Edición Nº 1696

 

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    ARTICULO

    15 de noviembre de 2001

    Cuarta con PALMAS
    La Feria se despereza y brotan los primeros triunfos: Cuatro orejas. Y aún viene lo mejor.

    Por EL MARQUES DE VALERO DE PALMA

    TOREROS a hombros. Alegría en los tendidos. Los aledaños de la plaza de Acho, dentro y fuera, son un hervidero bullicioso de corrillos con gentes sonrientes y botas de vino que se apuran hacia el cielo. La feria acaba de empezar con el santo de cara. La auténtica feria, la feria de postín, la feria de las figuras, la feria de esos toros mejicanos que frecuentemente dan lugar a que estas cosas sucedan. Porque sin ser gran cosa, por genético arte de birlibirloque, se dejan torear y facilitan la labor de los de a pie.

    Hubo toreros muchísimo más que toros, que esto quede claro. Una corrida que termina con cuatro orejas cortadas da pábulo a pensar que la bravura y la codicia de los toros estuvo siempre presente a lo largo de la tarde. Pero no fue así, si exceptuamos al salido en sexto lugar que demostró una gran bondad. Un toro bondadoso (y la bondad es lo que caracteriza al toro mejicano) no es un toro integralmente bravo, con esa bravura y codicia que hace que se coma todo capote o pañosa que encuentra por delante. Estamos hablando de esa bravura que enerva, que hace arrancar aplausos, que contagia el ambiente y lo llena de electricidad y los olés estallan si el torero es capaz de quedarse quieto y sufrir las embestidas codiciosas llenas de fuerza torrencial. Estos toros tuvieron bastantes defectos que se obnubilaron porque los toreros le echaron entrepierna al asunto. La presencia de los toros, en general, fue justita, con un aprobado bajo. Los toros bordearon, también en general, el peso justito de los 480 a los 500 y muy poquitos kilos, porque ya es hora de no hacer demasiado caso a los carteles exhibidores del peso que son fantasmagóricos e irreales a más no poder. Y si no son así necesitamos ir urgentemente al optómetra. El tercero y cuarto fueron novillotes.

    Garibay estuvo mal en su primer toro, pero estupendo en el segundo. Sin poesía ni florilegio, le sacó el jugo al sexto toro.

    Finito de Córdoba ha demostrado con prístina claridad el puesto primero que ocupa en el escalafón taurino español. Está puesto, muy puesto, recontra puesto, puestísimo. Muy por encima de sus dos toros. Finito de Córdoba superó defectos de sus toros, los anuló, los diluyó y los maquilló hasta tal punto que parecieron mucho más bravos de lo que en realidad eran, sacando la bondad sanguínea inherente y escondida en lo profundo que siempre llevan estos toros. Finito de Córdoba fue mago. Abracadabra. Propició dos faenas de corte clásico y perfume andaluz. Naturales, derechazos inmaculados y sobre todo pases de pecho dibujados de pitón a rabo formaron la línea estructural de sus faenas. Lo que me llama la atención es el enorme poder que demostró. ¡Caramba!, éste no es nuestro Finito, que nos lo han cambiado. Porque de Finito recuerda uno siempre la etiqueta del arte y del toreo puro de Andalucía con menoscabo del oficio del sometimiento del toro. Pues este Finito de hoy está para cortar orejas con harta frecuencia. Con una estocada a cada toro, ambas levemente imperfectas, pero prácticas, consiguió el trofeo por partida doble (una oreja en cada toro) y la salida a hombros. Premio justo a unas faenas muy bien coordinadas y de gran pureza en su ortodoxia.

