Edición Nº 1694

 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Mal Menor
  •  

     

     

     

    ARTICULO

    31 de octubre de 2001

    La Transnacional del Terrorismo Suicida
    Severa legislación antiterrorista en los EE.UU. busca combatir con amenaza que no distingue de países, víctimas ni asesinos.

    Asesinato de terroristas rompe con regla establecida luego de Vietnam.

    UN artículo publicado en el New York Times, escrito por Joseph Lelyveld* ofrece aspectos nuevos y tenebrosos de lo que parece estar convirtiéndose en una tendencia colectiva en ciertos sectores islámicos: el terrorismo suicida.

    "No todos los hombres-bomba son iguales", advierte Lelyveld después de realizar numerosas entrevistas en la franja de Gaza, Cairo y en el barrio árabe de Hamburgo, pero el culto al suicidio "heroico" está creciendo.

    Así, el método de autoaniquilamiento ya no es sólo una táctica desesperada sino un arma de destrucción masiva.

    Datos del terror:

    En el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York murieron más civiles que en los 50 años del conflicto palestino-israelí -sumando isralíes y palestinos.

    En la franja de Gaza, mientras tanto, el 78 % de la población apoya el terrorismo suicida y celebra los acontecimientos del 11 de setiembre.

    Cada vez que muere un hombre-bomba aparece un obituario en la prensa palestina -incluyendo el diario Al-Hayat Al-Jadida que controla Arafat- que anuncia "el Matrimonio de XX con el Paraíso Eterno de los Ojos Negros" (en alusión a las 72 vírgenes prometidas a los mártires).

    Según los académicos islámicos, los textos sagrados condenan explícitamente el suicidio y la matanza de inocentes, pero debaten sobre la definición de un mártir. Y para no pocos musulmanes un mártir hoy en día es alguien que se inmole matando a israelíes y a sus "aliados" -sean éstos militares o civiles, hombres, mujeres o niños.

    La verdad es, sin embargo, que durante mucho tiempo los musulmanes se vienen liquidando entre sí, y no sólo en la guerra civil de Afganistán:

    Palestino enmascarado a usanza de terroristas suicidas protesta en Ramallah contra EE.UU. e Ireal

    Detalles:

    El uso deliberado del suicidio heroico se inició en la guerra Irán-Iraq, en la que los shiítas fundamentalistas iraníes enviaban a miles de adolescentes a morir como barreminas en el frente. Se les daba una llave para colgar en el cuello -la llave del paraíso prometido.

    La práctica pasó a los musulmanes sunnitas, tanto en Líbano en 1983, en ataques a un cuartel donde murieron centenares de marines, como en Palestina y la Península Arábiga. Después a Egipto, Argelia, Marruecos y Kenya, cuyos nacionales formaron el equipo de secuestradores de aviones que generó la hecatombe del 11 de setiembre. Es decir, la transnacional de terroristas suicidas.

    Las motivaciones de los terroristas suicidas pueden encontrarse quizás en ciertos asesinos religiosos no árabes, como Baruch Goldstein, un médico norteamericano que ametralló a 29 musulmanes en una mezquita en Hebrón, o Yigal Amir, el asesino israelí del propio primer ministro Yitzhak Rabin. Pero en el caso de los árabes éste ya no es un fenómeno psicológico personal, sino un fenómeno organizativo de reclutamiento y captación en el que se convierte a seres humanos en armas mortíferas.

    Se han dado y dan, por cierto, otros casos del uso sistemático de suicidas bélicos. En la batalla de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial, 1,000 kamikazes japoneses estrellaron sus aviones contra barcos norteamericanos provocando la muerte de unos 5,000 marineros.

    Los Tigres Negros de la minoría secesionista tamil de Sri Lanka recurre a este procedimiento y se dice que nadie como su líder, Vellupillar Prabhakaran, ha montado tantas misiones suicidas. De hecho, el primer ministro de la India, Rajiv Gandhi, murió despedazado en 1991 al recibir un ramo del flores de una mujer-bomba tamil.

