Edición N 1647

 

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    ARTICULO

    1 de diciembre de 2000

    Paniagua En La Candela
    Son muchos los que se felicitan que este sobrio jurista cusqueño ocupe el sillón de Palacio de Gobierno en medio de una crisis descomunal y vertiginos.

    Apenas a una semana de asumir el cargo, el presidente de la República, Valentín Paniagua, confronta grandes tensiones y presiones simultáneas que se acumulan sobre la administración del país. A la impaciencia social, se suma una crisis fiscal sumanente seria, la necesidad de aprobar el Presupuesto a marcha forzada, la de estabilizar el frente militar, renovándolo, el de completar los cuadros ejecutivos en el nuevo Gobierno, así como enmendar los múltiples abusos del fujimorato en materia de derechos humanos y barajar la cascada de escándalos asociados al caso Montesinos -que si bien demuelen al anterior régimen-, también remecen la administración pública y el sector empresarial del país. Pero Paniagua a la vez, que ha podido juntar un gabinete estrella en tiempo récord y echarlo a andar rápidamente, mantiene la serenidad y pide calma a ciertos sectores que pretenden "catequizar a cristianos".

    Entrevista MARCO ZILERI

    EN Palacio de Gobierno, el flamante asesor presidencial Alberto Adrianzén parece entretenido, aunque fuma en cadena. Juntos hacemos antesala para entrevistar al nuevo Presidente de la República, a quien Adrianzén asesora. Hace sólo cinco días que llegó a la casa de gobierno. Los vericuetos de Palacio le son aún desconocidos y hasta sorprendentes. Una puerta se abre y emerge un nisei de mediana edad. Lleva un fajo de documentos, rostro cansado, y terno ajado. Es José Kamiya, el secretario general de la Presidencia de tiempos de Fujimori. También siguen en Palacio de Gobierno los edecanes militares del régimen anterior, el mismo decorado y tenues colores que Keiko Sofia Fujimori encargara a un diseñador español. Pasan los minutos. Se escucha una orden cordial: "adelante", dice. Pasamos al Salón de Embajadores. El presidente de la República, Valentín Paniagua, nos estrecha la mano. Tiene el pulso firme. Prende un cigarrillo. Pide que no le tomen fotos mientras fuma.

    -El hecho de que usted sea Presidente de la República es tanto más sorprendente si se considera que, en realidad, ni siquiera quería postular al Congreso.

    -En realidad, yo llegué sencillamente porque se suscitó algún pequeño problema en la conformación de la lista de Acción Popular, y me obligaron, en cierto modo, a postular en primer lugar.

    -Debido que usted era el secretario general de Acción Popular...

    -Por la misma razón integré la fórmula presidencial. Soy Presidente un poco al azar.

    -En realidad, tampoco deseaba asumir la presidencia del Congreso.

    -Sencillamente porque el grupo parlamentario de AP está integrado por tres personas. Por consiguiente no le correspondía en la práctica ni siquiera intentar una postulación.

    -Pero cuando finalmente se dio la crisis para suceder a Martha Hildebrandt, y se voceaba su nombre, esta candidatura casi se vio frustrada ante su insistencia en que la elección responda a un consenso.

    -Desde luego que sí, porque le correspondía, en verdad, a Perú Posible, que era el mayor entre los grupos parlamentarios democráticos.

    -¿Y cómo se siente llegar a la Presidencia de la República en sólo seis días y sin hacer campaña?

    -Una profunda satisfacción por el honor que comporta. A su vez, el peso de la gran responsabilidad y el temor de equivocarse.
    Paniagua logró convocar en tiempo récord un Gabinete de lujo. El primer Consejo de Ministros se celebró apenas una hora después de juramentar.

    -¿Usted imaginó en algún momento que la crisis se desencadenaría de esta manera?

