Edición Nº 1686

 

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    ARTICULO

    6 de setiembre de 2001

    Alerta Hemisférica
    La próxima semana en Lima la OEA trazará nuevos y más severos parámetros para prevenir y reaccionar ante amenazas contra la democracia en el continente.

    El régimen de Alberto Fujimori demostró a lo largo de la década de los '90 que el golpe de Estado no era la única amenaza posible contra la democracia, sino que hay otras formas, acaso más sibilinas, de pervertir el orden constitucional. Esta lamentable experiencia puso en evidencia la debilidad del sistema interamericano de naciones para reaccionar ante un caso evidente de abuso del poder. La Carta Democrática Interamericana, que el próximo martes 11 se suscribirá en el marco de la XXXII Asamblea General de la OEA, se erige así como un faro contra futuras amenazas a la democracia en el hemisferio, y revitaliza su capacidad para actuar frente a casos similares.

    Entrevista MARCO ZILERI

    SABADO en la mañana. El canciller Diego García Sayán revisa la última versión de la Carta Democrática Interamericana que cuatro meses atrás su antecesor, el embajador Javier Pérez de Cuéllar, puso a consideración de la OEA. Se trata de decimoctava versión de la Carta. Y, al cierre de la presente edición, presuntamente la definitiva. El documento debe ser suscrito el próximo martes 11, en el marco de la XXXII Asamblea General de la OEA, que se celebrará en Lima, por los cancilleres de 34 naciones americanas. Sobre los alcances reales -y punitivos- del nuevo instrumento democrático habla García Sayán.

    -¿Confía Ud. en que en la próxima Asamblea General de la OEA en Lima se vaya a suscribir la Carta Democrática Interamericana?

    -La idea general de un instrumento que reafirme los principios democráticos y los derechos humanos y, en especial, que establezca un mecanismo de prevención y de respuesta cuando se dieran amenazas concretas a la democracia ha sido aceptada en la Asamblea General ordinaria que se llevó a cabo en Costa Rica en junio último.

    -Sin embargo, las objeciones del gobierno venezolano han sido públicas y notorias.

    -Eso ya se ha allanado. No sólo el representante de Venezuela en el Consejo Permamente de la OEA ha participado muy productivamente, sino el propio canciller Dávila la semana pasada expresó su compromiso con el texto de la Carta Democrática. Lo que no excluye que vayan a haber -y ojalá los haya- debates políticos dentro del contexto de la Asamblea General en Lima.

    García Sayán: "No creo que un Fujimori pueda repetirse". Derecha; 1992, Washington. La OEA condenó el autogolpe de Estado de Fujimori, pero luego lo dejó hacer.

    -Venezuela planteaba una objeción de fondo: el concepto de democracia participativa en lugar de democracia representativa. ¿Cómo se superó el impase?

    -La Carta reafirma el principio de la democracia representativa, pero se señala, a su vez, que este mecanismo debe ser fortalecido con mecanismos de participación de la ciudadanía.

    -La Carta ha sufrido hasta el momento más de una docena de adendas. ¿Cuánto de la Carta original queda? ¿Cuántos dientes ha perdido?

    -Creo que queda lo mejor. El documento ha sido sometido a un proceso de consulta sin precedentes. El resultado es una definición de las amenazas al ordenamiento institucional suficientemente comprensivo. Si nos retrotrajéramos a lo que ocurrió en el Perú con Fujimori, muchas de dichas transgresiones están perfectamente incluidas dentro de la definición.

    -¿Cuál será el aporte de la Carta Democrática respecto al resto de instrumentos y compromisos ya asumidos por los países miembros de la OEA?

    -El protocolo de Washington tiene la limitación de que está referido sólo a las respuestas frente a los golpes de Estado, pero no contempla los casos de regímenes que se quieran perpetuar en el poder a través de un sistema de elecciones fraudulento. Si bien el caso del Perú no fue el único, fue el que más claramente demostró que las democracias pueden pervertirse desde adentro a través de procedimientos revestidos de constitucionalidad y legalismo. Para esa situación, que a todas luces parecía ser la tendencia en Amérca Latina -más que los golpes de Estado-, la Carta surge como un mecanismo sustantivo en la reafirmación de la democracia.

    -Aún así, la OEA fue duramente cuestionada por su falta de rigor para condenar el autogolpe del 5 de abril de 1992 en cumplimiento de los compromisos democráticos asumidos.

    -La experiencia del fujimorismo puso de manifiesto la debilidad de la reacción del sistema interamericano. A su vez, yo me atrevería a decir que, la casi connivencia que se produjo en 1992 por parte del sistema interamericano fue, a la larga, lo que le facilitó mucho las cosas al fujimorismo.

    -Ud. mismo, a su vez, fue muy crítico en Windsor, Canadá, de la decisión asumida frente al fraude de la primera vuelta en el 2000.

