26 de Julio de 2000


REVELACIONES

Por PERCY ESPINOSA ACOSTA

(Ad Baculum)

UNO

Ya faltan pocas horas para el año 2000. La Serpiente está en una de las bancas del parque. Desde aquí arriba lo veo con la cara larga. En una mano tengo un six-pack y en la otra una botella de champán. Bajando casi a tientas por las escaleras estoy dejando atrás la música, el olor a aderezos y esta alucinante alternancia de oscuridad y luces de colores. Es la quinta vez que Los Pakines tocan `El Venao' y de veras que doy gracias al aire fresco de la calle. Camino. Garúa y comienzo a hundirme. Entre cartones viejos, botellas rotas y vísceras de pollo las cucarachas asustadas corren tropezando entre ellas. Algunas son tan grandes como pericotes y hasta pueden volar, entonces son como murciélagos. Deben ser como mil, quizá una más, quizá una menos, quizá son ciento cuarenta y cuatro mil, pero a quién chucha le importa. Hola, Juanito. Desde ya, siento dentro de mí un desasosiego, una inquietud, un remordimiento inevitable. Me estoy perdiendo la fiesta del milenio por culpa de los estados depresivos de este huevo frito. Hola, Serpiente... ¿te animarás a subir? Él se pellizca la barbilla y mira hacia el hogar que le fue negado. Puta, no sé, huón; creo que todavía no... más bien ¿sabes? he hecho un exhaustivo análisis de mi problema con las mujeres ¿quieres escucharlo? Bueno, si no hay más remedio.

DOS

Hipotética noche de verano pero hace frío. La ventisca gélida con olor a mar y a podredumbre se cuela entre nuestras ropas. Hace una perfecta combinación con lo que escuchamos de allá arriba. Y ya van seis veces que tocan `El Venao'. Un perro vago sale chapoteando del pasto y se nos acerca curioso. Trepa como una cabra loca por la montaña de desperdicios. Tiene un trapo enredado en una de sus patas. La Serpiente lo ayuda a liberarse de su estorbo y el can agradecido mueve la cola. Parece una oveja pero gimotea con voz de dragón. Recibe con aire sumiso los cariñosos golpecitos que La Serpiente le da en el cráneo y cuando éstos cesan su nariz húmeda y metiche reclama que continúen. Creo que las mujeres me toman por maricón. Maricón. La palabrita de marras me toma por sorpresa en medio de un bostezo y lo congela. Maricón. Estoy en guardia por si las dudas. Maricón, sí; no te sorprendas; al principio pensé que tenía mi jale con las jermitas que estaban en algodón pero ya me di cuenta de que la nueva moda de las chicas bonitas es hacerse amiga de un rosca y tenerlo de llavero. Termino de bostezar. Suspiro y le echo una miradita torva. Oye, huevonazo; en primer lugar, de rosca te quedas solo y en segundo lugar: nunca te he visto acompañado de una costilla que valga la pena, así que quítate esas cojudeces de la cabeza y vámonos de una vez arriba. La Serpiente sube los pies al asiento y se zambulle entre sus rodillas. Todavía no quiero ir, huón; `ta monse la música.

TRES

Las luces tenues del parque oscilan y Los Pakines dejan de tocar. Oigo voces de protesta, algunas lisuras, también risas. Parece que la están pasando bien allá arriba ¿no te parece? Así parece, murmura. La Serpiente sin dejar de tasar a una fulana que ha salido al balcón. Una zambita embolivia a punto de reventar. Parece algo sucia, pero (eso sí) tiene bonitos ojos. Ella mira el horizonte mientras bebe un vaso de cerveza. Oye, huón entonces si así parece ¿qué diablos estamos haciendo aquí? Hay que quedarnos un rato más, huón. Oe, cuñao; ni de vainas van a poner tu jevimetal. ¡No es Heavy Metal! -restalla La Serpiente, pero luego baja la voz- ...es noise core post-industrial. Quééeéé. Ay, mujer/ la gente anda diciendo por ahí... el perro se pone alerta y ladra. Tiene una cicatriz en la cabeza. Está de pie y en posición de ataque. Alguien orina apoyado en el tronco del árbol que mi abuelo solía decir que plantó y que a mí de chico me gustaba trepar. Me parecía que llegaba hasta el cielo. Apenas puedo ver la silueta de un hombre muy alto y corpulento, casi un gigante. El animal gruñe y se le va acercando con cautela y que no me digan en la esquina (el venao el venao) el hombre intenta retroceder vacilante y se moja el pantalón. Es Miguel, el favorito del Rey de la Papa y con seguridad su futuro yerno; príncipe de los mocasines blancos, las camisas floreadas sin abotonar y las cadenitas y esclavas de oro; galán de todas las polladas por excelencia y muy temido en varios kilómetros a la redonda son rumores son rumores. No puedo evitar reírme.

