Edición Nº 1651

 

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    28 de Diciembre de 2000

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Pucha, Los Extraño

    AY hija, me vas a decir que soy la evidencia exacta de la existencia del retorno de lo reprimido, traerás a colación las pulsiones sadomasoquistas de Melanie Klein y las tratarás de asociar con la entraña gangsteril del neoliberalismo ad portas del nuevo milenio y yo te daré la razón, hija, porque, ¿quieres que te diga una cosa?: ¡los extraño, los extraño a moriiiiiiiiiiir! ¿A quiénes? Monga, a quién va a ser pues, a los hampones del anterior gobierno, a El Innombrable, al pederasta Montesinos, a Siura, a Larraburro, a la Salgado, a la cabaretera recién levantada de la Gamboa, a la ogresa Hildebrandt, a Palomo, a Kouri...y en particular, como ya te podrás imaginar, a Martucha, ag, y familia, porque te lo juro, o sea, tuvo que borrarse del mapamundi la chola para darme cuenta de que ella, el maridete, la bebe y hasta sus tías (a las que no he visto ni en pelea de perros -perros chuscos, esos amarillos de construcción- pero me las puedo imaginar con una precisión social realista), pucha, se habían convertido en una familia sustituta para mí, pucha, que tengo una historia personal tan marcada por el desamor y la indiferencia, qué quieres que te diga, pero ese es ya otro problema.

    El asunto, hija es que el 24 de diciembre yo, como todos los años, pucha, fui a ver a mis ahijados que tengo en un pueblo joven y te lo juro, o sea, a mí frente a un pobre se me sale toda la sensibilidad social, y la individual también, porque ay no sé, o sea, será que caen las barreras que me impone la vida cool y por un efecto regio de teología de liberación, pucha, hago contacto conmigo misma y me emociono horrores por todo lo que me reprimo el año entero. Eso fue lo que me ocurrió con el Olgher's y la Jackqhelihnneh's, hija, que son los hijitos de mi lavandera y que te lo juro, pucha, les cambias los nombres a Blas y Altagracia y fácil pasan por tus adoptados, no sabes lo lindos que están, y encima con los patinetes que les regalé, regios.

    Bueno, la emoción que sentí allí fue lo que me hizo de pronto darme cuenta de que tenía un vacío horrible en el corazón y en la boca del estómago. El segundo no me preocupó tanto, yo sé perfectamente dónde duele Diego; pero el del corazón sí que me angustió horrores y me puse a explorar en mí misma hasta que, pucha, o sea, mirando ese Nacimiento de lavandera, hecho con unas manos percudidas por la estrategia de sobrevivencia, ahí hice conciencia de que Espichán es para mí como el agua para los peces y María Jesús Espinoza, como el aire para los pelícanos, qué quieres que te diga.

    Porque mira, o sea, una de las grandes cosas que la satrapía nos ha enseñado, es que cuando intentamos jugar con las reglas normales de un país normal, pucha, integrado por gente normal, la cagamos, hija, para decirlo con propiedad; es decir, nos aburrimos, tenemos que tomarnos a la solemne y creernos como nuestras, cosas que fueron diseñadas para otras tallas, hija, yo sé que tú me entiendes y no me hagas hablar más.

    Para comenzar, a mí el cholo Toledo me obliga a pensar en serio; pero no él, no vayas a creer que me he vuelto percusionista de Tiempo Nuevo a estas alturas de la vida: es el phaenomena. Es decir, cuando me viene a la cabeza esa viñeta de arybalo que es el luchador social de Toledo, pucha, inmediatamente se me arma en la cabeza un corso contra el tráfico, hija, de tanto pensar en todas las alternativas que hay que jugar para que lleguen al poder la sensatez, el sentido común, la cordura, la ponderación y -si en esas estamos- la GCU, y la verdad que eso, como que en los actuales tiempos ya está un poco más tranca.

    En ese sentido es que extraño tanto a los monstruos que se fueron, hija, porque no te obligaban a pensar en nada sino contra ellos, es regio para los nervios. A mí Martucha, ag, sólo me hizo reflexionar sobre las cuchufletas de la vida, o sea, en que cada día que pasaba parecía más un palo de bombo de lo flaca y cabezona que se había puesto; o que sus sastrecitos amarillos la hacían parecer una gramínea maltrecha, y te confieso que en los más hondos de mis abismos existenciales, pucha, me la he imaginado tirando con el maridete (esa no te la puedo poner acá pero es de campeonato, escríbeme a rafoleon@terra.com.pe si quieres que te la cuente); en cambio, ay no sé, pucha, una Lourdes Flores sí me hace sentir obligada a pensar en el rol de la mujer en el nuevo escenario globalizado del poder y te lo juro que me da una flojera tal que preferiría trasladarme en el tiempo a un año atrás, cuando todo era felicidad, pero como no se puede, pucha, habrá que prender un bate. Happy New Year. Chau, chau (Rafo León).



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