Edición Nº 1626

 

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    6 de Julio de 2000
    Por LORENA TUDELA LOVEDAY
    Pucha Campaña Internacional

    AY, ya no veo la hora de que los gringos hagan en otra parte que no sea Miami su aeropuerto de conexión con el sur del mundo, hija, porque está bien que una sea peruana, adore a la vicuña, cante marineras limeñas cuando toma pisco de (su) chacra, valore nuestra platería colonial como nadie y sea capaz de dar la vida -misma Alfonso Ugarte- por una papa rellena, y otra muy distinta es que tenga que pasar la aduana del aeropuerto de Miami al lado de Luz Salgado y familia, y que encima la funcionaria (fea y tortona como un camionero en su día libre), nos diga: "hey, peruvians, everybody here, far from the usefull people", ¿te puedes imaginar?
    Bueno, así fue, yo regresaba la semana pasada de mi dentista en Palm Beach (porque el ortodoncista que está en Tennyson, es una huevada, uno te pone la anestesia y para que el otro te opere tienes que tomar un vuelo local) y ya pues, o sea, estaba tratando de pasar la aduana y ocurre lo que te acabo de contar y bueno, qué quieres que te diga, o sea, no te voy a describir a la Salgado y su tropa en ese enviroment porque no me gusta mucho el Parque de la Identidad de Huancayo, yo sé que tú me entiendes.
    A lo que voy es a lo importante. Cruzo la aduana, paso a otra tortona obesa que me mete mano so pretexto del cártel de Lima, vuelvo a pasar una puerta detectora, etecé, etecé, y cuando estaba a punto de llegar al salón VIP de American -que es cuanto cabe de la cholada pero al menos no ves al Marlon Salgado sacándose los mocos con una mano mientras con la otra se trambucha un donut del tamaño de una llanta de tractor- bueno, se me acerca un joven vestido de azul oscuro con medias blancas y me pide mi pasaporte y claro, cuando le vi la tenida yo me di cuenta de inmediato de lo globalizados que estamos.
    "Pase pol acá", me dijo el joven, con su acento de Buenavista Social Club, y yo con mi acento de Villa-María-Antes-de-la-Catástrofe, le contesto, "no puedo, estoy muy ocupada". Como única respuesta sacó un carnet de la INTERPOL y con la ceja hizo una seña, que produjo, hija, que siete iguales se aparecieran pero no sé de dónde, y entre todos, o sea, me llevaran cargada a una sala donde me hicieron sentar, custodiada por otras dos tortonas pero de ésas que hacen pila paradas, no sabes.
    Pero como una sola vez capan al gato, o sea, agarré el celular y llamé a un abogado gringo que ve mis asuntos allá y le conté todo, me dijo que me esperara un segundo y pasado el segundo (porque el gringo es más exacto que mi regla, no sabes), vuelve y me pregunta, "señourita Louveday, ¿qué siendo Vladimaro Montesiner?"; "si es el mismo en el que estoy pensando, una culebra gorda, ¿por qué, ah?", le contesté. "Porque siendo él quien pidió a Interpol que le deteniendo a usted..." "Ah, ya, suficiente, doctor Perry Mason", le dije "déjeme a mí este asuntito que yo me encargo".
    Hija, cuando me di cuenta de qué era lo que había pasado, pucha, decidí manejar la situación como psicoterapeuta que soy, y cuando regresó el cholo de la Interpol le dije, "joven yo soy culpable seguramente de lo que motiva esta detención y de muchas otras cosas que mejor no se las cuento porque por complicidad terminaría conmigo en el infierno, pero tráigase dos cafés de esa máquina y siéntese conmigo, ¿quiere?, que le tengo que contar un par de asuntos".
    Bueno, me hizo caso, se sentó y me arranqué: el Tribunal Constitucional, La Cantuta, los videos de Las Suites de Barranco, los Barrios Altos, Leonor La Rosa, el Canal 2, la extorsión a mi tío Manuel Pablo mediante la SUNAT para que cuente la vida sexual de su socio que tiene un periódico de oposición, la Bozzo ("ah, esa pela con el cabello pintado", me dijo el tira) y todo ese corso contra el tráfico que fueron las elecciones últimas y cuando me di cuenta, no sabes, el joven y las dos tortonas (que también hablaban castellano) poco más y se ponían a gritar "¡el pueblo tiene hambre y Keiko está muy gorda!", no sabes lo que fue.
    Por supuesto que no solamente me dejaron libre, sino que todos me dieron sus email para que les siga mandando información sobre el Perú y se comprometieron a organizar en Kendall un Comité de Lucha Contra la Dictadura Genocida en Perú, una maravilla, quedé de lo más contenta. No me gustó tanto, en cambio, que me dieran beso de despedida, pero así es la política, hija, una por otra. Chau, chau. (Rafo León).



     

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