    Otra versión del suicidio como inmolación política se dio en 1981, cuando un preso del IRA, Bobby Sands, sostuvo una huelga de hambre hasta morir en una cárcel de Irlanda del Norte -y fue seguido por nueve de sus camaradas.

    Demostraciones como ésta, en las que miembros del Fatah (movimiento de Yasser Arafat) desfilan con ex plosivos falsos amarrados, son frecuentes en Gaza.

    ¿Cómo pueden los norteamericanos combatir el terrorismo sin crear toda una nueva generación de hombres-bomba?, preguntó Lelyveld a un funcionario de seguridad israelí. "No pueden", contestó éste. "Ya en estos días no tienen ningún problema en reclutar suicidas. Por cada suicida que enrolan, tienen 5, 7, 10 voluntarios". Como una de las medidas para combatir al enemigo invisible, la nueva legislación norteamericana autoriza a detener sin pruebas a sospechosos de terrorismo en territorio estadounidense hasta por un máximo de siete días. Además, la administración Bush autorizó a la CIA para llevar a cabo operaciones de eliminación de terroristas, una política que había sido oficialmente eliminada luego de la guerra de Vietnam.

    En el Egipto controlado férreamente por Hosni Mubarak se repite la teoría de una conspiración sionista: 4,000 judíos habrían sido advertidos que no se acercaran a las Torres Gemelas en Nueva York ese 11 de setiembre y simultáneamente el Mossad, el legendario servicio de Inteligencia, avisó a un equipo de filmación de Israel para que registrara el choque de los aviones. No se ofrecen indicios factuales.

    Mientras tanto, Mohamed Atta, el estudiante de urbanismo que posiblemente encabezó el equipo de suicidas, era egipcio, y los líderes de Al-Qaeda más cercanos a Osama bin Laden también lo son: Aymar al Zawahiri, el fundador de la Yijad Islámica Egipcia, y el ex policía Muhammad Atef. Sucede que en las cárceles de Egipto quedan 15,000 extremistas después de que el régimen ejecutara a varias decenas más. En Egipto fue que militares fundamentalistas islámicos asesinaron al Presidente Anwar al-Sadat en 1981 por firmar un acuerdo de paz con Israel.

    En Harburg, el barrio árabe de Hamburgo, Alemania, fue donde Lelyveld dice haber encontrado algunas de las expresiones más chocantes del radicalismo. Después de una discusión en una mezquita salió a la calle y allí lo esperaban unos cincuenta jóvenes silenciosos. Permanecieron así hasta que un adolescente se le acercó burlonamente y le puso un teléfono celular frente a la cara. Apretó un botón y en la pantalla apareció la figura de bin Landen. Apretó otro botón y Osama desapareció para ser reemplazado por las Torres Gemelas. Contra ellas se estrellaban una y otra vez diminutos aviones mientras los espectadores ahora reían.

    __________
    * Joseph Lelyveld es un veterano de 40 años de The New York Times como redactor y editor, y ha estado en el Perú más de una vez.


    Muerte en el Templo
    Fanatismo musulmán llega a las iglesias cristianas en Pakistán. Un sacerdote católico había advertido sobre la tragedia del lunes 29.

    El lunes 29, un grupo armado, presuntamente fundamentalista islámico, irrumpió en la iglesia católica de la ciudad paquistaní de Bahawalpur y mató a 17 fieles. Un mes antes, en Suiza, un sacerdote paquistaní, había conversado con nuestro corresponsal en Europa, Ramiro Escobar, y le había mostrado su temor ante una posible tragedia.

    Jóvenes católicos paquistaníes blandiendo la imagen del padre John Joseph como estandarte.

    HACE poco más de un mes, en los pasillos de la Universidad de Friburgo (Suiza) y durante el Congreso de la Unión Católica International de Prensa, me topé con tres personajes que llamaron mi atención. Tenían una piel muy oscura (pero no el pelo rizado como los negros africanos), hablaban un idioma extrañísimo y uno de ellos llevaba esa especie de cuello blanco típico de los curas. Inayat Bernard, Nadeem Francis y Khalid Rashid -el cura- eran católicos paquistaníes.

