Edición Nº 1694

 

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    ARTICULO

    31 de octubre de 2001

    Barril de Pólvora
    EE.UU. es el principal proveedor de armas en el mundo, y los países subdesarrollados, particularmente los del Oriente, son sus principales clientes.

    Arabia Saudita acaba de comprar flota de 120 F-16.

    LA guerra ha estallado donde más se temía: en el Oriente. La carga religiosa del conflicto y la magnitud de los arsenales con los que cuentan los países en la región hacen que el riesgo de una escalada bélica internacional no sólo sea alto, sino peligrosísimo. De acuerdo a un último informe del Congreso de EE.UU. -"Transferencia de Armas Convencionales a Naciones en Desarrollo, 1993-2000"-, publicado en agosto, sólo entre 1997 y el año 2000 los países del cercano Oriente (Israel, Egipto, Irán, Irak, Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos, entre otros) adquirieron US$ 38,300 millones en armas, representando el 14 % de la venta total de armas en el mundo.

    En ese mismo período, los países de Asia adquirieron US$ 30,400 millones, diez veces más que las compras bélicas de Latinoamérica en su conjunto, estimadas en US$ 3,400 millones (ver cuadro). En suma, el entorno de Afganistán es un verdadero barril de pólvora.

    Irónicamente, el principal proveedor de armas fue el propio Estados Unidos. Sólo en el año 2000 se cerraron contratos para la compra de armas a nivel mundial por US$ 36,900 millones, indica el informe, un 8 % de incremento con respecto al año previo, y el tercer año consecutivo en que aumentan las ventas. Estados Unidos se consolidó como el principal abastecedor de armas con US$ 18,600 millones (50.4 % de los contratos cerrados), y muy por encima que los 12,900 millones de 1999. Rusia está segundo con US$ 7,700 millones, y Francia tercero, con US$ 4,100 millones.

    El 68 % de las armas el año pasado fue adquirido por países en vías de desarrollo. No importaron la magnitud de su pobreza o las dimensiones geográficas del país: la empobrecida India destinó 3,000 millones para adquirir 140 cazabombarderos SU-30MKI, 310 tanques T-90; e Israel, US$ 5 mil millones. El caso de Arabia Saudita, es inaudito: en los últimos tres años adquirió US$ 24,500 millones en armas, constituyéndose en el principal comprador en la década del '90.

    Entre 1997 y el 2000, la Unión de Emiratos Arabes superó a Arabia Saudita, cerrando tratos para adquirir US$ 14 mil millones en armas. "A pesar de los cambios en el mundo con el fin de la Guerra Fría, los países en desarrollo siguen siendo el principal foco de la actividad por parte de los abastecedores de armas convencionales", sostiene el informe.

    La contradicción que implica proclamar relaciones pacíficas internacionales mientras se permite a los proveedores continuar armando al mundo, no pasa inadvertida para grupos de derechos humanos.


    No sólo Poder de Fuego
    Riesgo de Apocalipsis en una guerra que puede ser sin límites.

    APARTE de suministro de armas a países en regiones explosivas, Washington ha abastecido movimientos armados no formales. Ejemplar es lo ocurrido con los afganos que se enfrentaron a los soviéticos entre 1980 y 1992. Se calcula que Estados Unidos invirtió allí entre cuatro y cinco mil millones de dólares.

    Los rusos, por su parte, gastaron alrededor de cinco mil millones de dólares anuales en esos doce años, en total, unos 45 mil millones de dólares, que perdieron en su totalidad y que no les impidieron retirarse, vencidos por los rebeldes afganos.

    El mapa de las armas que arriba presentamos podría ser también la geografía de la desigualdad económica. Afganistán tiene un ingreso por habitante de sólo 800 dólares. En el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, ocupa el lugar 169. Eso, de un total de 174 países evaluados.

    En esa región de pobreza extrema se libra la guerra entre la alta tecnología militar y las armas ligeras pero efectivas de que disponen los afganos. La ironía de la historia quiere que Estados Unidos pruebe ahora el poder de estas últimas.

    Uno de los temas que empiezan a suscitar debate en los propios Estados Unidos, y más aún en Europa Occidental, es el de la estrategia. A ambos lados del Atlántico hay analistas que creen que bin Laden está ganando la otra guerra: la de la propaganda.

    The Washington Post publicó días atrás un análisis de Michael Dobbs que recordaba esta idea de Brian Jenkins, especialista en terrorismo que trabaja para la Rand Corporation: "el terrorismo no es otra cosa que una forma sumamente sanguinaria de propaganda". "Para combatirlo es necesario no sólo poseer una potencia de fuego superior a la de los terroristas, sino estar más movilizado que ellos".

    Dobbs precisa que algunos expertos se muestran inquietos por la habilidad con que bin Laden ha sacado partido del profundo antiamericanismo del mundo árabe. "Con talento de político occidental ha afinado y ampliado él su mensaje, centrándolo primero casi exclusivamente sobre la `ocupación' estadounidense de Arabia Saudita, para insistir luego sobre los sufrimientos infligidos a los palestinos por los israelíes".

    Bin Laden está manipulando sentimientos y resentimientos que están más allá de las armas y el comercio de éstas. Occidente parece empezar a entender que el barril de pólvora puede estallar en su contra si no acompaña la acción de las armas con las propuestas de la política. Las recientes concesiones a los palestinos, logradas bajo presión de Estados Unidos, pueden ser un paso en la buena dirección.

     


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