Edición Nº 1626

 

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    6 de Julio de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE


    LOS seguidores de Ezequiel Ataucusi dicen que esperan que su líder resucite. Mejor vayan tomando asiento, compañeros. No vaya a ser que se cansen.

    Dicho lo anterior con todo respeto a sus luengas barbas.

    Durante una exposición del congresista Ernesto Gamarra cuestionando el nombramiento de la señora Higaonna -decidido, como todo, en Palacio-, pese a estarse dirigiendo como es de reglamento, en forma directa a la señora Luz Salgado, presidenta de la subcomisión encargada del asunto, ésta no hizo otra cosa que leer impertérrita papeles y hojas que tenía delante, sin molestarse ni siquiera una sola vez en levantar la vista y mirar o, por simple cortesía, aparentar escuchar al congresista, desdeñándolo ostensiblemente, en abierta provocación. Pese a eso, el citado congresista, que parecía hablar al vacío, no fue capaz de hacerse respetar llamándole la atención y diciéndole, por lo menos: Suplico su atención, señora presidenta. O le ruego escucharme, señora presidenta. ¡Qué tal desaire! ¡Tan aceptado desaire!

    Nuevamente, y en forma inexplicable en un país como el Perú, el gobierno decretó un fin de semana extralargo para la administración pública. En una semana de siete días sólo se trabajaron tres. A ese respecto sólo caben dos posibilidades: una, que el gobierno sabe que no hace falta la administración pública y que da lo mismo si trabaja o no trabaja, y, dos, fue una estrategia de enfriamiento de las manifestaciones populares y la tensión relativa a la visita de la misión de la OEA. El resultado siempre será el mismo: los empleados del sector estatal ya se están acostumbrando a no trabajar. Pronto van a decretar San Lunes, como existía en la Argentina de Perón. Y los días de la semana de trabajo peruana terminarán finalmente siendo tres a lo sumo. ¡Qué paja, tío! ¡Así se progresa, macho!

    Más de la mitad del país no cree en absoluto en ese inmenso truco que el gobierno le ha vendido a la misión de la OEA: que tiene intenciones de democratizar el país, desmontando el andamiaje autocrático que durante años ha creado con toda minuciosidad. La lista es muy larga, y las intenciones verdaderas del gobierno han quedado explícitas en el informe de la señora Mellado, en el que se ha encubierto a los que presuntamente fueron los verdaderos culpables (Medelius y Absalón Vásquez) para achacarle la culpa de la millonaria falsificación de firmas, entre otros, a los testigos y al diario y el canal que hicieron las denuncias. La investigación de la señora Mellado es un verdadero y revelador escándalo. También se han hecho ostensibles las intenciones gubernamentales con el nombramiento de la señora Higaonna como Contralora General de la República, cargo desde el cual el gobierno se encargará de encubrir cuentas y entuertos. Para que la cosa sea más clara ese nombramiento fue hecho en las narices de la OEA.

    No existe ninguna garantía para los peruanos libres en un tercer gobierno fujimorista. Para eso es que se ha comprado a los parlamentarios vendidos. Dominando el Ejecutivo, el Congreso y las Fuerzas Armadas, toda democratización es de antemano falsa. Y nada podrá hacer ninguna misión de la OEA para impedirlo.

    Si fueran necesarias más pruebas de las verdaderas intenciones gubernamentales respecto de la tan mentada como negada democratización del país, Seguridad del Estado, por disposición del Ministerio Público, ha citado a los dirigentes estudiantiles atribuyéndoles responsabilidad por los desmanes producidos en algunas manifestaciones últimas (probablemente fomentados por provocadores infiltrados). Que se sepa ni el Ministerio Público ni Seguridad del Estado han citado jamás a los directivos de Sitramun, varias veces culpables de las muchas tropelías y destrozos cometidos en el Centro Histórico de Lima en contra del alcalde metropolitano. La ley del embudo. Así es y así seguirá siendo, con o sin OEA.

    En el caso de los estudiantes citados, lo que se trata es de impedir o desanimarlos de participar en la marcha de los cuatro suyos. Lo mismo sucede con la responsabilidad que el Congreso le quiere atribuir a quienes denunciaron (testigos y comunicadores) la monstruosa falsificación de firmas. Con ello se busca dar un mensaje a todos aquellos que en el futuro pretendan denunciar algo. Si lo haces, te fundes, como se decía antes.

    ¡Qué tal democratización!

    ¡Qué tal ejemplo el de las elecciones mexicanas! Allí el candidato oficial no alcanzó a repetir la presidencia para su partido, resultando ganador el opositor. ¡Qué tal contraste con lo que aquí ha sucedido y sigue sucediendo!

    Ahora resulta que según el organismo, oficial, claro, que determina los índices de inflación ha descubierto que la del mes pasado ha sido una de las más bajas del año. Y cómo no va a ser esto cierto si dada la recesión y el bajo nivel de las ventas en general, no hay empresa comercial que no haga descuentos de 60 y hasta 70% con tal de vender aunque sea algo. Además la gente no tiene qué gastar, por lo que los precios se vienen abajo. Aquí, puede vanagloriarse de ello el gobierno, los precios no suben sino bajan. Y con los precios bajamos todos. Menos los congresistas, por supuesto, que se aumentan cuando les da la gana.


     

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