    -Había algunos signos que la hacían prever. Pero no estaba en mis cálculos el que eso ocurriera y, desde luego, no hice el menor esfuerzo para que acontezca. Sin embargo, como ocurre muchas veces en la vida, la sucesión de las circunstancias provocó una situación tal en la que ya no tenía alternativa. Porque más allá de mis deseos había, y hay, un mandato constitucional que es inexcusable e ineludible y he asumido así la Presidencia.

    -Normalmente el período de transición de un gobierno a otro se realiza en varios meses. Usted no ha tenido ni horas.

    -El primer consejo de ministros se celebró escasamente a una hora de haber juramentado a la Presidencia, y cuatro horas después ya habíamos adoptado una serie de decisiones. Es una experiencia inusitada, sorpresiva y sorprendente, no sólo para nosotros, sino también para el país y, naturalmente, eso de algún modo puede habernos inducido a actuar con más prudencia que en cualquier otra circunstancia.

    -Ocho meses es un período muy corto para desarrollar un plan de gobierno, y al mismo tiempo, suficientemente largo para el desgaste político.

    -En la práctica no son ocho meses, son cuatro, porque el 8 de abril se produce la elección y, a partir de entonces, se inicia una nueva etapa de transición.

    -¿Usted recuerda en la historia del Perú una circunstancia parecida a ésta?

    -Podrían haberse producido en 1832 ó 1833. Luego al asumir el mando Manuel Candamo, en 1895, como presidente de una junta de gobierno civil antes de las elecciones en las que Nicolás de Piérola fue elegido diputado por Arequipa y luego, elegido por el Congreso, Presidente de la República. Y podría compararse también a la asunción del mando por don David Samanez Ocampo, en marzo de 1931, al renunciar Sánchez Cerro para postular a la presidencia, y se suceden en el gobierno el presidente de la Corte Suprema, el doctor Elías, el monseñor Holguín, quien era el arzobispo de Lima, Gustavo Jiménez y, finalmente, Samanez Ocampo, candidatura impuesta por una junta de gobierno que presidió Manuel Bustamante de la Fuente en Arequipa. Extrañamente Samanez era cusqueño también, igual que yo. Le tocó justamente presidir un gobierno de ocho meses tormentosos porque la campaña electoral de 1931 fue una campaña de grandes pasiones, de grandes multitudes. La democracia peruana dejó a partir de esa fecha de ser una democracia de elites para convertirse en una democracia popular, porque tanto en el aprismo como en el sanchecerrismo existían grandes sectores populares ideológicamente comprometidos, lo que no había acontecido en el pasado, hasta Leguía.

    -Y ahora lo tenemos aquí de inquilino a usted en el Palacio que construyó Leguía.

    -Claro está.

    -¿Y ya conoce más o menos su camino por Palacio?

    Sólo para entrar y salir. Es fácil perderse en los diferentes ambientes que hay, porque esto es enorme.

    EL RETO DEMOCRATICO

    -Sin duda, una de las primeras y gratas impresiones en la opinión pública es la calidad del su primer Gabinete. ¿Cómo resolvió esa primera tarea de su gobierno?

    -Creo que la clave radicó en el desprendimiento y la devoción patriótica de Javier Pérez de Cuéllar. Su presencia y la gravitación extraordinaria que su personalidad tiene en términos internacionales creo que indujo a muchas personas, que de no mediar su presencia,habrían dudado en prestar la colaboración entusiasta. Por eso estoy profundamente reconocido al doctor Pérez de Cuéllar y, naturalmente, a todos los ciudadanos que ahora nos acompañan en el Consejo de Ministros.

     
    El presidente Paniagua: "Aquí no hay un caudillo que ha sugestionado a las multitudes".

    -Una de las temores señalados es que el Gobierno corre el riesgo de caer en una campana de vidrio, con todos apoyándolo, pero pocos escuchándolo.

    -Los partidos democráticos de oposición, habiéndome prestado respaldo en el Congreso, lo han hecho también en la conformación del Gabinete. No obstante existir algunas discrepancias de ellos con algunos de los miembros del Consejo de Ministros, en un gesto que es patriótico y que no puedo silenciar, han declinado cualquier crítica en obsequio de darle al país la sensación de que hay aquí un equipo que representa verazmente a los sectores democráticos, y han apostado a la posibilidad de que este equipo, en términos generales, pueda servir al país.