    José Tomás es torero de rancho aparte. O se da el "placet" y se gusta a sí mismo o no torea buscando subterfugios. Todo un engranaje sicológico a dilucidar. La noche del alma. El ritual del sentimiento. La tenacidad en su introspección. La ausencia de ventajismos. La autoflagelación. El arte del toreo practicado casi con unción religiosa. Un mundo interior que aflora al contacto mental con el toro. Esas "voces negras" de los toros que son la respuesta íntima del diálogo entre toro y torero y que, en conferencia magistral, explicó en su día Luis Miguel Dominguín. Esas "voces negras" que me intentaba hacer comprender, en una noche de sinceridad y sinceramiento, José Mari Manzanares. Las "voces negras" que escucha siempre José Tomás con tenacidad de iluminado.

    A José Tomás no le salieron los toros adecuados, los toros que él desea. Esos toros que embisten de lejos y que el los para cambiándoles el ritmo y la cadencia. Estos toros no llevaban demasiado gas y por lo tanto el cambio de ritmo no se notó tanto. Su primer toro escarbaba como "petrolero" consumado, y forzado a tomar el diálogo con la muleta acabó asustándose de la conversación. Lo más bonito de la tarde, lo más majestuoso, los pases más limpios de la tarde estuvieron a cargo de José Tomás. El punto culminante de toda la corrida fueron los bellísimos, lentos y bien pergeñados naturales que propinó este torero. Su primer toro, el petrolero, reculaba asustado y no lo podía matar. Y aquí la tenacidad y el autoflagelamiento de que hablaba antes. El no querer traicionarse a sí mismo. A lo Viti. ¿Recuerdan a Santiago Martín cuando se empeñaba en matar canónicamente y con arreglo a ley, entrando por derecho, pinchando en hueso las veces que hiciera falta? Pues José Tomás perdió orejas esta tarde porque los toros se le rajaban. Este torero lleno de lirismos internos, es un perfecto pasota. Pasa de todo, aquello que a él no le gusta hacer. Su autoperfeccionismo le impide abreviar. Con todo, lo mejor de la tarde lo hizo él.

    finito de Córdoba demostrando por qué ocupa el puesto primero en el escalafón taurino Der.:A Tomás no le salieron los toros adecuados. Pero los pases más bellos de la tarde fueron suyos.

    Garibay estuvo mal en su primer toro y estupendamente en su segundo. Moneda de dos caras. Su primer toro tenía múltiples defectos: entraba de forma fea, con la cara arriba, medio atropellando, con poca fijeza y falta de clase. No pudo nunca con él. Su segundo toro tuvo gran nobleza, embistiendo con asiduidad y buen son. No excelente son, pero buen son. Repetía. Garibay es de esos toreros abusivos, que si tienen oportunidad (y ésta fue una gran oportunidad) se comen al toro enterito. Dejando sólo la espina. A lo gato. Sin demasiadas poesías ni florilegios de corte lírico. Con sequedad y mucho mando, que también es una forma bonita y más que aceptable de torear. El toro estuvo todo el tiempo muy toreado. Iba donde él quería. Tras naturales y derechazos alternados en tandas, acabó enroscándose al toro con circulares que es lo que más gusta en los tendidos, para acabar con la estocada de la tarde y las dos orejas y la salida a hombros en compañía de Finito entre el delirio de ese público sufridísimo que es el de Acho.

    La feria toma buen rumbo. Quedan tres estupendas corridas. Toros mejicanos que garantizan diversión. De esta corrida nos queda el recuerdo de la sonrisa abierta como un pasaporte a un futuro promisorio. En la próxima repite Finito, que ya sabemos que saca agua de cualquier pozo seco. Vuelve el Califa, que podrá desquitarse, esta vez con toros mejicanos, de la tarde triste de los "corazoncitos de oro" ex chuquizongos. Porque el Califa es de los toreros punteros de España que torean con enjundia y calidad de la buena. Y viene ese torero novato, que a mí me gusta tantísimo, triunfador de Madrid y de Valencia, que es Rafael de Julia. Que los dioses del Olimpo taurino iluminen esta senda de triunfo abierta en el corazón del aficionado.

     


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