Edición Nº 1684

 

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    MAL MENOR
    23 de agosto de 2001

    Por JAIME BEDOYA

    Superioridad Moral:
    (¿A alguien le suena?)

    UNA de chinos. Confucio dixit: No hagas a los demás lo que no quisieras que te hagan a ti. La máxima, que encierra una sutil advertencia kármica sin detallar en los riesgos circulares de contravenirla, no distingue en tratos con amigos o enemigos. Simplemente apela al sentido común en su variante más sabia y más civilizada: si te hicieron mal, no devuelvas mal. Devuelve justicia, ejemplo, tolerancia, así se construye una sociedad, así se puede gobernarla. Por cierto hay veces en que la justicia tiene forma de puñete. Aplíquese. Ya después habrá tiempo para nuestra propia variante filósofica de la serenidad efectiva -acaso extrema en su benignidad pues fue concebida para tiempos mejores, los de la TV en blanco y negro y el Sublime original-, la consabida Santa Paciencia1.

    La sentencia de Confucio era viga maestra de una filosofía de gobierno. Esta postulaba el contagio hacia abajo del ejemplo de un líder virtuoso, que debía practicar exactamente lo mismo que reclamaba a sus súbditos. El filósofo chino se refería al principio de la Superioridad Moral: La autoridad como merecimiento y ejemplo constante, no como designio divino con licencia ilimitada para obrar de manera contraria a lo que se exige. Y peor aún, enfrentando al adversario con las mismas armas que se desprecian en éste.

    Superioridad moral, por ejemplo, es lo que practicaba Paniagua. Empezaba en el mismo momento en que detenía su caravana presidencial ante un semáforo en rojo. Su ascetismo, desinterés por la notoriedad intrascendente y una solvencia real para la moralización que le hacían innecesario el aspaviento, le valieron la natural autoridad de un país que de no ser por las cirscunstancias que se dieron, probablemente jamás lo hubiera elegido presidente. Tal vez ni siquiera candidato presidencial2. Pedagogía de lujo.

    Esta virtud integral probó además algo fundamental, su eficiencia. Diferenció así su distingo moral de un inútil adorno ético, decencia satanizada además por el pragmatismo decadente del fujimorismo como tetudez a secas. La autoridad moral de Paniagua fue eficiente para convocar a nuevas y limpias elecciones, enérgica para meter a varios generales en la cárcel, precisa en colgarle el teléfono a Nicolás Lúcar en vivo y a nivel nacional, teniendo en cuenta además la vigente modalidad de cobro conocida como el que llama paga.

    Pero claro, de la China feudal de Confucio al desconcertado Perú posfujimorista, postransición y aún pre-Toledo, tal vez sólo exista el chifa como el más poderoso vínculo. Con todo el desprecio y sanción que los delincuentes merecen, lo peor que se puede hacer es ceder ante el facilismo de la vendetta primaria y la risotada fácil frente al contrario hecho leña. Este, o mejor dicho éstas, con cinismo y todo, al menos dan la única cara que el que buen Señor les dio como prueba de su misterioso accionar. Pero hay otra rama del fujimorismo, el mutable, en silencioso proceso de reciclaje en los puestos más insospechados de la recobrada democracia. Mis respetos a estos viejos conocedores que entre otras cosas igual de orgánicas pero menos agradables, el corcho tampoco habla, pero igual flota.

    En la cerrada terquedad de las mujeres fujimoristas hay quienes identifican, no sin tormento, una modalidad patológica de la consecuencia ya antes vista en otras sectas totalitarias dirigidas por un cobarde camuflado. Es una percepción que ante las situaciones anexas de escarnio y pachotada en torno a su inevitable caída y merecida sanción, está empezando a encontrar acogida en la mayoría para quienes el mototaxi es la carrera del futuro y la pacificación del país un disneylandia que nunca disfrutaron, pero en el que creen porque en algo hay que creer en esta vida.

    Del otro lado hay un tono de competencia torpe y desordenada en torno a la moralización, caos que no se dio durante el Gobierno de transición. Si la justicia se aplicara pura y simple, sin la desesperación por tomarse la foto pateando el cadáver del fujimorismo, equivocadas percepciones como la anterior no serían un riesgo. Acercándose al mes de un gobierno democrático, el anatema fujimorista sigue privilegiado por encima y sobre toda consideración en un país que tiene a más de la mitad de su población viviendo en la pobreza. El antifujimorismo en bruto se ha convertido en el marketing político al alcance del electo más carenciado.

    Esta contienda publicitaria por determinar en público quién logra más sangre fujimorista, se está haciendo con absoluta independencia de cualquier tipo de requisito moral previo3. Desnaturalizando el principio de autoridad no sólo se exponen a sí mismos4, sino a una población empachada de promesas preelectorales que rápidamente puede desilusionarse de ver sustituida la vieja inmoralidad por nueva inmoralidad. El espectáculo ofrecido por una esperada nueva república resulta siendo el descarado pago de favores políticos a mansalva y el reparto del poder hasta su más mísera migaja, siempre bajo la justificación de meter a alguien del régimen anterior a la cárcel. Hacerlo así es escupir al cielo, y significa proveer de municiones a quien desde Tokyo está dedicado a la demolición de toda posibilidad creíble de gobierno ajena al autoritarismo.

    Pero es desagradable ser pesimista. Es justo reconocer que la implementación de la excomunión fujimorista como contabilidad de meritocracia democrática está logrando por lo menos dos cosas: 1) El fujimorismo, vivito y callado, se va a seguir fortaleciendo conforme aplicándole sus propios métodos le vayan regalando mártires, martirio y perseguidores con techo de vidrio. 2) Despreciado el principio de Superioridad Moral, lo sustituye y queda en vigencia ante la opinión pública la Ley del Burro. La Ley del Burro es severa y cruel, y pobre del que lo agarre mal parado. Su espíritu es claro y de fácil entendimiento, pues postula la venganza en su acepción vasta de te la devuelvo con yapa. La Ley del Burro dice a la letra:

    Con la Vara que Mides
    Serás Medido

    Si es verdad que en su fuga Fujimori se llevó cuarenta maletas, recuérdese que en Internet se pueden poner videos en línea, gratis, las 24 horas del día. En este caso, a disposición de una audiencia calculada en 800 mil personas sólo en el Perú, sin contar Patterson ni Buenos Aires, donde dicen que en las cabinas piratas -por cada cuarto de hora de conexión- te ponen una cerveza cortesía de la casa. Sólo si eres peruano, claro. Si además eres travesti, dos.

    _________
    1 Alex Valle, otro incomprendido.

    2 Paniagua 2006 ya es otra cosa.

    3 Todo fujimorista queda terminantemente prohibido de utilizar falazmente este razonamiento como defensa. El infractor será denunciado ante la Apdayc.

    4 Las llamadas telefónicas del vicepresidente de la República al ex jefe de la Sunat, la suculenta planilla de los asesores del Congreso, el pasado afín al primer fujimorismo de moralizadores que ahora hablan sólo desde su púlpito imaginario, la 4x4 que reclama la prometedora Dorita Sánchez ministra de la Mujer, la más de media docena de asesores presidenciales, las renovadas advertencias de la Primera Dama a la prensa independiente, etc.

     


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