    Esa circunstancia ha permitido que la imagen internacional del Perú, muy deteriorada en los últimos tiempos, no solamente se haya fortalecido, sino que haya proyectado una sensación de seguridad y de confianza que es absolutamente indispensable para resolver nuestros angustiantes y agobiantes problemas financieros.

    -¿Y cómo percibe la reacción de la opinión pública ante un gobierno que accede al poder de manera tan accidentada?

    -El pueblo del Perú ha recibido creo que con fe, con esperanza, la posibilidad del cambio, y eso es muy importante porque le ha dado un vigor y una fuerza extraordinaria al Gobierno que hemos inaugurado. Y todo esto sobre la base, tal vez, de lo que yo mismo dije en el Congreso. Aquí no hay un caudillo que ha sugestionado a las multitudes. Aquí no existe un liderazgo político inequívoco, ni una organización, sino hay lo que creo es una profunda aspiración nacida a la sombra ominosa de la autocracia que hemos vivido. La aspiración de vivir bajo el imperio de la Constitución y la legalidad. Por eso me permití citar al almirante Grau cuando señaló en 1872 que él reconocía como único caudillo del Perú a la Constitución.

    -De hecho la historia del Perú se caracteriza por el péndulo de la democracia al autoritarismo...

    -No, ha habido una neta predominancia de las autocracias. Dos tercios de la historia del Perú hemos vivido bajo imperio de autocracias militares o bajo vigilancia militar. Eso es, creo, lo que ha hecho que el Perú no progrese.

    Creo que la democracia es la dirección correcta del desarrollo económico y del progreso material. Porque constitucionalismo y desarrollo en la historia del mundo occidental han marchado siempre paralelos, y autocracia y subdesarrollo, en cambio, han sido los signos y los símbolos del atraso, de la pobreza y de la depresión moral y política de los pueblos.

    -Estamos entonces en el umbral del retorno a la democracia. Su tarea fundamental, lo ha dicho, es el de garantizar un proceso electoral limpio y transparente.

    -Que es bastante. A este Gobierno no se le puede pedir resolver lo que no resolvieron otros en diez años y no se le puede pedir que resuelva una agenda económica y una agenda social que requiere mucho más aliento y muchos más recursos y respaldos de los que tiene este Gobierno transitorio.

    -Y sin embargo en su mensaje a la Nación habló de la deuda externa y la necesidad de evaluar el proceso de privatización.

    -El próximo año tenemos que pagar US$ 2,100 millones por el servicio de la deuda, un volumen enorme para un país que exporta apenas US$ 7.000 millones. Frente a esa situación, hacer una mención del hecho es simplemente llamar la atención de nuestros amigos en el plano internacional, de nuestro acreedores, a que cooperen con nosotros en el cumplimiento de nuestras obligaciones.

    En relación a las privatizaciones yo me referí a hacer la investigación del destino de los US$ 9.200 millones que se obtuvieron porque el propio ministro Boloña publicó, en un gesto de transparencia que es plausible, los montos recibidos por todas y cada una de las privatizaciones efectuadas, y dijo que él podía explicar el destino de parte de esos recursos pero que no estaba en condiciones de explicar lo demás. Esta era una suerte de reto para el Gobierno que no podía dejar de recogerse, y creo que es indispensable que el país sepa.

     

    Con CARETAS: las complejidades de la transición.

    LA PESADA HERENCIA

    -¿En qué situación encuentra las finanzas del país?

    -Sobre ese punto quisiera ser sumamente prudente por la sensibilidad que hay en el aspecto financiero y económico. Pero en términos generales es una situación angustiante que ha exigido la adopción de medidas urgentes.

    -Boloña adelantó una reducción en el presupuesto de Defensa de 10 %. ¿Cree usted que el recorte puede ser mayor?

