Edición Nº 1694

 

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    ARTICULO

    31 de octubre de 2001

    Bosque de Lamentos
    El bosque `Señor de Huamantanga' se queda sin árboles. Eso afecta al río Amojú, único suministro del distrito de Jaén, que se ha empezado a quedar sin agua.

    El romerillo, un árbol prehistórico que tiene la función de transformar la humedad de la atmósfera en el agua que alimenta los ríos, está siendo talado y quemado indiscriminadamente en el bosque húmedo `Señor de Huamantanga', Jaén, Cajamarca. No se sabe a cuánto asciende la destrucción, pero a causa de ésta el caudal del río Amojú ha disminuido 2,800 l/s. en los últimos treinta años. Ahora podría secarse.

    El romerillo, árbol peruano del período jurásico, está siendo talado masivamente en Cajamarca. D erecha: "El Estado no protege": Francisco Muguiro.

    AL río que atraviesa el distrito de Jaén, provincia de Jaén, departamento de Cajamarca, los pobladores indígenas le llamaron Amojú, un vocablo huambisa que significa "el que baja torrentoso, bullanguero". Sin embargo, hoy, del estrépito que ocasionaba la corriente de agua al descender desde su origen, en la selva alta, sólo queda un rumor. En 1970 el caudal del río era de 3,500 litros/seg; en el 2001, es de 700 litros/seg. "El río Amojú está agonizando" -dice Antonio Paisic, de 45 años, un comerciante que vive desde hace 18 años en una de las riberas-, "es como una serpiente que se seca lentamente bajo el sol".

    El río Amojú es la principal fuente de subsistencia y la mayor esperanza para el desarrollo de la ciudad de Jaén, de 60,000 habitantes, y otros poblados menores del noreste del Perú. Sólo en Jaén se consume diariamente 250,000 litros de agua suministrados por este río. Además, es fuente de pesca, riego y de generación de energía eléctrica. Lamentablemente, estos bienes no son retribuidos por los pobladores de Jaén que, según estudios de la ONG Solidaridad y Desarrollo, arrojan al río diariamente 14 toneladas de heces, 7 toneladas de basura y cientos de litros de desechos no degradables, como lubricantes y aceites.

    Los niños se bañan en el río y utilizan medias, a manera de guantes, para atrapar peces comestibles que se esconden bajo las piedras. Pero por falta de educación temprana, también contribuyen a la contaminación.

    Julián, de 13 años, sale de la parte trasera de su vivienda, que da al río, con un balde conteniendo vísceras de cuyes, para arrojarlas a las aguas. Inmediatamente, se aglomera alrededor del niño -para disputarse pico a pico los desperdicios- una bandada de gallinazos que ocioseaban sobre las piedras.

    Intentamos darle a Julián una pedagogía ecológica, pero fue en vano.

    -"¿No sabes que estás ensuciando el río?"

    -"No, porque las tripas se la comen los gallinazos".

    -"Pero también he visto que arrojas basura"...

    -"Sí, pero eso se lo lleva el río a otro lado".

    Parece que Julián no se ha preguntado por qué en los últimos años las orillas del río se han llenado de gallinazos. Tal vez cuando él nació, los gallinazos ya estaban allí y por eso ahora los considera parte indiscutible del paisaje. En todo caso, nos despedimos advirtiéndole que esas aves siempre son de mal agüero.

    En treinta años el Amojú, fuente de agua doméstica, para agricultura y energía eléctrica, ha disminuido dramáticamente su caudal. Der:.Entre los escombros, Francisco Muguiro, de Radio Marañón, y Félix Delgado, del VIMA.

    OH, SEÑOR DE HUAMANTANGA

    Según el ingeniero Félix Delgado, asesor técnico de la Vicaría del Medio Ambiente (VIMA), de continuar la progresión anual de pérdida de agua registrada de 1970 al 2000, es decir de 93.3 l/s, el río Amojú podría quedarse sin agua en menos de diez años. "A falta de agua, comida y luz eléctrica los pobladores de la zona, cual desplazados, tendrían que abandonar sus casas y emprender el éxodo hacia las riberas del río Marañón, del cual el Amojú es afluente" -pronostica Delgado.

