Edición Nº 1686

 

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    ARTICULO

    6 de setiembre de 2001

    Raúl Prebisch Tenía Razón
    En el centenario de su nacimiento, las ideas del legendario economista argentino, creador de la CEPAL, recobran vigencia.

    Prebisch: un visionario. Finalmente, no se equivocó.

    "HONESTIDAD, integridad y coraje", respondió Sir Shridath Ramphal, uno de los estadistas caribeños más respetados, cuando le pregunté qué recordaba de don Raúl Prebisch, quien la semana pasada hubiera cumplido 100 años. "Le dio respetabilidad académica a la búsqueda de nuestro propio camino hacia el desarrollo", añadió después de reflexionar sobre sus encuentros con quien fuera el economista más influyente de América Latina en el siglo 20. Para mi generación de (cincuentones) profesionales preocupados por el desarrollo, don Raúl representó la originalidad del pensamiento de nuestra región, y también la capacidad de transformar ideas en realidades.

    Raúl Prebisch fue el fundador de la Comisión Económica para América Latina (Cepal) a fines de los años cuarenta, la primera de las comisiones económicas regionales de las Naciones Unidas. Llegó allí después de ser un exitoso presidente del Banco Central de Argentina y profesor de Economía en la Universidad de Buenos Aires. Dos de sus trabajos sobre la realidad económica de América Latina, preparados entre 1948 y 1950, sentaron las bases de lo que sería el pensamiento dominante en la región por más de tres decenios. Sus contribuciones intelectuales más importantes fueron la idea de "deterioro de los términos de intercambio" y el énfasis en la difusión del progreso técnico como factor de desarrollo. La primera de ellas señaló con meridiana claridad que el precio promedio de las materias primas que exportan los países pobres pierde valor inexorablemente en relación al precio promedio de los productos manufacturados que exportan los países ricos. Así, los países exportadores de materias primas sin valor agregado -minerales en bruto, productos agrícolas básicos, harina de pescado y aún petróleo- tienen que exportar cada vez más de estos productos para comprar la misma cantidad de manufacturas de los países ricos. Conclusión: especializarse en la exportación de materias primas es entrar en el callejón sin salida del subdesarrollo, tal como lo demuestra el deterioro de los términos de intercambio durante todo el siglo 20 (véase gráfico).

    Su segunda contribución se adelantó en varios decenios a lo que ahora se llama la "economía del conocimiento". Para don Raúl, la difusión desigual de los frutos del progreso técnico era lo que estaba detrás del deterioro de los términos de intercambio y de la pobreza generalizada. Por lo tanto, la única manera de escapar del subdesarrollo era avanzar cada vez más hacia una economía diversificada con un alto contenido de productos intensivos en tecnología. La experiencia de los países del "milagro asiático" le ha dado la razón; sólo mediante la absorción del progreso técnico es posible hacer crecer la economía y mejorar los niveles de vida.

    La conclusión lógica de las ideas de don Raúl llevó a la estrategia de "industrialización por sustitución de importaciones". Si bien esta estrategia permitió un gran avance y un crecimiento económico excepcional en América Latina durante 1950-1980, también sentó las bases para una serie de abusos por parte de grupos industriales que se beneficiaron de aranceles altos y no invirtieron en la modernización de sus empresas. Además, si bien Prebisch insistió en la necesidad de modernizar la agricultura y promover el desarrollo rural, en la práctica el apoyo a la industria significó la postergación del campo. Los abusos de la estrategia de sustitución de importaciones, unida a la campaña de descrédito por parte de economistas neoliberales, relegaron las ideas de don Raúl a un segundo plano a partir del decenio de los ochenta. Más aún, en algunos círculos académicos se condenaban los planteamientos de Raúl Prebisch y la Cepal sin haber leído sus trabajos. Aún recuerdo una agria discusión con un destacado economista norteamericano a fines de los ochenta en la casa de uno de mis ex alumnos en Washington, en la cual se atacó a Raúl Prebisch sin tener la menor idea de lo que éste había escrito.

    Además de sus contribuciones intelectuales, don Raúl organizó el "think-tank" más formidable de su época: la Cepal. Por allí pasaron Celso Furtado, Osvaldo Sunkel, Fernando Henrique Cardoso, Víctor Urquidi, Aldo Solari y Jorge Ahumada, entre muchos otros, sin contar la infinidad de consultores y especialistas que tuvimos la oportunidad de trabajar en lo que don Raúl llamaba "La Casa". Quizás el más destacado de sus discípulos sea Enrique Iglesias, quien fuera secretario ejecutivo de la Cepal y ahora es el presidente del BID. En 1970 Iglesias fue el secretario técnico de un grupo de trabajo que presidió don Raúl por invitación de Felipe Herrera, el presidente del BID en esa época. Raúl Prebisch produjo el extraordinario libro Transformación y Desarrollo: La Gran Tarea de América Latina, cuyas ideas pueden considerarse un antídoto contra el discreto y fugaz encanto del "Consenso de Washington", que consagró al neoliberalismo en América Latina pero que ha perdido vigencia al iniciarse el siglo 21.

    Persistente hasta el final en su búsqueda de caminos para el desarrollo, poco antes de su muerte don Raúl publicó, a mediados de 1985, un artículo en la revista mexicana Comercio Exterior. En medio de sus reflexiones sobre la situación de nuestra región. Acuñó la memorable frase: "Por primera vez en América Latina las ideas van a la zaga de los hechos". Este es el desafío que seguimos enfrentando cuando nos hacen falta figuras de la talla de don Raúl.

     


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