    -El ministro de Defensa ha propuesto algunas medidas que serán públicas en los próximos días, de recortes drásticos de algunos gastos absolutamente superfluos. Pero no sólo allí, sino en todos los otros sectores y ámbitos de la vida nacional.

    -¿Usted cree, en términos generales, que en estos ocho meses se pueda lograr algún grado de reactivación económica o de alivio social?

    -Nosotros no somos un Gobierno elegido por el pueblo que traiga un programa de gobierno y, por lo tanto, no podemos cambiar sustantivamente las condiciones ahora imperantes. Algo imagino que puede hacerse porque lo ha señalado el ministro de Economía, pero en cuatro meses de gestión real, y en ocho de gestión formal, me temo mucho que no es muy grande la posibilidad de modificar la situación imperante. Algunas medidas, eso es evidente, se van a adoptar para revertir los términos de una situación muy adversa a la iniciativa privada, particularmente nacional.

    -¿Considera que parte del andamiaje del poder de Montesinos sigue vigente? ¿Así por lo menos lo piensa el ex presidente Fujimori desde el Japón?

    -No sabría decirlo. Creo que ése es un tema sobre el que el ministro del Interior, general Antonio Ketín Vidal, con el conocimiento que tiene de estos problemas, podría dar una luz mayor. Nosotros hemos hecho, y me refiero al Consejo de Ministros, lo que nos correspondía, esto es poner fin a la hegemonía formal de algún conjunto de altos oficiales de las Fuerzas Armadas que aparente y realmente podían tener vinculación con el ex asesor presidencial. En todo caso hemos adoptado medidas orientadas a reinstitucionalizar la Fuerza Armada.

    -Ciertos sectores civiles consideraron que el ministro de Defensa debió haber sido un civil. ¿Por qué se optó finalmente por nombrar a un militar?

    -Pudo haberse tomado esa decisión, y estoy seguro que la Fuerza Armada la habría aceptado. Yo tengo la impresión de que en la Fuerza Armada hay ahora un sentimiento distinto al que todos imaginamos. La primera víctima de Montesinos ha sido la Fuerza Armada. Nosotros distinguimos perfectamente entre lo que son los miembros de la Fuerza Armada y lo que ha sido la conducta inconveniente, perversa o incorrecta de Montesinos y de algunas pocas personas que lo han rodeado. Hoy día todos en la Fuerza Armada pueden estar absolutamente convencidos de que se respetará la ley, los méritos, el esfuerzo, y eso es lo que debe ocurrir siempre.

    EL CONGRESO Y LAS ELECCIONES

    -¿Confía en esa bancada de independientes en el Congreso -tránfugas incluidos- sin la cual los sectores democráticos no tiene mayoría?

    Este Congreso puede haber tenido muchos defectos, pero tiene el mérito, en todos los sectores sin excepción, de haber reconquistado, unos porque lucharon largamente, y otros por haberse rectificado, para reinstitucionalizar constitucionalmente la democracia al aprobar todas las normas que se consensuaron en la mesa de diálogo de la OEA. Al sancionar el Congreso de inmediato dichas normas, creo que le hicieron un señaladísimo servicio a la democracia en el Perú y ése es un logro que no puede capitalizar nadie. Se aprobaron por unanimidad. Yo creo que esto es importante destacarlo porque al Perú hay que amarlo, amarlo por cierto en sus grandes aciertos, y amarlo también en sus desfallecimientos y en sus caídas.

    -Es muy probable que en las elecciones generales sean muchos los candiatos a la presidencia -quizás más de 10-, y muchos más para el Congreso, debido en gran medida a la reducción de firmas que se requiere para la inscripción. ¿Considera que eso es bueno para la democracia o conspira contra ella?

    -En primer lugar, diría que el número de firmas para inscripción de partidos debería haberse reducido más porque participar es un derecho ciudadano.

