Edición Nº 1648

 

  • Portada
  • Nos Escriben...
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Lugar Común
  • Piedra de Toque
  • Mal Menor
  •  

     

     

    ARTICULO

    7 de diciembre de 2000

    Honor NIPON
    Tradicionales normas morales de un código que Alberto Fujimori no entendió.

    El escritor Mishima se suicidó al ver que no podía traer de vuelta los antiguos valores del Japón.

    Escribe
    TERESINA MUÑOS NAJAR

    UN samurai debe ante todo tener constantemente en mente, día y noche, desde la mañana de Año Nuevo, cuando toma sus palillos para desayunar, hasta la noche del último día del año, en que paga sus facturas, el hecho de que un día va a morir. Esa es su principal tarea. (El Código del Samurai).

    Durante setecientos años, a partir del siglo XII, la casta guerrera de los samurais gobernó el Japón con un código de honor -Bushido- que jamás se escribió (recién en este siglo se comenzó a pergeñar y difundir en occidente). No fue un reglamento ni una Constitución. No había un punto 1 o un punto 2. Este código se enseñaba con el ejemplo o con la mirada y su influencia, en las costumbres y ética japonesas, parece ser incalculable.

    Pero ¿qué tan japonesa es la población de origen japonés que vive en el Perú? La historiadora Amelia Morimoto, especialista en el tema de la inmigración japonesa a este país y autora de dos libros al respecto, se hizo esta pregunta en 1989, antes de realizar un estudio masivo con más de mil familias niseis instaladas a lo largo y ancho del territorio. El resultado de su investigación encierra la respuesta: el 92 por ciento de esas familias se declaró católica y todas ellas tenían como primera lengua el español.

    Sin embargo, por esa misma época, Amelia también descubrió la existencia de un "código de honor". "Muchas de las normas que aparecían en ese código -dice- eran iguales a las que se practicaban en nuestros hogares. No nos habían sido transmitidas verbal ni explícitamente sino mediante actitudes, ejemplos y sanciones".

    Ella recuerda que uno de los principios era la sobriedad. En las formas y en el vestir. Otro, el de decir siempre la verdad. "En la generación de mis padres no se veía bien que una mujer se vistiera de rojo o que las personas hablaran demasiado. Tampoco que se comiera exageradamente ni que se mintiera. Todo esto se sancionaba". ¿Cómo? "Con la mirada, con la mirada se sancionaba o se aplaudía". Cultura de sobreentendidos.

    Amelia sabe de otros tipos de sanciones. "Hubo ocasiones, lo sé por testimonios e historias, en las que este grupo se autorregulaba. Si había alguien que los avergonzaba -la imagen colectiva era fundamental- ellos mismos se encargaban de reunir dinero para deportarlo al Japón".
    Una conducta fracturada individualmente. Al lado, Kitsutani: "Perdonen que manche esta sagrada tierra con mi sangre".

    "Es muy difícil -señala por su parte el poeta José Watanabe- explicar cómo nuestros padres nos filtraron las normas morales, esos remanentes japoneses que todavía tenemos". "Como todo japonés -cuenta- mi padre era muy mesurado de maneras y yo -por algo mi madre es peruana- más expansivo. De alguna manera yo sentía que él reprimía mi modo de ser y creo que de cierta manera me hizo entender que debía ser más recogido". Sigue Watanabe: "En el corral del pueblo donde vivía de niño (Laredo), teníamos gallinas y pollos. El excremento de estas aves se iba acumulando y mi padre me pedía que lo limpiara. Con el gesto le decía que no y él no me exigía. Un buen día me levanté de buen humor y le dije: ahora sí voy a limpiar. A medio quehacer, los amigos me silbaron y me fui con ellos a jugar a los cañaverales. Cuando regresé escuché estas palabras: `Hoy terminas tu trabajo aunque sea de noche porque yo no te exigí, tú te comprometiste'". Esa fue una sanción moral.

    En consecuencia, ¿de qué forma puede haber violentado a la sociedad nisei la actitud de Alberto Fujimori?

