Edición Nº 1696

 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Mal Menor
  •  

     

     

     

    ARTICULO

    15 de noviembre de 2001

    El Riesgo Del Deber
    Altos índices de violencia contra la policía femenina. 274 agredidas y atropelladas por conductores que no respetan ni uniforme ni género.

    Suboficiales PNP Daysi Benavides y Carla Medina, arrolladas por conductores que se resistieron a ser multados.Der.:Suboficial Marlyn Escobedo, un ómnibus se estrelló contra su caseta de tránsito. Fue accidental.

    LA noche del 28 de agosto del 2001 un escuadrón de la Dirección General de Tránsito de la PNP realizaba un operativo vehicular en la avenida Universitaria, distrito de San Martín de Porres, con el fin de multar a los choferes cuyos autos tuvieran desperfectos en el sistema de iluminación.

    A las 7:00 p.m. la suboficial Carla Medina, de 20 años, vio acercarse una combi con los faros delanteros apagados. Tocó el silbato y le hizo señas al chofer para que se estacione a la derecha. Pero en vez de detenerse, éste giró hacia la izquierda y aceleró el paso... hasta que, debido al cambio de luz del semáforo, se vio obligado a parar. La suboficial Medina, a pie, le dio el alcance al chofer y le pidió su licencia y su tarjeta de propiedad.

    -¡No quiero, pues! -dijo el chofer, que no tenia documentos-.

    -Cuando se ponga la luz verde -dijo la policía guardando la calma-, se estaciona a la derecha por favor.

    Luego de dar esta orden, Medina caminó por delante del vehículo para ubicarse al lado derecho y poder apuntar la matrícula. Pero en ese momento el semáforo cambió y el chofer, girando el timón hacia la izquierda, hundió el pie en el acelerador. "¡Cuidado, salvaje!", gritó uno de los pasajeros al ver que la mujer uniformada era atropellada. Los pasajeros observaron atónitos cómo el cuerpo de Medina iba dando vueltas y golpeándose primero contra el frente y luego contra la parte lateral del vehículo, hasta perder el sustento y desplomarse en el suelo.

    "Me levanté inmediatamente, con la intención de perseguir a la combi. Pero al dar el primer paso, sentí que toda la calle iluminada empezaba a darme vueltas alrededor de la cabeza, y volví a caer." -recuerda.

    El índice de maltrato a la policía femenina, encargada del tránsito de Lima, se ha incrementado alarmantemente. De enero a setiembre de este año -informa el general PNP Diego Granda, de la Dirección General de Tránsito-, 16 de cada 100 mujeres policías fueron víctimas de agresiones físicas y atropellos en general, sobre todo causados por choferes que se resisten a ser multados (ver recuadro).

    Han pasado dos meses y la suboficial Medina todavía usa un collarín que le inmoviliza las vértebras cervicales lesionadas en el accidente. Por el lado de los pasajeros-testigos de la fatídica combi, es desesperanzador que ninguno haya avisado a la Policía, lo que demuestra el poco interés en la lucha contra la inseguridad ciudadana.

    El chofer de la combi está siendo procesado por desacato a la autoridad, gracias a que la suboficial pudo apuntar la placa -RIB-064- antes de perder el conocimiento y que el chofer se diera a la fuga.

     

    La agresión a la suboficial Verónica Iriarte -que aquí interpreta con el actor Miguel Delgado- es un signo de la falta de respeto a la autoridad. Sin principio de autoridad, imperarían el desorden y el caos.

    El 7 de noviembre del 2001 la suboficial Lucy Fernández, de 22 años, se encontraba tocando el silbato y haciendo malabares para descongestionar un atracón de combis en el paradero del Puente Trujillo, en la Vía de Evitamiento.

    A las 9:00 p.m. Fernández le hizo señas a un chofer para que no se estacionara a recoger pasajeros y siguiera su rumbo. Como respuesta, el tipo se encogió de hombros, estacionó la combi y esperó a que el cobrador llenara el vehículo de pasajeros.

    "El chofer tenía 21 años, aspecto desaliñado y desaseado, y no tenía documentos; el cobrador tenía 24 años y portaba un DNI que no le pertenecía" -dice. Así que, conforme manda el reglamento, la suboficial desalojó el vehículo y, una vez vacío, se subió y ordenó al chofer conducir hasta la comisaría más cercana, que quedaba en el Rímac.

    Los siguientes fueron momentos de angustia, porque el sujeto al volante se pasó de largo el Puente Huánuco, que era por donde tenía que entrar para ir a la comisaría, y en cambio entró a una trocha oscura y rodeada de cerros.

    -Le dije que subiera en el puente Huánuco, ¿adónde va?