    A su vez, demagógicamente en el Perú se ha establecido un número muy pequeño de representantes en el Parlamento. El Perú no puede tener hoy menos representantes que diputados en 1920. Ese año el Perú tenía 135 diputados cuando tenía escasamente cuatro millones de habitantes. Tampoco puede tener la misma cantidad de representantes en una asamblea parecida a la de El Salvador, un país de 20.000 kilómetros cuadrados y escasamente cuatro o cinco millones de habitantes.

    La solución no está en restringir la participación popular. Incluso permítame decirle que esa Ley de Partidos que se reclama en el futuro debe contemplar incluso la existencia de partidos regionales como hay en todas partes del mundo.

    Pero existen mecanismos de limitación del número de partidos. Sin duda, la gobernabilidad tanto en el Congreso como fuera de él depende un mayor o menor número de partidos. El promedio de partidos parlamentarios en América Latina es de seis o siete. El Perú estaba por encima de ese promedio, y eso no es muy conveniente.

     
    En el sillón caliente del despacho presidencial, tal como lo dejó Fujimori. Una pequeña TV de circuito cerrado transmite imágenes de la reja de Palacio tomadas desde los altos de la casa de gobierno.

    -¿Cómo debiera entonces el Congreso sancionar el debate sobre el distrito electoral: múltiple o único?

    -El sistema electoral de distrito nacional o único el efecto que tendrá es la multiplicación de los partidos, por lo mismo permite una exacta proporcionalidad permite que hasta el más pequeño pueda tener un asiento. Entonces multiplica. En cambio, el distrito múltiple, tiene un efecto típicamente conocido de reductor de partidos. Este es el primer elemento reductor de partidos sin sacrificio de la participación popular y la asociación política. El segundo mecanismo reductor es el propio sufragio. El pueblo del Perú, si se examina los resultados electorales, al final siempre polariza su decisión entre dos grandes candidaturas o a lo más tres, que es exactamente lo que ocurre en todos los grandes países del mundo. Hay que confiar en el pueblo que tiene una intuición certera para encontrar el camino apropiado y resolver este problema.

    -¿Cuál sería a su juicio el número ideal de curules?

    -No hay un número ideal pero creo que la Constitución de 1979 establecía como número razonable de senadores y diputados. Una Cámara de Diputados de 180 o tal vez menos, 150, sería mucho más razonable que lo que hoy tenemos. Pero en fin, esos son sueños hoy porque la situación del país no lo permite. Habría que modificar la Constitución.

    FUJIMORI Y LAS "ESCUCHAS"

    -Con respecto al ex presidente Fujimori, la comisión investigadora del Congreso sobre el caso Montesinos ya lo ha citado y el procurador Ugaz lo ha incluido dentro de la investigación. En caso de que se plantee su extradición, ¿su presidencia va a colaborar con este esfuerzo?

    -A mí no me corresponde hacer juicios de valor sobre la conducta del señor Fujimori. No me corresponde investigar porque eso está en manos del Congreso y del Ministerio Público. Para eso hay un procurador además. Me corresponde sí, según lo manda la Constitución, cooperar con las autoridades judiciales para el cumplimiento de sus cometidos, y me corresponde cumplir y hacer cumplir las decisiones judiciales. Si llegara el caso de tramitar una extradición, el Poder Ejecutivo tiene un papel que cumplir, y lo cumplirá.

    -¿Recuerda un caso como el de Montesinos en el pasado?

    -No.

    -¿Se le ocurre algun mecanismo legal adicional para prevenir situaciones semejante en el futuro?

    -Ahí tiene la Constitución y punto. Si el Congreso hubiera cumplido con su función fiscalizadora y el Ministerio Público hubiera hecho lo propio con las responsabilidades que le concernían, creo que hace tres o cuatro años este problema hubiera quedado liquidado, y esta sombra siniestra que se ha proyectado sobre la vida del país y sobre nuestro sistema político habría sido despejada.

    -¿Ha tenido tiempo de limpiar las "escuchas" en Palacio? ¿Nos están escuchando?

    -Se han tomado algunas precauciones desde luego. Imagino que tenemos ya un mínimo de seguridad para poder conversar libremente.


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