CUATRO

La música de Los Pakines continúa revoloteando sobre las copas de los árboles y rebotando contra los cerros. Todos bailan menos ella. La Serpiente la mira mirar el horizonte. ¿No te parece hermosa? Está vestida del sol y tiene la luna bajo sus pies. Puta, no creo que sea para tanto... más o menos tirando para menos, tiene un color que puta, no sé, parece que la jermita nancy que verta con aguayo. Él no me hace caso. Finge que está ebrio. Ella parece que se va. Atraviesa el ventanal que tenía detrás. Sin querer se engancha a su pelo el adorno con doce estrellitas doradas que colgaban del marco. No entiendo por qué siempre las jermitas terminan coronándome, pero ya me las van a pagar todas juntas, no se imaginan con quién se han metido; me voy a vengar de todas las mujeres del mundo. Ah, sí? Fuerzo un gesto de extrañeza. Él prosigue con sus desvaríos. Juanito, júrame que no te vas a paltear cuando te revele mi verdadera identidad. Sí, juro ¿cuál es tu verdadera identidad? No te frikees, ah. No pasa nada, ¿cuál es tu identidad? Seguro que estás preparado para la noticia, no? Sí, ya te juré que sí; si quieres que lo haga por Dios, la patria y los santos evangelios, dime nomás, Ahggg! no! me quema! me quema! Por favor, no me vengas ahora con que eres un vampiro. No, huevón; soy Satanás, la serpiente que tras mil años de encierro ha salido a conquistar el mundo. Puta que te avivaste ja ja, oye, pero y cómo el Diablo no era ese huevón de Marilyn... ¿Marilyn Manson? no, qué va; ése es un payaso, lo que él hace es una huevada alternativo-comercial, no hace falta que lo queme, él solito se está quemando, allí lo quiero ver cuando pase de moda. Él no tiene un ferro en el bolsillo. Ella está embolivia. Él habla cojudeces y después se queja de que nadie lo empelota. Es un espectáculo penoso del que de alguna manera pienso sacudirme. Oh, tu Satanás; príncipe de los jevimetaleros (o perdón) príncipe de los noiscorpostindustrialeros; ángel más sabio y así mismo el más bello; extiende tu báculo sagrado hacia mí y ten piedad de mi larga miseria. Pendejo te crees, huevón; lo que te voy a partir es esta botella en la mitra. Oiga, señor Satanás, no se sulfure, a todos nos gusta su música, pero lo que el público quiere saber es por qué lo botaron del cielo. Le acerco mi puño como si fuera un micrófono. El se coloca unas gafas para sol, tuerce la boca, suspira y se encoge de hombros. Toma un gran trago de cerveza antes de empezar a hablar. Bueno, la verdad es que a mí me botaron del cielo porque para destechnocumbeizar un poco a la gente, se me ocurrió armar una pachanga noiscorpostindustrialera; osea, tú sabes: aprovechando que el dueño de la jato se iba a quitar una semana para crear el universo y tanta huevada y puta, todo iba de la refurinfunflais hasta que por ahí alguien me tiro dedo con el viejo que pa' concha regresó recontra azabache porque no sé qué jermita se comió no sé qué fruta y de eso también me echaron el pato... de verdad, no te rías... alucina que el viejo comenzó a gritarme delante de todos, hasta que yo, que estaba medio picadín, ya no pude más y le contesté: "aguanta el carro, cocharcas joseleal; lo que pasa es que odias porque soy lindo y tú eres un viejo cabrón que se chorrea porque alguien como este pechito le mida el aceite de vez en cuando, sííííí" puta, todos se cagaron de la risa y así, por esa huevada nada más, me condenaron mil años a amasar hostias y como también me puse sabroso con el panadero me encerraron en el horno, me dijeron que para siempre. Él vuelve a subir los pies al asiento. Y dígame, señor Satanás, a la franca ¿no ha pensado usted en pedir perdón? ¿no se siente un poquito mal? Sí pero, tú sabes, loco: el orgullo. Y otra vez se zambulle entre sus rodillas.

