Conozco el caso de un abogado que en un asunto sonado cobró cinco millones de dólares. Sí señor. Un pleito importante, desde luego, en el que estaba de por medio una disputa de doce o catorce millones de dólares. Los ganó a favor de un banco muy conocido y cobró cinco millones.

    -Lo que extraña es que usted, que conocía a Montesinos, que sabía que trabajaba 24 horas en el SIN, creyera que ganaba más de dos millones de dólares por honorarios profesionales. ¿No dudaba de él?

    -Honradamente no dudé. Yo pensaba que estaba utilizando, como que lo hizo, la importancia de su cargo para conseguir clientes importantes fuera del país. Yo he sido testigo con mis propios ojos, de que personas de otros países le hacían consultas y de que le pagaban muy buen dinero por eso. Inclusive lo llamaron del Brasil para que se vaya a trabajar allí: Panchito, mira las propuestas que me hacen.

    -Insisto, un abogado tan inteligente como usted, ¿no percibía que algo malo pasaba?, ¿no presentía que Fujimori y Montesinos estaban levantando en peso al país?

    -Con absoluta franqueza, no. Eso sí, yo no estaba de acuerdo con el proyecto de reelección.

    -Pero defendió a Perú 2000 contra las nueve tachas presentadas para impugnar la candidatura de Fujimori...

    -Le voy a contar lo que pasó. El 30 de diciembre yo estaba en la Panamericana sur rumbo a Arequipa porque iba a recibir el año 2000 en Mejía. Mientras tanto, Vladimiro me buscaba. Llamó a Enrique para preguntarle sobre mi paradero. Me hizo buscar en posta hasta que me ubicó en Chala a través del jefe de la Policía. Hablamos por teléfono: Panchito, el Presidente quiere que tú defiendas el tema del Jurado Nacional de Elecciones. Yo no conozco al Presidente, le repuse, ¿tú quieres que yo te sirva en esto? Sí, Panchito. Así, dejé a mi familia, di la media vuelta y regresé en combi a Lima. Llegué en la madrugada y a las nueve de la mañana estuve en el Jurado donde defendí la posición de Fujimori respecto a la posibilidad de una segunda reelección.

    -Con la cual usted no estaba de acuerdo...

    -Es un tema discutible. No digo que violenté mis convicciones pero fue una de esas cosas en la que uno no está demasiado seguro. Sostuve que la reelección del año 2000 era plausible apelando al razonamiento de la interpretación auténtica. Pero le digo la verdad. No figura entre las actividades profesionales de las cuales yo me pueda gloriar.

    Andrés Martínez, ilustre arequipeño, es el tronco común entre Chirinos Soto. Vladimiro Montesinos y también, Oscar Ramírez Durand "Feliciano". Chirinos Soto es tataranieto. Los dos últimos vendrían a ser los choznos. Es decir, hijos de tataranieto pues los padres de ambos, fueron tataranietos, a su vez, de Andrés Martínez.

    -Y ya no recibió el año 2000 en Mejía...

    -Claro que lo recibí. El 31 de diciembre cuando salí del Jurado llamé a Vladimiro. No estaba. Me contestó un ayudante suyo y me dijo que había un avión en Las Palmas esperándome para llevarme a Mejía. No lo acepté: lo único que pido es que muevan sus influencias y me consigan un vuelo comercial. Así fue. Un gorila me esperó en el aeropuerto y me embarcó a Arequipa, donde otro gorila me esperaba para llevarme a Mejía.

    -¿Cuáles fueron sus honorarios por eso?

    -Acá en estas libretitas tengo una bitácora de toda mi actividad profesional. Fíjese, acá está: el 20 de enero del 2000 VMT me pagó 10,000 dólares. Ese día me invitó a almorzar y me dio un pequeño sobre manila que yo recibí sin abrirlo. Lo puse en este bolsillo. Noté que no era muy voluminoso.

    -¿Le pareció poco?

    -Sí. Y estuve tentado de pedirle más.

    -Se dice que usted le redactaba recursos, escritos, lo aconsejaba sobre leyes, etc.

    -Conversábamos como lo hacen los abogados. Sobre hipótesis legales. Algunas cositas le habré recomendado pero no una ley completa. Si él me hacía caso o no, no lo sé.

    -¿No le pidió que interviniera en el caso Hayduck?

    -Un emisario del yugoslavo me buscó para eso. Yo estaba interesado porque nunca he tenido inconveniente en defender un caso de narcotráfico. Inclusive me habló de honorarios: 600 mil dólares. Pero cuando me dijo que el asunto comprendía el apoyo de Vladimiro Montesinos no acepté, de ninguna manera.

    -¿Ha leído el libro de Jochamowitz?

    -Sí y está bien. Hay un error de información, no obstante. Jochamowitz no consigna nada respecto a Juan Bustamante de la Fuente quien en verdad fue quien convenció a Pancho Montesinos para que matriculara a Vladimiro en el Colegio Militar. Bustamante pagó todos los gastos de ingreso: uniforme, colchón, etc.

    -¿Cuándo vio por última vez a Vladimiro?

    - El 15 de agosto del año pasado. Me pidió que sea su abogado pero no llegamos a ningún acuerdo. Le prometí, más bien, que después, para algún informe oral lo podía ayudar. Todos merecen un abogado.

    -A estas alturas ¿qué piensa de él?

    -Es un hombre inescrutable, inexplicable para mí.

    -¿Todavía lo considera su amigo?

      -Sí. El no me ha hecho nada a mí y yo no soy su juez ni su confesor ni su ángel de la guarda. Uno puede ser amigo de un criminal.


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