Edición Nº 1669

 

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    ARTICULO

    10 de mayo de 2001

    El Oleaje de Blancos y Viciados
    Si bien el voto en blanco crece, sobre todo en el nivel socioeconómico A y geográficamente en Lima y el Centro del país, la magnitud de esta opción no está del todo cristalizada y deja una puerta abierta a la rectificación.

    Sólo un 6 % votarán en blanco y viciado porque no está de acuerdo con ninguno de los dos candidatos. Esto abre a ambos contendores, Alejandro Toledo y Alan García, un margen para conquistar los votos esquivos.

    VOTO suicida, voto de protesta, voto de Pilatos, voto fiscalizador, voto anarquista, tales las denominaciones que durante estos últimos días se ha dado al voto en blanco. Al margen de matices en las definiciones, lo cierto es que a la luz de los últimos sondeos de opinión la preferencia por votar en blanco sigue creciendo como espuma.

    Según la última encuesta de Datum a nivel nacional realizada entre el 28 y 29 de abril, el voto blanco, viciado y el de los indecisos alcanza el 35%, es decir, está a sólo cuatro puntos de Alejandro Toledo (39%) y ha relegado a un tercer lugar al candidato Alan García (26%). Cierto es que a este porcentaje, acaso tendenciosamente, además del voto en blanco y viciado se ha sumado el de los indecisos.

    De cualquier forma esta opción estaba latente y en tendencia creciente desde antes de que Jaime Bayly y Alvaro Vargas Llosa lanzaran su campaña por el voto en blanco.

    Eso quedó demostrado en la encuesta nacional de Apoyo realizada entre el 20 y el 21 de abril, cinco días antes de la cruzada de los periodistas mencionados. Apoyo registraba ya un porcentaje de 17% de voto en blanco y viciado y un 12% de indecisos, un total de 29%.

    Es más, ya en la primera vuelta electoral un respetable número de electores: 1'253.442, el 10.3% del electorado, decidió no dar su voto por alguno de los nueve candidatos presidenciales. Esta cifra equivale a más de la cuarta parte de electores del departamento de Lima y es el más alto índice de voto en blanco registrado en los últimos 20 años.

    Luis Jaime Cisneros, ex presidente de Transparencia, señala que los votos en blanco son imprevisibles, pero por lo pronto, en la primera vuelta electoral de este año determinados departamentos tuvieron un comportamiento favorable al voto en blanco. En Huancavelica, Apurímac, Ayacucho y Puno, por ejemplo, hubo bolsones de votos en blanco que superaron largamente el promedio nacional, llegando a más de 20%. (CARETAS 1668).

    La encuesta de Datum registra los más altos porcentajes de voto en blanco y viciado en Lima y Callao (40,4%) y en el Centro del país (39,4%), mientras que el Norte y Oriente parecen decididos a votar por uno de los dos candidatos. Sólo un 29,3% y 16,4% de los ciudadanos de esas regiones, respectivamente, votarían en blanco.


    Si el voto en blanco tiene condición social, se localiza, según Datum, en la clase alta/media (37,7%). Esto corrobora lo registrado en la encuesta de Apoyo del 21 de abril, en la cual la clase A tiene el más alto índice de voto en blanco: 45%, mientras que los niveles socioeconómicos D y E registran los menores indices: 14% y 15%, respectivamente.

    Bayly casi ha personificado esta opción: "Se trata de una tercera candidatura, que no pertenece a la vieja clase política peruana". Sin duda, él está completamente decidido a votar en blanco, pero esa opción no está suficientemente cristalizada entre los demás "blanquistas".

    La compulsa de Datum da luces al respecto. Sólo el 6% señala No estar de acuerdo con los candidatos. La mayor parte de las motivaciones están más bien relacionadas con la poca confianza y credibilidad. Así, un 22% de los encuestados señala como razón para votar en blanco el que Ninguno de los candidatos es confiable (22%) y un 21% porque Ninguno le convence. En ambos casos, parecen dejar una puerta abierta para rectificarse. En cambio, el 15% que considera que Ninguno está preparado para gobernar y el 6% que Ninguno es bueno, se sitúa en una posición más crítica: pone en tela de juicio la capacidad del candidato para conducir al país. Las simpatías también entran a tallar, pero en menor proporción. Sólo un 6% da como razón para votar en blanco el que No simpatiza con ninguno de los candidatos.