    "Hay una mezcla de sentimientos entre la colectividad", afirma Amelia Morimoto. "Estupor, indignación y vergüenza, primero. Cierta calma reflexiva, después. No obstante, hay quienes también piensan en el seppuku, es decir, lo que las personas hacen por honor", asegura. "Yo creo -añade- que si Fujimori se hace el harakiri nos privaría de una explicación".

    "Si todos los peruanos hemos sentido vergüenza por lo de Fujimori -sostiene José Watanabe- los que somos de origen japonés o tenemos un ancestro japonés, hemos sentido un poquito más de vergüenza. Esta es una cuestión del alma que no la puedo explicar racionalmente. Tiene que ver con la imagen de mi padre, su migración, su sufrimiento, dos hermanos muertos en la guerra y eso no lo puedo racionalizar. Pero asumo, supongo, que siento un poco más de vergüenza, así como siento un poco más de orgullo cuando alguien me dice: qué buena la película de Kurosawa o qué maravillosa la pintura de Tilsa".

    A Watanabe, sin embargo, le preocupa mucho el carácter étnico que se le está dando al problema de Fujimori. Se explica: "Es un error conceptual tratar de entender a Fujimori desde lo japonés. Es como querer entender mi poesía o la pintura de Tilsa desde lo japonés. Eso es exotismo y todo exotismo es una forma de racismo". Le pregunto: ¿Acaso Fujimori no vendió una imagen japonesa con eso de "honradez, tecnología y trabajo"? Responde: "Fujimori utilizó esa frase como recurso político. Los, en ese momento, 90 años (recién se han celebrado los 100 años de inmigración japonesa) de laboriosidad, tesón y disciplina eran ciertos pero son las características que tienen todos los inmigrantes, de cualquier nacionalidad. Y no tienen el Bushido detrás. Otra cosa: La responsabilidad individual de Fujimori estuvo compartida con el equipo multirracial que gobernó con él. Y la multietnicidad es el mejor patrimonio que tenemos los peruanos".

    Respecto al harakiri o sepppuku, Jose Watanabe considera que hay muchas formas de hacerlo y que Alberto Fujimori ya se lo hizo.
    José Watanabe y Amelia Morimoto, autores de "La memoria del ojo", maravilloso libro sobre la presencia japonesa en el Perú.

    Un breve paréntesis para recordar, con Watanabe, dos célebres harakiris. El de Yukio Mishima, uno de los escritores contemporáneos más importanes y el de Seikuma Kitsutani, inmigrante japonés en el Perú. "Michima quiso recuperar los antiguos valores del Japón, entrar en el Bushido tradicional, se hizo militarista y aprendió artes marciales. Como no pudo lograr su objetivo se mató. Kitsutani tuvo mala suerte, manejaba el dinero de los inmigrantes pero su depósito de algodón en el Japón se incendió, su barco se hundió en las costas mejicanas y no pudo afrontar sus deudas. Se mató y con esa actitud, los que le dieron su dinero se sintieron resarcidos".

    Ahora bien, ¿Cómo explicar la actitud del gobierno japonés que acoge a Fujimori. Tanto para Amelia Morimoto como para José Watanabe, éste está en compás de espera, viendo cómo se desarrollan los acontecimientos para luego tomar alguna decisión.

    Lo que queda descartado de plano es cualquier tipo de revancha o venganza contra nuestros compatriotas de origen japonés. "Sólo he escuchado de tres casos aislados, el de tres turistas que han sido atacados física y verbalmente por ser japoneses", afirma Amelia.

    Lo que queda muy claro, más bien, es que Alberto Fujimori Fujimori, no comprendió las miradas de sus ancestros.

    ../secciones/Subir

    Portada | Nos Escriben... | Mar de Fondo | Heduardo | Culturales | Caretas TV | Ellos & Ellas | Bienes y Servicios | Controversias | Lugar Común | China te Cuenta Que... |
    Piedra de Toque |Mal Menor

    Siguiente artículo...

       

       
    Pagina Principal