CINCO

Ya no garúa, llueve de verdad, y detrás de los cerros parece que relampagueara. He sacado un par de mixtos. Quedan otros cinco en mi bolsillo. Noto al muchacho más tranquilo. Tu problema con las mujeres es que sencillamente las atraes porque tienes cara de buena gente pero después las aburres con tu floro. Hay cientos de gotitas sobre su casaca de cuero. Él tiene ahora los ojos entrecerrados y la cabeza se le balancea tristonamente de un lado para el otro. A veces su pelo le tapa la cara casi por completo en uno de esos vaivenes. Juanito,... yo te quiero; a la franca; tú eres mi cápsula, mi yunta, mi broster. Su cabeza ha caído en mi hombro. Fuiiira de acá, cabro conchetumare. Pero su mano, con firmeza inusual, me tiene cogido un brazo. Parece que me lo que quisiera arrancar de raíz. No, en serio, Juanito; yo te considero un amigo, un buen amigo. Hace el ademán de romperme una botella en la cabeza (oe, no suave, compare) y termina riéndose. Siéntate mejor, cuñadito; sí sí; ya sé que me quieres bastante, pero siéntate. Oe, cuñao; no te paltees; cuando una a los pueblos dentro de mi nación, tú tendrás un lugar junto a las estrellas. Ah, vaya, gracias, espero que también denuncies los males de la verdad y el amor. Cómo no cómo no, más bien, oye; yo quisiera agradecerte (no, no te voy a abrazar) yo quisiera agradecerte por todas las molestias que te tomas por mí, yo sé que ahorita quisieras estar allá arriba bailando tu chicha, tu technocumbia, no sé, esa huevada que a ti te gusta, pero estás aquí conmigo y no creo que sea por que me guardes alguna lástima o me tengas pena ¿o me equivoco acaso? Puta, no sé, huón ¿tú qué crees? Él me mira de soslayo por un instante y se sonríe apenas. Esta vez soy yo quien le pone la mano en el hombro. No, no es por pena, tú sabes que no es así, estaba bromeando; creo que eres un buen chico y por las puras te estás haciendo bolas por huevadas que no valen la pena; te lo digo como amigo: la solución está en ti, no dejes que las mujeres te pisen la cabeza, no dejes que te traten como hijo todo el tiempo, quítate ese polo de Pokémon. Él me mira, ya no de soslayo sino de frente y empieza a reír. Es una carcajada horrible que se mezcla con sus sollozos. Por un instante casi acalla a la música. Juanito, cabro de mierda, viejo amigo ¿tienes más orégano?

SEIS

La música se ha vuelto a detener y esta vez ya nadie dice nada. Las calles se llenan de lucesitas rojas y del eco de pasos apurados. ¡Documentos! Detrás de nosotros una voz ronca y potente nos traspasa. Yo me mantengo sereno pero La Serpiente se frikea bien feo. Puta no, jefe; osea él sí los tiene, ves? pero yo, puta, osea me los he olvidado en mi jato. ¿Y dónde vives? Puta, yo vivo en... en... aquí abajito nomás, huón. Oe, conchetumare, déjate de huevadas, a mí no me vengas con vainas. Veo el rostro de ambos, el tombo con su cacharro recontra matadazo como si se hubiera afeitado con vidrio y el de él pidiendo clemencia, con los ojos empequeñecidos y la sonrisa nerviosa pobre diablo y mi mano torpe, adormecida, incapaz de encontrar alguna moneda que darle al indio este para que se vaya y ya no lo joda. Déjalo así nomás, que me lleve; tú qué sabes... a lo mejor aprendo algo nuevo y... pero, puta, me demoro casi mil años para escapar del infierno y aquí me agarran de huevón. Ya, ya, camina nomás, carajo.

SIETE

El vehículo de la policía se incrusta en las calles. Ellos prometen volver para los abrazos. Vuelve la música. Las lucesitas rojas poco a poco van desapareciendo. Sardónica sonrisa en mi rostro. Cómo le encanta ensañársela con los chibolos al indio este del Huallanca. Doy una pitada. El aire se entibia y me atrapa en su densidad gelatinosa. Volteo. Es Miguel. Me mira contento mientras las montañas retumban y mil rayos caen del cielo, quizá uno más, quizá uno menos, pero a quien chucha le importa. A unos diez metros de mí, o tal vez a nueve o a once, el cadáver de un perro degollado empieza a manar sangre en abundancia. La escucho anaranjada y fosforescente. Estoy cubierto por ella hasta las rodillas. Huele tan mal. Siento los músculos de mi cara convulsionarse y contraerse contra mi voluntad. Hola, Juanito; qué feo lo cagaste ja ja... el domingo que viene va a haber una frejolada, quiero que me contrates a Guinda o a Aguamarina... vas a escribir todo lo que viste y oíste pero espérate a que regrese para dictarte. Eructa. Un remolino de hojas secas nos envuelve. La risa de Miguel es un estruendo de aguas y de trompetas que vienen de todos lados. Entonces es cuando abre sus alas, levanta vuelo y el parque se ilumina. Mis alas no tardarán en abrirse también pero tengo que esperar. En el cielo, unos ojos bonitos y tristes nos observan: entretanto, la santidad ya empezó a evaporar el rocío que hay en mi cabello.

 

 

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