Edición Nº 1649

 

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    ARTICULO

    14 de diciembre de 2000

    La Fuga de VLADIMIRO
    La novelesca historia de la fuga de Montesinos mientras Fujimori lo buscaba por aire, mar y tierra, contada por los tres hombres que lo acompañaron en un periplo que comenzó en La Punta, llegó a Galápagos y concluyó en la Isla del Coco, frente a Costa Rica.

    Aventura por islas y mares vivieron con Montesi nos el capitán EP Javier Pérez (al centro), el suboficial Manuel Túllume (izquierda) y el mayor EP Alejandro Montes.

    LA siguiente versión, proporcionada por los tres militares que acompañaron a Vladimiro Montesinos en su huida una semana después de su retorno de Panamá, fue brindada a la congresista Anel Townsend y al periodista Guillermo Gonzales Arica y es una importante contribución para el esclarecimiento de los hechos que rodearon la última huida del ex asesor presidencial.

    Todo empezó el 23 de octubre cuando el mayor EP Alejandro Montes Walters y el capitán Javier Pérez Pezo fueron convocados por el coronel EP Roberto Huamán Ascurra a la Aviación Militar del Ejército en Chorrillos para que brindaran seguridad a Montesinos, quien acababa de llegar de Pisco luego de su inesperado retorno de Panamá.

    La convocación fue sorprendente puesto que los dos miembros del Ejército ya habían sido destacados a la Quinta y la Primera Región Militar, respectivamente.

    Montes y Pérez, desde 1996 hasta la huida a Panamá, habían estado a cargo de la seguridad personal del ex capitán. Por ello no les pareció extraño que fueran convocados por su comando para continuar con esa labor. Semanas antes, ambos, junto con otros ocho militares, habían sido convocados por el propio comandante general del Ejército, general José Villanueva Ruesta, para que acompañaran al `Doc' a Panamá. En esa oportunidad, se les dijo que se iba a crear una agregaduría militar en el istmo.

    Sin embargo, cuentan ellos que, a su arribo a Panamá, el 25 de setiembre los militares se dividieron en dos grupos que se alojaron en dos hoteles distintos, y a las 48 horas de su llegada fueron desalojados por el gobierno panameño.

    "No salimos en ningún momento del hotel ni tuvimos contacto con el doctor Montesinos", narran los dos oficiales.
    Fugó del Perú por mar, en travesía rocambolesca narrada por acompañantes.Derecha:Un velero parecido a éste es el "Carisma" de la historia.


    LLAMADAS DE FUJIMORI

    Otra es la historia que cuenta el suboficial Manuel Túllume Gonzales, con 22 años de servicios en el Ejército. El ingresó en 1992 al Servicio de Inteligencia Nacional al mando de Roberto Huamán Ascurra. Según su versión, él se encargaba de la reparación de equipos de comunicación (televisores, grabadoras, etc.), y el motivo por el cual, junto con la señorita Jacqueline Beltrán, fue el único acompañante de Montesinos tanto en su huida como en su retorno se debió a que Montesinos le dijo que tenía que comunicarse con el Presidente Fujimori, y sólo disponía de un teléfono que fallaba y al que había que ponerle códigos. "Es un teléfono encriptado, por eso necesita códigos". "Me dijo que tenía que acompañarlo para hacer el enlace con el Presidente. Cuando estuvimos en Panamá, el doctor Montesinos se habrá comunicado con el Presidente unas diez o quince veces".

    Túllume refiere, además, cómo hasta en dos oportunidades tuvieron que mudarse ante el acoso de la prensa de Panamá, y cómo Montesinos, a pesar de las circunstancias, hizo quedar a su masajista Carmen Alejandro en la ciudad de Panamá.
    Congresista Anel Townsend y Gonzales Arica, que recogieron testimonio cargado de revelaciones.


    Tras un mes en esa ciudad, Túllume regresa con el ex asesor. Aterrizan en el aeropuerto de Pisco, donde son recibidos por un general de la FAP, cuyo nombre no recuerda. De allí van hacia una base militar de municiones el Polvorín de Humay, al mando del coronel Jesús Zamudio Aliaga. En ese punto abordan un helicóptero que los transporta a la Aviación Militar de Chorrillos, donde esperaba el coronel Huamán Ascurra.