    -Hubiéramos deseado una condena explícita y directa, pero al final quedó demostrado que la Mesa de Diálogo metió en los engranajes del autoritarismo fujimorista una barreta de fierro absolutamente crucial. Permitió no sólo un `aterrizaje' suave de la crisis, que es más o menos evidente y elogiado por todo el mundo, sino que sentó un precedente importantísimo para demostrar que los procedimientos de reacción frente a las amenazas de la democracia tenían que ser innovados y enriquecidos.

    Secretario de Estado de EE.UU. Colin Powell estará en Lima. Derecha, la dupla milagrosa: Lloyd Axworthy de Canadá y César Gaviria de la OEA.

    -¿Qué lo hace creer que esa latitud de la cual gozó Fujimori no se vuelva a repetir?

    -Indudablemente, en la medida en que se avanza en las definiciones, y en lo que podríamos llamar `tipificaciones' de las amenazas evidentes a la democracia, se va a estrechar la discrecionalidad política en la que eventualmente el sistema se puede hacer de la vista gorda.

    -En caso de suscribirse la Carta descarta Ud. la posibilidad de nuevos Fujimoris en el continente.

    -No quiero magnificar el papel de la Carta porque hay procesos políticos internos en los países que pueden tener per se suficiente fuerza como para marchar en un sentido autoritario, y eso puede imponerse. Pero, en principio, ésa debería llevar a una acción del sistema. Si bien no hay aquí un elemento coactivo en términos de suspensión de créditos o intervención de tropas, una suspensión de los derechos del país sancionado en la OEA genera una suerte de estigma. En el siglo XXI tener ese estigma puede resultar absolutamente fulminante.

    -¿Por qué?

    -La democracia y el respeto de derechos humanos es hoy un ingrediente insoslayable de la globalización. No podemos hoy disociar, como hizo Fujimori: `nos abrimos al mundo en términos comerciales, pero el tema de la democracia es otro tema'. Cada día es más claro y explícito que la integración al interior de la Comunidad Andina de Naciones hasta el Area de Libre Comercio de Las Américas (ALCA) presupone la existencia de la democracia en los respectivos países.

    -En la Cumbre de Río, dos semanas atrás, el presidente de Chile, Ricardo Lagos, habló de la imperiosa necesidad que tienen las democracias latinoamericanas de proveer resultados sociales y económicos.

    -Ese es uno de los grandes problemas. Si la ciudadanía ve debilitada su seguridad cotidiana, por el crimen y el desorden. O más grave aún, si el ordenamiento democrático no es capaz de atender gradualmente las necesidades sociales de educación, alimentación y empleo, ello erosiona el ordenamiento democrático y abre la posibilidad de respuestas autoritarias que encuentren sustento o respaldo de la población.

    1995. Fujimori con Ricardo Nugent del TC, atornillándose. Derecha; Canciller Dávila de Venezuela, pasó por el aro.

    -De hecho, las democracias latinoamericanas empiezan a sufrir los embates sociales de una crisis económica que parece alcanzar nivel mundial.

    -Eso pone de manifiesto la urgencia de que se diseñen y pongan en funcionamiento modelos institucionales y políticos apropiados. El drama de toda América Latina es que tiene la caja fiscal más o menos equilibrada, pero tiene los estómagos de los pueblos bastante desequilibrados. Esa contradicción no puede mantenerse. Y los principios de mercado, y de equilibrio fiscal, tienen que ser necesariamente adecuados a las urgencias del equilibrio social.

    -Pero aquí ya estamos hablando de una agenda eminentemente económica.

    -A la hora de fortalecer la democracia, no se la puede ignorar. Por eso hay que poner explícitamente en el menú que la democracia no puede ser sólida ni duradera sobre la base de poblaciones desempleadas, con hambre y con condiciones de salud deplorables.

    -¿Y de qué manera esta perspectiva se está traduciendo en acciones y políticas a nivel latinoamericano?

    -El discurso del presidente Ricardo Lagos en la Cumbre del Grupo de Río fue particularmente importante: aceptar como dato que la globalización existe, y constatar que la lógica antiglobalización es como estrellarse contra la realidad. Pero es necesario adecuarla a nuestras necesidades, y para ello la integración regional es absolutamente fundamental. Un país como el Perú, que representa tan poco en el comercio internacional, no pueda ni siquiera introducir retoques al proceso, porque es como una hormiga contra un hipopótamo. Por eso es que la puesta del gobierno del Presidente Alejandro Toledo le da tanta importancia a la integración, no como un mito sino como una herramienta para potenciar nuestras capacidades de negociación a nivel internacional.

    -A propósito de la asistencia del Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, a la Asamblea General de la OEA en Lima, ¿cuál es la responsabilidad de EE.UU. en todo esto?

    -Lo que pedimos a Estados Unidos es coherencia con algunos de sus principios. Los textiles peruanos, por ejemplo, ingresan a EE.UU. con una tasa arancelaria superior al 20 %. El libre comercio del cual se habla, y que aparentemente es un dogma en algunos países, no es tan cierto. No es que el proteccionismo esté regresando, sino que nunca se dejó de lado. Pero, de hecho, la integración y el aumento del comercio que ello implicaría, son componentes que pueden generar bienestar.

     

     


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