Edición Nº 1655

 

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    1 de febrero de 2001
    Por AUGUSTO ELMORE

    A Nicolás Lúcar y a toda esa morralla del canal 4 que colaboró tan asiduamente con el fujimontecinismo (con c, de cinismo), el domingo pasado el tiro les salió por la culata. ¡Y qué culatazo! Primero la llamada casi instantánea del presidente Valentín Paniagua, a quien se pretendió manchar en forma torpe y grosera, y el enérgico e indignado rechazo que éste hizo de la infamia, colgándole el teléfono al infeliz conductor. Inmediatamente la presencia de Alberto Andrade, que con brío, brava indignación y decencia supo poner en su sitio al pobre conductor, que no atinaba a coordinar palabra alguna, pero que tuvo la osadía de calificar de calumnia la justa aseveración del alcalde de Lima de que ese programa obedecía designios del poder oscuro montesinista, designios absolutamente obvios ahora que se ha descubierto que el falaz individuo que se prestó a la maniobra fue chofer de la suegra de Lúcar.

    Todo quedaba así en familia. El "informante" desconocido, que resultó ser lo dicho anteriormente. Y Lúcar, casado con la hermana de quien recibía instrucciones de Borobio por encargo de Montesinos. Ahora sí quedó confirmado que el periodismo puede ser el más vil de los oficios, como dijo alguna vez don Luis Miró Quesada de la Guerra. ¡Qué tal escoria! Y qué lección la que le dio, verdadera bofetada en la cara, el Presidente actual de todos los peruanos.

    Después fue el turno del presidente interino del Congreso, Carlos Ferrero Costa, también incluido en la difamación organizada por Lúcar, que con igual energía desmintió la patraña.

    ¡Qué desesperados deben de estar Fujimori, Montesinos y sus sirvientes supuestamente periodistas para recurrir a algo tan burdo! Claro que no se sospecharon el nivel de indignación del Presidente provisional de la república, que estuvo a la altura de su fama y de su honor!

    Siento mucho que mi amigo Antero Flores Aráoz haya sido tan blando en su presentación, casi como si la cosa no fuera con él.

    Lo que dije al comienzo: un tiro por la culata. ¡Toma, mientras!

    ¡Qué bueno es echarle una mirada a las revistas antes de disponer de ellas! Es así como me encontré con un titular de "Cosas" en el que el señor Francisco Tudela van Breughel Douglas afirmaba lo siguiente: "¡Me siento orgulloso de la primera vuelta!" ¡Cómo se sentirá ahora!

    Y volvió Alan García Pérez con el mismo desparpajo con el que se fue. Sus años de cómodo asilo dorado en París parecen no haberle servido para nada sino sólo para pasarla bien. Sigue con esa incontinencia verbal que merecería un tratamiento médico diferente al que su médico le daba. Las manos juntas, en señal de oración pero no de arrepentimiento, se presenta igual-igual que hace diez años. Sus compañeros están que se frotan las manos ante la posibilidad de que salga elegido. ¡En ese caso se acabarían para ellos las vacas flacas, el desempleo, la imposibilidad de usar tarjeta de crédito pagada por el Estado! En ese caso remoto, volverán los almuerzos cotidianos en el Costa Verde y las francachelas sabe Dios dónde. Y luego de unos años volvería también ¿por qué no? (todos tienen derecho) Fujimori a hablarnos de Honradez, Tecnología y Trabajo. Así son las cosas.

    En número anterior de esta revista (1653) se dice que Alan García "Se viene como un tren…" Creo que se olvidaron de añadir como un tren descarrilado. De esos que todo lo destrozan a su paso, que es como quedó el Perú luego de su gobierno. Mismo Atila.

    Los únicos que tendrían algo que festejar en el caso improbable de que, por haber perdido la memoria el resto de la nación, saliese elegido Alan García, son los apristas. Porque así tendrán nuevamente chamba segura (aunque menos empresas públicas donde colocarlos, como ocurrió en la entonces Compañía Peruana de Teléfonos -en donde entraron 300 de un solo cocacho- y el Instituto Peruano de Seguridad Social, que les pagó el sueldo a algunos miles, entre muchas otras empresas e instituciones estatales). Volverían a gozar de tarjeta de crédito cuyas cuentas estarían a cargo del Estado y a almorzar y comer con invitados en el Costa Verde.

    En ese siniestro caso, que rechazo por supuesto, los que tienen sus pocos y muchos ahorros en dólares depositados en bancos peruanos, tendrían que ponerlos a buen recaudo, porque fueron miles y miles de ahorristas a los que se les confiscó la moneda extranjera que tenían, que les fue después devuelta en soles devaluadísimos. Esos fueron los grandes triunfos del aprismo.

    Creo que ya es hora que alguien ponga en práctica mi consejo de impedir, aunque sea por ley, que los equipos peruanos salgan a jugar al extranjero, llámense Sub-20, selección peruana de fútbol o cualquier otro. Porque cada vez que salen lo único que traen de regreso son goles en contra. Como ese vergonzoso, humillante, 4-0 que la U de Chile le metió a la U nacional.

    Pocas cosas más hermosas he visto últimamente que ese libro que se llama sencillamente (cómo no) "Tilsa", publicado gracias a la colaboración de Telefónica y el Museo de Arte de Lima. Siguiendo la huella de la gran exposición simultánea que realizaron ambas instituciones a fin del año pasado, "Tilsa" es una obra maestra que merecería estar en los anaqueles de todos los que aman la pintura y admiran a esa extraordinaria pintora peruana. Felicitaciones a sus autores.



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