Edición Nº 1669

 

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    ARTICULO

    10 de mayo de 2001

    La Depresión de Alan
    Un trauma de hace 22 años sale a flote en medio de una campaña electoral que espulga a los aspirantes a la Presidencia.

    Cuando la tormenta desatada por Jaime Bayly estaba a punto de envolverlo, Alan García salió al frente y reconoció que sí, que había recibido tratamiento por una severa depresión a consecuencia de la muerte de Haya de la Torre. En ágil reacción política, García tomó el toro por las astas y respondió directamente sobre el tema. Otros siguen esperando la aparición de algún documento que esclarezca el diagnóstico en entredicho.

    El entierro de Haya. Según Pepe Barba el impacto fue tan devastador que García, entonces de 30 años, pensó en retirarse de la política y dejó toda actividad por dos meses.

    Escribe RUTH LOZADA

    EL 3 de agosto de 1979 la muerte de Haya de la Torre sumió a las huestes apristas en un pesar indescriptible. Alan García no fue el único en deprimirse. Una posta de emergencia instalada en el local del PAP reportó a menos de 24 horas de conocida la noticia, 200 casos de histeria e inumerables desmayos. Hay quienes aún recuerdan el abrazo de dolor y el llanto en que se confundieron Carlos Roca y García en las puertas de Villa Mercedes. En este cuadro de profundo desconsuelo resulta plenamente justificable que buscara atención especializada en la Clínica Virgen del Carmen. García era el dicípulo predilecto del líder aprista.

    Según García todo no pasó de un severo estado de tristeza ante la muerte de un ser querido y admirado, normal en cualquier persona. El trastorno, asegura, fue atendido convenientemente con dos pastillas de valium y sin necesidad de la prescripción de litio.

    CARETAS ha recibido otro testimonio de un connotado psiquiatra que se suma a la versión dada por el doctor Horacio Estabridis. Asegura que García estuvo internado en la clínica entre cinco y seis semanas y recibió cura de sueño. El diagnóstico en ese entonces de este especialista que por razones obvias se mantiene en el anonimato, fue `psicosis esquizoafectiva, en su variante depresión recurrente con síntomas paranoides'.

    Es una variante del diagnóstico que difundió ligeramente Jaime Bayly de `esquizofrenia maniacodepresiva' que añadido a superficiales alusiones a la locura, quiso poner en duda la salud mental del candidato del PAP.

    Al parecer Bayly no se dio el trabajo de actualizar el diagnóstico, banalizando además su propia denuncia al hacer escarnio de una enfermedad mental. Veinte años atrás la psiquiatría separaba a `locos' de `normales' y las patologías de la mente se amparaban bajo el estigmatizante rubro de esquizofrenia. Hoy en día eso ya no va más. El doctor Estabridis tiene 88 años de edad, y se retiró de la profesión hace 20.

    Actualmente para los psiquiatras las funciones del pensamiento y del humor están totalmente diferenciadas. En la esquizofrenia, explica el doctor Carlos Bromley Coloma, médico psiquiatra y ex director adjunto del Hospital Larco Herrera, la persona pierde la cordura, su capacidad de raciocinar adecuadmente y rompe con la realidad. Comienza a pensar que es un enviado de Dios, escucha voces o recibe mensajes de los extraterrestres, tiene alucinaciones visuales, auditivas, etc. En suma es un trastorno de la razón, del pensamiento.

    El problema maniaco depresivo es un trastorno del talante, del humor. La persona está muy alegre e hiperactiva en la fase maniaca y en la depresiva muy triste e hipoactivo. Estas fases no siguen ningún patrón y pueden fluctuar al azar. Bayly para dar mayor peso a su denuncia se encargó de remarcar los efervescentes estados de ánimo de García relacionándolos con las medidas más criticadas de su anterior gobierno.

    Sin embargo, el doctor Bromley señala que es muy difícil que los síntomas del maniaco depresivo se presenten sólo ante ciertas personas y en algún momento preciso. "El que es maniaco lo es en su casa, en Palacio o en la calle, son trastornos evidenciables".

     
    Estabridis, condenó la grabación clandestina hecha en el programa de Beto Ortiz. Derecha: Salió al frente y respondió directamente.

    Por tratarse de un problema médico, la terapia base del maniaco depresivo es el litio, y si el paciente se encuentra en su fase maniaca se lo estabiliza con drogas antimaniacas o con un antidepresivo para controlar las crisis lo que se logra eficazmente en un promedio de dos semanas. Cada tres meses, un chequeo establece el nivel de litio en la sangre, éste debe fluctuar entre 0,5 y 1,0 mili equivalentes de litio por litro de sangre.

    Quienes padecen de este trastorno no son locos ni desequilibrados. Ya se acabó la época de la satanización y es tigmatización de los trastornos mentales, explica Bromley. "Estas personas viven perfectamente, son excelentes profesionales, forman familias y trabajan tan bien o mejor que los sanos porque con un buen tratamiento se recuperan al 100%".

    Es más, ante la ley, este trastorno no es sinónimo de inimputable. Si un maniaco depresivo comete un delito, va preso a diferencia de un esquizofrénico que es recluido en una clínica mental.

    Al extremo de Alejandro Toledo respecto a la prueba del ADN, García ha lanzado un desafío al decir que se somete a cualquier examen clínico para probar que no consume litio. Esto pone nuevamente sobre el tapete el tema de la necesidad de que los aspirantes a la primera magistratura presenten previamente su foja de salud física y mental.

    CARETAS solicitó a los candidatos en enero de este año su perfil médico. Dos meses después sólo respondieron Alejandro Toledo, Lourdes Flores y Alan García (edición 1663). Toledo no mencionó su incidente con las drogas ni García su depresión.

    Para el doctor Uriel García resulta pertinente que se legisle al respecto. "En la práctica ya se hace. Los gobernantes motu proprio exponen sus historias clínicas como un libro abierto. El caso de Ronald Reagan es el más notable. Todos pudimos ver en los periódicos las microfotografías de sus pólipos cuando lo operaron".

    El hecho es que para ser Presidente de la República la Constitución sólo exige ser peruano de nacimiento y mayor de 35 años. Y ya sabemos cómo el anterior Presidente violó el primer requisito. No existe pues un perfil de los requisitos físicos y sicológicos que se deben reunir para desempeñar el cargo. Algo que sí está bien especificado incluso para trabajos menores.

    A falta de ello y después de la felonía del anterior régimen los medios de comunicación están espulgando a los candidatos como nunca antes se ha hecho. Pero eso no justifica recurrir a métodos cuestionables, violando el artículo 165 del Código Penal y la más elemental de las éticas. Estas prácticas deben ser desterradas pues sólo perjudican al gremio periodístico. El desagrado expresado por Raúl Diez Canseco revela el rechazo que ha ocasionado el tema incluso en las filas de Perú Posible.

     


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