Edición Nº 1684

 

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    23 de agosto de 2001

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Demasiada GCU Para Mi Gusto

    PUCHA, hija, la otra noche me dio el desvelo y cuando me da, me da, no sabes. Me acosté, normal, o sea, después de mi hora de meditación tántrica y como para combinar la cosa con Occidente, juá, me zampé mis dos Dormonid de rigor -esas pastillas que según la indicación las tienes que tomar metida en la cama porque son como un cachetadón de la vieja Hildebrandt en plena médula espinal- y cuando me di cuenta, pucha, estaba absolutamente pegada a un programa... ¡nacional!, donde Miguelito Barraza contaba un chiste sobre una lora que se le metió al calzón a una monja y gritaba, "¿Y ahora por dónde me escapo, por el hachazo o por el balazo?" "Stop, China", me dije a mí misma, "acá está pasando algo, o te vas ahorita a la calle a tomarte un vodka triple o mañana amaneces lista para la cremación". No tenía mucha elección.

    Hija, me vestí -era un martes, pasada la medianoche- y me fui como una autómata al bar de La Gloria, esperando no encontrarme con naaaaaadie. Y claro, sólo a mí me pasa que entro y me doy de bruces con PPK, que siempre me ha querido arrimar la medida reactivadora, como él mismo le dice a no sé qué cosa. Pucha, cuando lo vi ahí sentado, más parecido que nunca a la señorita Canuta de los chistes de Archie, decidí que ése no era el lugar correcto ni el momento corecto, y me pasé para el Voltaire, siempre a la caza de mi soledad.

    Bueno, entro y en la primera mesa del bar, pucha, la célula A Tomar el Poder pero On The Rocks: ni más ni menos que Lynch, Rospi... ¡y Diego! "Chicos", les dije, "sólo falta Fernando Villarán y mañana hacemos un mitin contra la agresión yanqui en Viet Cong". Los dejé en una pieza a los tres, me volví a meter al carro y enrumbé hacia La Huaca, ahí sí absolutamente segura de que iba a poder desplegar sin limitación alguna mi angustia existencial novoandina. Eso creía.

    Entro y me busco la mesa más apartada en la zona más oscura y con quién crees que me doy de bruces: con el ídem a la parrilla. El gordo Bruce -que cada día parece más au borde de la reventazón- en una chubichanga tan ardorosa con una señora con aspecto de directora de ONG pro comité de vaso de leche que te lo juro que pensé que ahí nomás se estaba gestando un proyecto sustentable de estrategia de sobrevivencia. Al día siguiente, cuando abrí el periódico, me enteré que la tal señora oenegé era ni más ni menos que la ministra de las mujeres y claro, me acordé también de que una embajadora europea que estuvo en la juramentación de Pachi Toledo en Machu Picchu me contó que la tal menestra, pucha, en pleno pagapu a los apus sacó de la cartera una mandarina, la peló y si no aparecía el edecán cual súperman a emparar la cáscara en el aire, el daño al santuario histórico más valioso de la humanidad hubiera sido irreparable. Dios le da barba al que no tiene quijada, no hay nada que hacer.

    Pucha, después de pasar por donde Rafael y ver desde afuera por la ventana que en una mesa estaba Bobby con Diana Alvarez Calderón y Amalita Ortiz de Zevallos en una discusión afiebradísima sobre alivio a la pobreza, pucha, decidí terminar sola y desastrada -como quería estar- en la barra de mi Haití de toda la vida, pensando en que es una vaina que la GCU haya terminado metida en el poder porque ahora ya no puedes andar por la vida diciendo cochinada y media de tus gobernantes.

    ¡Cuánto empecé a extrañar en ese momento a una Cuculiza, por ejemplo, a la que el otro día me la encontré en el aeropuerto -ella, of course, en nacionales y yo entrando a donde me corresponde: al mundo- y no me aguanté y le grité en inglés como para que nadie se enterase, "hey, shell of your mother, retur me my money", y la otra, que creo que es de Huánuco o por ahí, alzó la mano y con esa sonrisa que tiene de chacal en noche de luna llena, me contestó, "thak you my love!"

    Ay, hija, para serte franca, ése es mi país que extraño, este otro todavía me resulta de lo más ajeno. Cómo te explico, o sea, una es anarquista por definición, ¿no es cierto? Eso implica despreciar el poder. Pero, ¿cómo lo desprecias si ahí están tus primos, tus amigos de Ancón y hasta Diego, a ver explícame? Ahí, al tercer vodka tonic -más los Dormonid- decidí que en el fondo, el gobierno del Chino ha sido lo mejor que me pudo haber pasado en mis cuarenta, no sabes. O sea, yo, regia, madura y serena, en pleno uso de mis facultades y sin ninguna arruga, llena de pacientes y dejando a los hombres a mi paso como el aserrín al día siguiente en la vereda de una chingana, encabezando la oposición y la resistencia civil contra la dictadura y la corrupción. ¿Ya qué mas?: ser papisa, ¿no te parece?

    Pero no, resulta que ahora todos estos blancones, llenos de energía y minas, con apellido, educación y que encima se hacen los buenos, bien sentados en el trono. Te lo juro que es inadmisible. Estoy dispuesta, si es necesario, a ir a la Corte de Costa Rica a denunciar el daño psicológico que me está haciendo esta horrible transmutación de los valores. ¿Gobernabilidad? Me cago en ella. Accountability, me limpio con ella. Quiero dictadura para seguir siendo rebelde, porque el mundo me hizo así. Salud, comadre. Chau, chau (Rafo León).

     


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