Edición Nº 1712


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    14 de marzo de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    La Marcha Turca, Hija

    AY no sabes, me llama Cochebombín (por si no lo sabes todavía, es el nombre de cariño con que todos conocíamos a Nico Lynch en el Partido) a pedirme una cosa rarísima: "Chinita, tú que eres bien culta, porfa, ¿no tienes por ahí unos valses vieneses, o algo así bien elegante y marcial que me prestes?" Pucha, yo que estaba en plena cambiadera de Tampax, o sea, lo único que le dije fue, "Cholito, si te quieres casar de nuevo, o sea, no se te ocurra poner semejante huachafería para entrar a la iglesia. Ahora está full moda la Misa Criolla de Chabuca Granda y además tiene que ser en vivo...". "No China", siguió, "en realidad es para un amigo... pero ya qué importa, no es tan grave, chaufa".

    Bueno, ahí quedó el asunto y esa noche teníamos que ir la idiota de Maripí y yo a la instalación de la Concertación en Palacio, hija, ella como representante de las Asociaciones de Pobladores de las Playas GCU, y yo por la Organización de Banca Financiera Internacional Para Países del Sexto Mundo, ¿ya?, que dirijo de manera colegiada con Sue pero como ella está otra vez in love, cómo no entenderla, ¿no es cierto?

    La cosa, chola, es que nos vamos las dos bien regias -en TAXI REAL para que en el centro no nos violen- y entramos al salón donde estaba Raimundo Y Todo el Mundo, no te puedes imaginar. A mí, of course, me tenía que pasar que en la puerta me doy un panzazo con el cholo cochino del Alan, que hablaba por el celular con no sé quién y le decía, "mañana me salen por el zanjón, ya firmé el chequecito para los palos y las varas de construcción. Pero eso sí, no se olviden de mi comisión, ah". Hija, cuando pasé por su lado no me pude aguantar y le metí al bolsillo del saco mi Paralizer abierto y se lo dejé ahí. Al ratito llegó Villanueva del Campo y le dijo sotto voce, "Alan, veo que sigues con tus proverbiales ventosidades..." y ahí nomás nos llamaron para que nos sentemos.

    Hija, qué tragedia, a mí me tocó al lado de Ismael Benavides y detrás del pajarón Cipriani, y entre que Isma me frotaba la pierna y el cura -que mide tres metros y medio- cabeceaba de sueño y me tapaba lo que pasaba, yo lo único que quería era zafar corriendo a por un Campari con naranja en el Voltaire. Pero bueno, primero estaba el Acuerdo Nacional, hija, que me parece una medida regia para que nos sigan desagiando de tanta cholada, multa e impuesto con los que nos castigaron a los inversionistas durante aaaaaaños y después se quejan los pobres, qué injusto que es todo.

    Bueno, espera y espera y espera con un calor de la jijuna y nada, la hora Cabana. La pobre intérprete del Canciller alemán ya no sabía cómo explicarle que acá era así, y el gringo lo único que hacía era mirar al techo y mover la cabeza de un lado para el otro como diciendo, "por qué no me quedé en Munich con mi deliciosa Frida comiendo chucrut". En fin, de pronto todo el mundo se quedó callado y en la puerta de vidrio pavonado que hay arriba de una escalera -que estaba sin alfombra, de horror- aparece la sombra de un bultito como metro veinte y yo pensé francamente que se había soltado el Rottweiler de Chantal y casi grito; pero no, hija, se abre la puerta y aparece el Pachi, hecho una cariátide indigenista de pata de mesa de comedor, con banda presidencial terciada, terno negro y zapato marrón, y con un aire como de Luis XVI caminando hacia la guillotina, pucha, comienza a bajar las gradas. Claro, ahí entendí todo: Cochebombín había sido comisionado para que le busque la música que Pachi necesitaba para bajar la escalera real, cómo te explico. Cuando me di cuenta, o sea, me dio tanta penita que te lo juro, o sea, empecé a canturrear la Marcha Turca de Mozart, que es regia para presidentes bananeros de republiquetas olluqueras, ¿ya?; y de pronto en mi cabeza la ceremonia se llenó con el elemento que faltaba, pero parece que mi canturreo no era tan bajito porque el pajarón del cura y el Isma, pucha, me seguían en ritmo con sus zapatazos, regio fue.

    En fin, cómo te explico. Pucha, o sea, cuando mandé el reporte de la ceremonia a la Organización de Banca Financiera Internacional para Países del Sexto Mundo, o sea, la única respuesta que recibí de su presidente, el Thomas Mellon, fue un mail de lo más críptico en el que me decía: Everywhere has cholos like yours; Georgie Boy could be borned in Cabana. Enjoy it. Tom. Pero igual, hija, a mí me encantó la Concertación, ¿y sabes por qué? Adivina: ¡Diego, Diego, Diego, Diego, Diego... y así sucesivamente. Chau, chau. (Rafo León)


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