    Pero, ¿por qué está quedando sin agua el río Amojú? Según los especialistas, la dramática disminución del caudal del río es consecuencia de la destrucción del lugar que origina el río: el bosque húmedo `Señor de Huamantanga', ubicado en el noreste de Jaén, en unas montañas de 1,800 m.s.n.m.

    El bosque `Señor de Huamantanga' habitat del "gallito de las rocas", el oso de anteojos y el tapir de altura, tres especies en peligro de extención, está compuesto por cerros poblados de Romerillo (Podocarpus glomeratus), un árbol que crece naturalmente en las montañas de la vertiente oriental de los Andes peruanos. Tiene la apariencia de un pino, pero su tronco es de 2 m de diámetro y 40 m de altura. Es apetecido por la excelente calidad de su madera y su origen se remonta al período jurásico, hecho por el cual es considerada por los científicos como una rarísima planta prehistórica. Un romerillo de 500 años, es un romerillo joven; y uno de 700, recién está empezando la adultez.

    El bosque `Señor de Huamantanga' es un bosque de neblina o, como dicen los pobladores de la zona, un bosque `atrapanieblas'. Lo llaman así por su capacidad de capturar el vapor de agua de la atmósfera y conducirlo en forma de agua hacia los manantiales que alimentan permanentemente el río Amojú. Los ecologistas de la zona explican este deslumbrante proceso.

    Los troncos y las ramas del romerillo están invadidos por un musgo colgante que le da un aspecto fantasmal, pero que sirve para retener la humedad de las montañas. Esa humedad, en forma de gotas, cae permanentemente al suelo del bosque. El agua se filtra hacia los acuíferos -ríos y lagos- subterráneos, a través de la tierra y a través de una suerte de tuberías formadas por las raíces de los árboles muertos. Luego, la presión subterránea hace que los acuíferos busquen una salida hacia el exterior en forma de chorros. Así se explican los frecuentes manantiales que aparecen entre las rocas y que alimentan a algunos ríos desde sus inicios. Así nace el río Amojú.

    Para ver cómo lo están matando, fuimos a visitar el bosque de neblina `Señor de Huamantanga' y el vecino Santuario Nacional `Tabaconas-Namballe', que tiene esta categoría porque en 1988 era lo único -29,500 hectáreas- que quedaba virgen. Nuestro guía fue el padre jesuita Francisco Muguiro, director de Radio Marañón, dedicada desde hace 25 años, entre otros temas, a la defensa y promoción del medio ambiente de la región. En el camino, que queda a cinco horas en camioneta de la ciudad de Jaén, aparecían, entre la exuberancia del bosque supuestamente intangible, grandes áreas deforestadas y largas humaredas en lo alto de las montañas, señal de que estaban quemando el bosque.

    El río nace en los bosques de neblina. Derecha: Luego de la quema de árboles, la regeneración del suelo se hace casi imposible.

    Luego regresamos a la ciudad de Jaén. Parado en uno de los puentes por los que pasa el río, Muguiro reflexionó a media voz: "Antes le llamaban Amojú, ahora le han empezado a llamar quebrada, después le llamarán acequia y después nada".

    MONTAÑAS, VOLCANES

    Se calcula que el 60 % de la población de Jaén contribuye a la deforestación de este bosque. Algunos campesinos han cambiado sus arados por las motosierras y se han convertido en pequeños extractores de madera y principales abastecedores de los grandes aserraderos. El romerillo, un árbol prehistórico que deslumbra a los científicos, suele terminar en estos casos convertido en un ropero, en una cama o en una mesa de noche.

    Sin embargo, el peor daño al bosque lo ocasiona un ejército de agricultores mediante otro método de deforestación: la quema, que tiene como fin despejar grandes áreas que luego son utilizadas con fines agrícolas. El problema es que las tierras, fruto del fuego, tienen apenas cinco años de vida fértil. Después de ese tiempo, los campesinos las abandonan para volver a habilitar, mediante otra quema, un nuevo terreno. Tan frecuente es la quema, que las montañas -por el humo que arrojan- ya parecen volcanes. A causa del humo y las cenizas -cuentan funcionarios del sector Salud-muchos pobladores de Jaén están presentando problemas respiratorios y dermatológicos.

    Alguien tiene que apagar este fuego, antes que se incendie toda la pradera y ya no haya nada que hacer. Ni siquiera ir a llorar al río, porque ya no habrá río. (Gastón Agurto).

     


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