    -Ya vas a ver adónde te voy a llevar y qué es lo que te voy a hacer, mamita.

     

    Víctimas de conductores iracundos. Suboficial PNP Estela Valdez, arrastrada por una combi que se dio a la fuga. Al lado: Lucy Fernández, secuestrada en una combi por sancionar al chofer.

    El chofer aumentaba la velocidad y las amenazas: "Ya vas a ver, mamita, ya vas a ver...". El cobrador iba en silencio. La policía había logrado enviar un pedido de auxilio a través de la radio, antes de que ésta dejara de funcionar por la interferencia de los cerros.

    Fernández pensó en la posibilidad de utilizar su arma. Pero en ese momento, el chofer hizo otro giro inesperado y apareció nuevamente en la carretera iluminada, a pocos metros del peaje Ramiro Prialé. En el momento en que el chofer detuvo totalmente la marcha, y se disponía a pagar el peaje, la suboficial sacó la cabeza por la ventana y pidió auxilio.

    Un comandante PNP, que había interceptado el llamado radial, detuvo al chofer y al cobrador, y logró liberar a la suboficial Fernández de sus secuestradores.

    Son 1,700 las mujeres policías encargadas de desenredar el tráfico de Lima. La labor es complicada por un sistema de semáforos obsoletos y un excesivo parque automotor de 780,000 vehículos. Por tanto, el general Granda hace un llamado para que sobre todo los irascibles choferes de combi, guarden el máximo respeto y acaten las directivas de la policía femenina a fin de que todos puedan llegar temprano a sus trabajos y hogares .

    El 24 de agosto, a las 5:30 a.m., en el trébol de la avenida Javier Prado, la suboficial de la Patrulla Motorizada, Verónica Iriarte, de 21 años, vio la siguiente escena: Una policía había detenido a una combi que estaba haciendo cola en un paradero informal. Cada vez que ésta se acercaba a la ventana del chofer, éste aceleraba y la dejaba atrás. Iriarte arrancó su motocicleta Harley-Davidson y, en cuestión de segundos, alcanzó al infractor.

    -¡Ya pues, toma la placa y vete a la mierda -le dijo- porque yo tengo que seguir trabajando!

    Acto seguido, el irritado chofer puso primera y de un empellón la sacó del camino. Pero lejos de acobardarse, la mujer policía se levantó, se subió a la moto y, unas cuadras más adelante, obligó a la combi a detenerse.

    Esta vez, ante las negativas del chofer, la suboficial abrió la puerta, metió la mano e intentó sacar las llaves del contacto. El chofer se lo impidió y, con la puerta abierta, aceleró el auto. Ahora la combi estaba en marcha, con la policía prendida del cuello del chofer y con el chofer golpeándola en el rostro, tratando de sacársela de encima.

    Metros más adelante, la suboficial se dio cuenta que el chofer encaminaba el vehículo hacia una pared, con la supuesta intención de restregarla contra ella. Así que se impulsó hacia atrás y cayó de espaldas, rodando algunos metros en el asfalto.

    Luego de recuperar su moto, la persecución continuó hasta que la combi se estrelló contra las rejas de un condominio, ubicado en una de las bocacalles de la Javier Prado.

    Pero ahí no termina la historia. El chofer se bajó con la frente ensangrentada, producto del impacto, y empezó a correr para darse a la fuga. Iriarte, que ya se había convertido en la peor pesadilla de ese cretino, corrió tras él y lo tomó por la espalda. Pero el fugitivo volteó y le propinó una trompada que la dejó semiinconsciente y sangrando.

    En ese momento, la calle se llenó de patrulleros y el agresor fue detenido y conducido con esposas a la comisaría. Se había logrado -por fin- el propósito inicial de la valerosa suboficial Iriarte: hacer cumplir la ley.

    Isabel Rosas, abogada de Demus, explica esta conducta como una reproducción de la generalizada violencia social en contra de la mujer. "Así esté uniformada y armada -dice- la mujer sigue siendo para algunos hombres un ser subordinado sobre el cual se siente con derecho a ejercer la violencia".

    La suboficial Iriarte fue conducida al médico legista, que comprobó contusiones graves en la cadera, pierna y rodilla derecha, labio roto y mandíbula desencajada. Sin embargo, luego de unos días de reposo, regresó a tratar de componer en algo el caótico tránsito de Lima, sabiendo que podría ser nuevamente atropellada en el intento. Son los riesgos de ser policía y mujer a la vez.(Gastón Agurto).

     


    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Bienes y Servicios | Controversias | Lugar Común | China te Cuenta Que... |
    Piedra de Toque |Mal Menor

    Siguiente artículo...

     

       

       
    Pagina Principal