Edición Nº 1668

 

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    MAL MENOR
    3 de mayo de 2001

    Por JAIME BEDOYA

    Vivas en Vivo

    FERNANDO Vivas es como Fantomas: una amenaza elegante. No me refiero, obviamente, a su descoordinado y demodé vestir. Hablo de una elegancia más trascendente y demoledora, la de la palabra bien dicha y la lucidez punzocortante. Quienes lo leen, y no lo conocen, imaginan un joven buscapleitos, escupidor y presto al irse a las manos. Lejos están de imaginarse que de verlo dejando a su paso una estela de documentos traspapelados que nunca volverá a encontrar, o renegando quedamente ante una pechuga de pollo que considera demasiado chica para su precio, acaso lo que les inspiraría sería invitarle una cordial manzanilla y embarcarse con él en una charla sobre las múltiples bondades del Vick Vaporub. Pero he ahí su fortaleza y su autoridad. La de la opinión tajante e intransigente, pero invariablemente honesta y expresada con la sólida seguridad que permite un castellano de imperturbable calidad, revelando una capacidad reflexiva que descubre sentidos, absurdos y trampas detrás del supuestamente inocente negocio del entretenimiento televisivo. Esto, que podría llamarse substancia, es una pesadilla para la gente de la televisión, usualmente acostumbrada a lo contrario, a vivir de la pura imagen.

    El descrédito que hoy vive la tv (que no
    lo mide el rating) va a engendrar una legión de mirones cínicos,
    escépticos e indolentes.

    (F. V.13, mayo, 1999)

    No es una exageración, ni exceso de camaradería intralaboral, decir que Vivas desde su columna en CARETAS ha refundado en la última década la silvestre crítica televisiva nacional. La ha imbuido de inteligencia y de responsabilidad política. Y no pocas veces de pasión enfurecida ante lo que se veía en pantalla. La inmoralidad primitiva, por ejemplo, de un Absalón Vásquez, calificado vocero del régimen ética y lingüísticamente analfabeto, diciendo desde los púlpitos mediáticos de los programas dominicales que "nadies" tenía pruebas en su contra. Sus más cargadas opiniones fueron acogidas tolerante y democráticamente en esta revista, así generasen tragicómicas indignaciones de los señorones de los canales que, de no ser por la revelación de sus videos departiendo con Montesinos, aún insistirían en ser dignos de respetabilidad y con el derecho de pedir la cabeza de un columnista faltoso.

    Vivas ha modificado los estándares de qué es lo que se entiende por crítica, antes glorificación del lugar común y de la docilidad ante los canales, y ha puesto en aprietos la otrora permisividad manipuladora de la que gozaba la tv. Acaso fue el antídoto intuitivo a la década más triste que le ha tocado vivir a la tv peruana.

    Ahora la televisión matinal es una
    pasarela de naderías que ha inhibido, como
    sus equivalentes nocturnos, sus funciones de
    informar y debatir. Ya no caben las entrevistas
    a menos que las haga para el 5 Enrique Vidal,
    oficioso empapelador de opositores y sumiso
    corderito ante los invitados gobiernistas...
    Todo califica para las mañanas y así han
    desfilado las legañas de Pedrito Suárez Vértiz,
    la resina de Pelo Madueño, la caspa de Líbido,
    los bostezos de Lucila Campos después de desayunar
    pan con chicharrón y cebolla, las axilas
    sin afeitar de Naamin Timoyco.

    (F. V. 17, febrero, 2000)

    Hoy en día, por supuesto, es fácil ser radical y ser valiente. Hasta los exfujimoristas lo son y reniegan oportunamente de su matriz, inmunes a la vergüenza ajena que provocan. Vivas opinó sin tapujos cuando hacerlo era un riesgo y cuando pocos medios, CARETAS lo hizo desde el 5 de abril de 1992, defendían principios no negociables: la calidad de los medios justifican la virtud de los fines, y nunca al revés.

    Susceptible de humanidad al fin y al cabo, guardaba Vivas un secreto de estilo que aplicaba según el merecimiento del beneficio de la duda de sus examinados. Pasadas las álgidas horas del fujimontesinismo en la pantalla, no considero infidencia, sino teoría, revisarlas. Cuando la buena fe del programa a estrenarse era digna de crédito, terminaba en un auspicioso "suerte". Cuando este más bien apuntaba a un fraude, la opinión era cerrada por un cauto "ojalá". Y cuando ya valía la pena ir afilando la guillotina, se dejaba leer un premonitorio "a ver qué pasa".

    Hoy, la tv, me provoca una nueva grita.
    Ahí están los que joden todo lo que de
    fiscalizador, crítico y honesto se puede hacer
    desde la otra orilla del periodismo. Lo triste es
    que mis nuevos abucheados no son entelequias
    para odiar, ni detentan el poder político, ni los
    rodea una seguridad infranqueable. Es gente
    telegénica, simpática de oficio, a lo sumo
    pretenciosa y arrogante, pero no despótica ni
    siniestra... Siempre tienen amigos solteros que
    hablan en su nombre: "mira, él tiene dos hijos
    y un departamento que pagar". La mermelada
    es buen alimento para los niños.

    (F. V. 24, marzo, 2000)

    Fernando Vivas acaba de publicar un libro, En Vivo y En Directo. Una historia de la televisión peruana (Universidad de Lima-Fondo de Desarrollo Editorial). En él ha hecho lo que luego de años de batallar contra una señal moralmente impresentable le tocaba hacer respecto a la televisión. Rescatar lo que de entrañable, querible e inútilmente inolvidable tiene este entretenimiento electrodoméstico que no merecía, por más banal que resulte el quemar de sus fusibles, agotarse en la sumisión a una dictadura mediática. Está en el libro la crítica de siempre y la evaluación reciente de sus peores horas, pero destaca la recuperación no culposa de esa única evocación electromagnética que la tv suscita, misterio que, por citar un par de ejemplos, hace imposible olvidar algún día, así sea el último, la melodía de Popeye el Marino o los colores del saco del Tio Johnny.

    Una investigación acuciosa ha producido un resultado de ameno aliento enciclopédico, acopiando una historia que de otra manera hubiera quedado dispersa y despreciada por la intelectualidad. Me permito discrepar, y hasta acá llega la amabilidad, en el capítulo dedicado a don Augusto Ferrando Chirichigno. No quiero pensar que la severidad con que es tratado tiene que ver con aquella vez que un iluso Vivas, pretendiendo indagar en la inexistente supraconciencia del genio ferrandino, le inquiría a un otoñal Don Augusto acerca del misterio profundo detrás del sobrenombre de "Tribilín" con el que había rebautizado al moreno Felipe Pomiano. A Ferrando no sólo le interesó un comino la pregunta, sino que respondió señalando al propio Vivas, y a sus tres hijos, para al grito de -¡TU, TU, TU y TU!- conminarlos a subir las escaleras en busca de los copiosos trofeos y platos conmemorativos reunidos en su extensa carrera artística.

    Vivas, el crítico implacable, acabó sosteniendo una placa recordatoria de la fundación Ayuda a tu Prójimo del misterioso filántropo trampolinista Víctor Chang Lay, ante la complacida mirada de un ídolo cansado, veterano e incomprensible. Sólo faltaba una cámara de televisión.

    Vivas, felicitaciones por el libro. Suerte, ojalá y a ver qué pasa.

     

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