Edición Nº 1665

 

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    11 de abril de 2001
    Por AUGUSTO ELMORE


    C
    OMO no empezar a escribir esta página sin felicitar a Alan García Pérez por la brillante campaña electoral que lo ha colocado -él que cuenta con tan inmenso handicap- en el segundo lugar en cuanto a probabilidades electorales para la segunda vuelta electoral? García ha sabido cosechar los errores de su principal contendiente para ese puesto, Lourdes Flores, que sin querer queriendo creyó que su enemigo principal era el Cholo Toledo (pongo Cholo en mayúscula porque eso dicen las encuestas), sin darse cuenta de que su enemigo real era en verdad el locuaz, simpático, dicharachero, disforzado candidato del Apra. Lo dije y lo repito: los ataques entre uno y otro candidato los administraron con verdadera habilidad política Alan García y sus huestes. Divide y reinarás, dice el viejo lema maquiavélico. Porque mientras Toledo y Lourdes se empeñaban en una guerra mutua, destrozándose todo lo que podían, García desde el balcón miraba sonriente y cachaciento. Y así, de voto en voto, se ganó la oportunidad de pasar a la segunda vuelta quien tenía tanto lastre encima que, si no hubiese sido por la Corte Suprema del régimen putrefacto, que lo descargó de culpas, no hubiese siquiera podido volver al país.

    Hasta donde se sepa, Alan García ha sido elegido como segundo en la opción -bastante lejos del primero felizmente- para la inmerecida oportunidad de gobernar otra vez al Perú. Si estuviésemos amnésicos, cortos de mente, obtusos, podríamos otorgarle el beneficio de la duda. Pero vista su campaña, conocidos sus principales colaboradores (el factótum de su programa económico, Enrique Cornejo, jefe que fue del funesto Enci), poco o nada cabe esperar de él. Mientras su principal contendora hasta casi ayer, Lourdes Flores, tenía a su lado personas tan solventes como Drago Kisic y Julio Velarde, y Alejandro Toledo a alguien tan talentoso y pragmático como Pedro Pablo Kuczynski, Alan García tan sólo podía presentar a alguien de la medianía del nombrado. ¡Y eso es lo que prometen para gobernar el Perú!. Nuevos Encis para discriminar apoyos.

    Comentando las elecciones la noche del domingo, Alfredo Barnechea se preguntó acerca de si la política económica de Toledo es Kuczynski o qué. Por lo menos es algo mucho, pero mucho más que Cornejo, a quien el hábil comentarista no mencionó, sin duda porque no valía la pena.

    Debo de confesar que este último fin de semana ha sido arduo. Luego de tener que escuchar el mismo domingo de las elecciones toda la cháchara de los comentaristas políticos -algunos prácticamente apristones-, nos dimos con la noticia de que el padre de Lourdes Flores ha sido el peor enemigo de su propia hija. Aunque estuvo callado, indudablemente por orden familiar, estoy seguro que bastó que acompañara a su hija a votar para hacerla bajar unos puntos en el resultado final. ¡Con padres como él, quién necesita a Alan García!

    Empacho. Esa era la sensación física y mental que quien escribe sufría el viernes pasado mientras esperaba ansiosamente el día en que ya no fuese posible transmitir más avisos ni spots publicitarios relacionados a candidatos ya sea presidenciales o para el Congreso. Para poder soportar ese estrago en mi ánimo y en mi físico me tomé al menos un par de alkaseltzers literarios, que me sirvieron para retornar a la lectura, vieja costumbre que las elecciones me tenían algo así como prohibida.

    Nunca he esperado con más ansia que llegue un sábado, este sábado recién pasado en especial. Cuando ese día amaneció, el mundo ya era otro. No más Toledo, no más Lourdes, no más Alan García. Aunque claro, por donde uno iba (cometí el error de no encerrarme en casa a piedra y lodo) la pregunta era impajaritable: Y tú ¿por quién vas a votar? El sábado en la noche, tomándome unos tragos clandestinos pude soportar, apenas, ese cuestionamiento tan impertinente.

    Pero el domingo pasado fue un día resplandeciente, de sol y de civismo: la gente acudió a votar casi podríamos decir -en un rapto de positivismo- con entusiasmo. Pese a la falta de claridad acerca de las metas económicas (porque quien dice la verdad, como le ocurrió a Mario Vargas Llosa, manca), el pueblo votó con optimismo, sabiendo que con su voto ayudaba a terminar con una época oprobiosa y abría una puerta a la esperanza. Fue un día alegre, para qué, aunque haya resultado negro para algunos.

    El humillante acto de sujeción al cual se vieron sometidos los altos rangos de las Fuerzas Armadas peruanas, al ser obligados a firmar, con sello que tuvieron que llevar en el bolsillo y todo, su sujeción a la dictadura que acababa de establecerse en el Perú luego de la ruptura del orden constitucional, es uno de los acontecimientos más repudiables que se conozcan. No cabe señalar a los que agacharon la cabeza, que fueron todos o casi todos. Pero la malvada imposición de Montesinos y la cúpula es uno de los sucesos más vergonzosos de nuestra historia. Ver desfilar allí para estampar su firma a altos mandos del Ejército, la Marina,. la Aviación y la Policía fue algo inusitado y vil, por lo que de sometimiento consistía. ¡Maldito Montesinos!, habrá dicho más de un oficial en esos momentos.

    Ahora, para terminar: sólo nos falta esperar la segunda vuelta. El vendedor de sebo de culebra afila la lengua.

    "No queremos volver al pasado", dijo Toledo la noche de la primera vuelta. Ese debería ser el lema de su próxima campaña.


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