    Entonces el ataque contra Afganistán era inminente, y los problemas en Pakistán también, de modo que me enfrasqué con Rashid en una conversación en inglés, que tuvo que contar con la ayuda de Dios para llegar a buen puerto. Con un acento también extrañísimo y agitando un pasquín de papel rosado, en el que se veía la borrosa foto de un obispo, este cura barbudo intentaba explicarme lo que en 1998 había pasado con el "bishop John Joseph". La historia parecía increíble. El 6 de mayo de 1998, ante el tribunal que lo juzgaba por supuesta blasfemia, John Joseph, obispo de Faisalabad (diócesis paquistaní), se había inmolado metiéndose un tiro, según Rashid para detener la opresión que sufrían las minorías religiosas del país. El pasado lunes 29 de octubre, con la noticia del asesinato de 17 cristianos en una iglesia de la ciudad de Bahawalpur, evoqué el relato. Y me pareció de una triste coherencia.

    Los cristianos de toda denominación sobrepasan apenas el uno por ciento de la población paquistaní. Como son tan pocos, practican un natural ecumenismo, lo que explica que los muertos del lunes sean protestantes, a pesar de que la masacre se produjo en una iglesia católica. El padre Safraz Simon, según han informado las agencias, prestaba su templo a las diversas confesiones, y a distintas horas, sin importarle el tipo de rito con que recordaran al carpintero de Nazareth.

    A quienes sí parecía importarles lo que allí pasaba era a ciertos grupos fundamentalistas islámicos, que desde que se inició el ataque a Afganistán pusieron en la mira a estos creyentes, acaso porque la lucha era contra la civilización occidental y "cristiana". Los asistentes al templo del padre Simon lo sabían, al punto que pidieron protección policial. El mismo día del ataque había dos efectivos del orden en la puerta, uno de los cuales también murió.

    El mismo Rashid, aquella vez en Suiza, declaró para la agencia de noticias católicas APIC, que si Bush atacaba Afganistán ellos (los cristianos) "pagarían un alto precio". Solicitó además que se reactivara el diálogo entre cristianos y musulmanes, una de las causas por las que batallaba el difunto obispo John Joseph, considerado por ellos casi como un monseñor Romero paquistaní.

    Este acto de feroz intolerancia interreligiosa se puede explicar por el clima generado a raíz del ataque norteamericano a Afganistán, considerado impío por los musulmanes extremistas. Pero también tiene algunos antecedentes. Zia ul Haq, un predecesor del actual gobernante paquistaní, general Pervez Musharraf, dictó en 1986 unas draconianas leyes que sancionaban a quienes blasfemaran contra el Islam.

    Como era lógico, una norma de ese talante servía de coladera para arbitrariedades de todo tipo y la minoría cristiana fue la que llevó la peor parte. El obispo John Joseph fue, justamente, uno de los tantos que fueron llevados ante los tribunales por supuestamente blasfemar contra el Corán. Prefirió quitarse la vida él mismo, delante de sus acusadores, en un acto que, literalmente, sólo el Cielo podría juzgar.

    No es exacto entonces, como dijo Musharraf luego del atentado del lunes, que "los cristianos y musulmanes siempre han vivido en paz en Pakistán". En el Medio Oriente, el odio interreligioso es, básicamente, entre judíos y musulmanes (en el Líbano, e incluso en Palestina, cristianos y musulmanes conviven sin mayor problema), pero en Pakistán la situación es diferente. En los últimos años hubo muchas tensiones, sobre todo a partir de las leyes antiblasfemia.

    El Papa Juan Pablo II ha condenado enérgicamente el asunto, poniendo quizás en salmuera la discreción con que el Vaticano había hablado sobre esta guerra un poco ciega contra Afganistán. Ahora se ve que la espiral de las armas puede afectar a moros y cristianos, a civiles y militares, a protestantes y católicos, a cooperantes y testigos. Roma tal vez examine su posición sobre el conflicto. A Rashid, mientras, espero que por lo menos lo proteja el Espíritu Santo (Ramiro Escobar).


    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Bienes y Servicios | Controversias | Lugar Común | China te Cuenta Que... |
    Piedra de Toque |Mal Menor

    Siguiente artículo...

     

       

       
    Pagina Principal