    De Chorrillos se trasladan, el mismo 23 de octubre, con Montesinos a una casa en Surco, ubicada en la calle Doña Rosa 263-267, Urbanización Los Rosales, de propiedad del arequipeño Juan Valencia Rosas, y de su esposa, Nelly Tovar Mendívil, dueños también de la casa de playa de Arica de que disfrutaba Montesinos.

    En esa casa de Surco permanecieron hasta el 29 de octubre Montesinos, los dos oficiales y el suboficial, y dos empleadas de origen ayacuchano. Townsend y Gonzales Arica han ubicado la casa por unos planos que los oficiales les entregaron. Ellos señalan que el miércoles 25, el comandante general José Villanueva Ruesta conversa con Montesinos y éste le dice a los oficiales que la orden del comando era que siguieran brindando seguridad al ex capitán.

    El sábado 28, Montesinos les informaría que les iban a dar de baja a su solicitud y que el comando del Ejército ya tenía conocimiento. Ese mismo día por la noche, Montesinos recibiría la sorprendente visita de su esposa Trinidad Becerra y de sus dos hijas.

    En realidad, fue una despedida, pues en ese momento les comunicaron que al día siguiente Montesinos y su séquito abandonarían el Perú.

     
    Sellos en los pasaportes certifican travesía en la nave de José Lizier (derecha).

    POR MAR, EN UN VELERO

    La noche del 28 llegó a la casa de Surco el coronel de la Policía Nacional Manuel Aybar, conocido como `El Cholo', y fue éste quien hizo el contacto con el empresario dueño del velero `Carisma' José Lizier Corvetto.

    Lizier era el propietario de la casa de playa de Naplo cuya propiedad se atribuiría a Alan García. Aficionado a la caza submarina, Lizier, 40, y quien suele darse maña para realizar prolongadas excursiones náuticas más de una vez al año hasta las islas Galápagos y Del Coco, a 700 millas náuticas frente al litoral de Costa Rica.

    Esa tarde Fujimori había destituido al general Villanueva Ruesta y al general Luis Cubas Portal, cuñado de Montesinos y jefe de la Segunda Región Militar que comprende la División Blindada.

    De acuerdo a Townsend y Gonzales Arica, el velero `Carisma' abandonó el Yacht Club de La Punta la madrugada del domingo 29. Consta en documentos de esa institución que los tripulantes eran Guido y Fidencio, y los pasajeros, Lizier y una dama de compañía llamada Alicia, una mujer blanca, alta y esbelta, que decía trabajar como anfitriona en Lima. En realidad, había otros cuatro viajeros: Montesinos, los dos oficiales y el suboficial. A Alicia le habían dicho que iba a estar sólo dos días dando vueltas en torno a San Lorenzo. Tuvo que darlas alrededor del doctor. Y la cosa fue más prolongada.

     
    En esta casa de Surco se refugió Montesinos, mientras lo buscaban por tierra, mar y aire. Telefoneó 10 ó 15 veces al ex asesor en fuga.

    DE LARGA TRAVESIA

    El destino era, en verdad, las islas Galápagos y la travesía duró seis días y medio. Llegaron a la isla Isabella y se hospedaron en la hostería Ballena Azul. Mientras Montesinos reposaba allí, allanan la casa de su esposa en Javier Prado y Fujimori exhibe la colección de ternos, corbatas y relojes de su ex asesor. El arribo ocurrió el 4 ó el 5 de noviembre. Las coordinaciones para este hospedaje habían sido hechas por una dama a la que los informantes identifican como Aurora Mejía Araujo. Según investigaciones de la congresista y el periodista, su nombre verdadero es el de Emma Aurora Araujo Guzmán, quien trabajó el año pasado como asesora de prensa en Cordelica.