    Alvaro Vargas Llosa define su cruzada: "se trata de un voto de protesta, un pronunciamiento moral y cívico en favor de la democracia y del país". Pero el jurista Raúl Ferrero advierte que el gran peligro es que ese llamado busque debilitar al próximo gobernante, para que éste carezca de suficiente respaldo.

    Cisneros opina que votar en blanco a estas alturas no parece legítimo: "Hacerlo es renunciar a participar del derecho y deber de elegir. Significa lavarse las manos como Pilatos.

    Para el presidente del JNE, Manuel Sánchez Palacios, el voto en blanco es un voto negativo que tiene un mensaje que está sujeto a interpretación. La encuesta de Datum indica que por lo menos las dos terceras partes de los que votarán en blanco son los que en la primera vuelta dieron su voto a Lourdes Flores, Fernando Olivera y otros. Mientras que sólo entre un 7% y 8% de los que en primera vuelta votaron por Toledo y García, según Datum, desertarian de sus candidatos para votar en blanco.

    Para Sánchez Palacios, el voto en blanco no tiene ningún efecto jurídico, mientras no alcance el 66% que se necesita para declarar nulas las elecciones. En el hipotético caso que se alcanzara tal porcentaje, según el artículo 368°ree; de la Ley Orgánica de Elecciones en caso de anulación total, las nuevas elecciones se efectuan en plazo no mayor de 90 días. Y los dos candidatos en cuestión también podrían participar.

    ___________
    FICHA TECNICA: Encuesta nacional realizada por Datum Internacional S.A. por solicitud de Antena 3 Producciones (Canal 6) el 28 y 29 de abril del 2001. Registro: 0002-REE-JNE, Metodología y técnica: Encuesta personal domiciliaria. Muestra: 2.016 personas. Nivel de confianza: 95,5%. Margen de error: +/- 2,2%.


    ¿Elegir o Escoger?
    Vericuetos y desengaños de la segunda vuelta.

     
    Vargas Llosa y Barrantes: el segundo no quiso segunda vuelta.

    LA segunda vuelta electoral fue establecida en el Perú por la Constitución de 1979, y precisaba que los votos en blanco y viciados no se computaban.

    La idea de la segunda vuelta nació en Francia, en el siglo XIX. Su denominación de ballotage lo expresa. Rompe, mediante un nuevo torneo electoral, el hecho de que ninguno de los candidatos de la primera vuelta haya alcanzado mayoría absoluta.

    Esa segunda oportunidad, es concedida sólo a los dos candidatos con la más alta votación relativa. Busca, como recuerda Diego García Sayán, hoy ministro de Justicia, en su Estudio de la Constitución Política de 1993, "una concertación de fuerzas políticas, la que puede suceder bien por una reducción del número de partidos, bien por la formación de alianzas de carácter más estable que en otros sistemas electorales".

    La Constitución de 1993 repitió la exigencia de una segunda vuelta, si es que ninguno de los aspirantes obtiene mayoría absoluta. Reitera que los votos viciados o en blanco no se computan.

    La verdad es que en nuestra experiencia la segunda vuelta no ha conducido a concertaciones ni alianzas duraderas.

    En todo caso, fue la segunda vuelta la que permitió que Fujimori ganara en 1990 a Mario Vargas Llosa, que había obtenido la primera votación relativa en la primera (33% contra 29% de Fujimori). Antes, en 1985, Alfonso Barrantes desistió de la segunda vuelta, porque había mucha distancia entre su 25% de la primera y el 53% de García.

    Como lo demuestra la nota de estas páginas, el voto en blanco no parece inexpugnable, puesto que sus motivaciones varían. La segunda vuelta marca algo así como una diferencia entre elegir y escoger. En la primera vuelta, se elige con nitidez, por el primero, por el segundo, por el tercero, el cuarto o el quinto candidato. En la segunda se escoge: como quien dice, no por la manzana que se quería. Para muchos, se trata de pronunciarse entre una manzana demasiado madura y una casi podrida. He ahí una prueba del ácido en democracia. A veces hay que elegir entre lo malo y lo menos malo. El voto en blanco equivale a la conciencia en blanco. Salvo cuando se trata de arrojar al vacío a una dictadura. (César Lévano).


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