    A Galápagos llegó una avioneta, contactada por Montesinos, procedente de Venezuela y que debía llevarlo a la patria de Bolívar. Pero el ex asesor se negó a abordarla porque la nave tenía que hacer escala en Guayaquil, y esto le parecía riesgoso, pues hacía sólo unos días, camino de Panamá a Lima, había hecho ya una escala, y consideraba peligroso una más.

    Es entonces que recibe el consejo de Lizier para ir a la Isla del Coco, en aguas costarricenses, e intentar que los recogieran desde allí. Tras una semana en Galápagos, a la isla del Coco habrían llegado el 18 ó 19 de noviembre. Mientras estaban en alta mar, CARETAS 1645 habla de los tres acompañantes del ex capitán.

    Los militares manifiestan que es en ruta a Galápagos que se enteran del destape de los US$ 48 millones y las cuentas en Suiza de Montesinos. Quien les hace este comentario es Lizier, el cual prestó durante el viaje su teléfono satelital a Montesinos.

    Alicia, que sin duda había sido sorprendida, tomó las de Villadiego en Galápagos. Los militares precisan que ellos intentaron hacer lo propio pero no tenían dinero. Para salir de la isla Isabella tenían que ir por lancha o por aire a Baltra, otra isla de las Galápagos, y de allí tomar un avión a Guayaquil. Cuentan que le manifestaron a Montesinos su deseo de no continuar la peripecia.

    Sin embargo, partieron hacia la Isla del Coco. Habrían arribado a ésta entre el 18 y el 19 de noviembre. A su llegada a ese lugar, Montesinos propone seguir ruta hacia el Caribe, pasando por el Canal de Panamá. Lizier es de opinión contraria, porque considera que sería sospechosa la dirección del velero.

    Montesinos se vuelve a comunicar con su misterioso amigo venezolano y éste le envía un velero, al cual se trasborda entre la isla y tierra. El mayor Montes, sin embargo, afirma no tener mayores referencias de esta segunda embarcación porque el trasbordo lo realizó de noche. Esto habría ocurrido entre el 23 y el 24 de noviembre.

     
    Mario Ruiz y Wilder Ramos eran los encargados de atender las llamadas más secretas.

    El mayor Montes Walters lleva al `Carisma' junto con Guido y Fidencio hacia Salinas, Ecuador. Entretanto, luego del trasbordo en que Montesinos, Aurora y Lizier se embarcan en la otra nave, Túllume y Pérez Pezo toman en Del Coco un crucero turístico denominado `Oceanos Agressor', que los lleva a tierra firme en Costa Rica. Los sellos impresos en sus pasaportes en esos puntos sustentan su versión. Quedan en comunicarse a los dos días, entre el 25 y el 28, con Montesinos; pero ellos ya habían decidido escapar. Es así como pierden contacto con el doctor.

    "Nosotros fuimos su seguridad desde 1996, cumpliendo las órdenes de nuestro comando", dicen los oficiales. "Sus secretarios personales eran Mario Ruiz Agüero y Wilder Ramos Viera. Sin embargo, Pérez Pezo relata que la primera semana de setiembre reemplazó a uno de los secretarios, porque le afectó una apendicitis, precisamente la semana en que Montesinos viajó a Moscú. Entonces él contestó algunas llamadas, la mayoría de los cuales pedían hablar con Ruiz o Ramos. Si éstos no respondían, colgaban el teléfono.

    Pérez recuerda haber conversado en ese ínterin con los dos congresistas Cáceres Velásquez, y que el motivo de la llamada de éstos era para solucionar un litigio de tierras en Puno. También recuerda una llamada de la congresista Martha Chávez.

    En suma, Montesinos, tras el transbordo nocturno, resulta hoy un personaje de paradero desconocido, y no precisamente en el Perú. A lo mejor su abastecedor de aviones lo ha conducido a un lugar remoto de la selva.

    Quizás a tierra firme en la costa de Manuel Antonio, lugar paradisíaco de Costa Rica, parque nacional tropical salpicado de islotes y pistas de aterrizaje, y colindante con Panamá. Bien puede haberlo recogido allí la avioneta de su misterioso amigo venezolano.



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