Edición Nº 1626

 

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    ARTICULO

    6 de Julio de 2000

    Choropampa

    Mercurio en las Venas
    Mil ochocientos habitantes en peligro de intoxicación debido al derrame de mercurio de la compañía minera Yanacocha. Un desastre de salubridad.

    Pacientes intoxicados en el Hospital Regional de Cajamarca. Al frente, Herman Narro (10), agarró mercurio pensando que era oro.Derecha: Cuadrillas de obreros, protegidos con mascarillas, levantan de raíz dos kilómetros de pista contaminada, para llevársela a un depósito seguro al interior de la compañía minera.

    Escribe GASTON AGURTO

    EN la sala de cuidados intensivos del Hospital Arzobispo Loayza de Lima, Luisa Arribasplata (39) permanece atada a la vida únicamente gracias a un respirador artificial. Un mes atrás era la obstetra del centro poblado de San Sebastián de Choropampa, distrito de Magdalena, Cajamarca; pero hoy es una víctima más de un desastre ecológico cuyas causas y consecuencias están pasando inadvertidas por la opinión pública. A pedido de la familia los médicos no informan sobre su estado de salud, pero se sabe que fue internada con 150 microgramos de mercurio por decilitro de sangre (ug/dl), cuando los valores superiores a 60 son considerados altamente tóxicos. Estamos recibiendo todo el apoyo de la minera… -dice el hermano Antonio Arribasplata- los neurólogos dicen que el cerebro es un órgano que puede dar sorpresas… sólo queda esperar.
    La tragedia empezó el viernes 2 de junio. Esa tarde Verónica Ruiz, vecina de Choropampa, sólo escuchó el ronquido del motor de un camión Ransa recorriendo la calle principal del pueblo con destino a la costa. Cuando salió a la puerta de su vivienda vio a varias personas, sobre todo niños, inclinados sobre la pista. Estaban frente a un reguero denso, de color blanco plateado y que, al tratar de cogerlo con la mano, se separaba en bolitas que brillaban como las perlas de un collar.
    Tanta "maravilla" eran 80 kilos de mercurio líquido que se habían desparramado de un camión de placa YG 9621 que prestaba servicios a la compañía minera Yanacocha. Fueron dos kilómetros de pista bañados por el tóxico mineral. Si en ese momento el chofer o los pasajeros hubieran alertado a la población sobre el peligro de exponerse a esta sustancia venenosa, quizás los daños hubiesen sido considerablemente menores.

    Los pisos de las casas también están siendo retirados. Pensando que tenía valor, muchos enterraron el metal. Centro: Doctor Luis Terán. Derecha: Ingeniero Luis Gomero.


    Para colmo de los males, en este empobrecido pueblo, vecino de uno de los más ricos yacimientos auríferos del mundo como es Yanacocha, existe la vieja creencia de que algún día los minerales preciosos brotarán naturalmente de la tierra. Por lo tanto, los choropampinos se lanzaron masivamente a las calles a recolectar el evasivo mineral con las propias manos, con todo tipo de envases y hasta con cucharitas de té. Una vez en casa, lo hicieran hervir pensando que luego, al decantar el líquido, quedaría en el fondo de la olla el codiciado sedimento de oro. Si a temperatura ambiente este mineral se volatiliza, el proceso de hervido en lugares pequeños y cerrados se encargó de multiplicar considerablemente los nocivos efectos en el organismo.

    LA MARCA DE MERCURIO

    La alerta sanitaria fue dada al día siguiente por las autoridades de la región y el pueblo se empapeló con afiches de Defensa Civil que llamaban a la devolución del mineral. A pesar de ello, los pobladores siguieron acopiando e incluso enterrando el mineral para que no les fuera arrebatado. Y es que, según cuentan los pobladores, en un intento por detener el daño causado, personal de la compañía de transportes empezó a ofrecer 100 soles por cada kilo devuelto.
    A los pocos días, los que habían manipulado o probado el metal, o habían inhalado el vapor y las partículas en suspensión, empezaron a sentir los síntomas: sabor metálico, sed, dolores de garganta, abdominales, náuseas, vómitos, fiebre, dolor generalizado, ronchas en la piel.
    El Hospital Regional de Cajamarca tuvo que implementar un pabellón especial para atender 250 casos de intoxicación severa, es decir el 14% de la población de Choropampa. Y un mes después del derrame, los envenenados siguen llegando.

    La vivienda de Jaime Paico marcada con una x que quiere decir foco infeccioso. Derecha: Julián Palacín, abogado de Paico y otros pobladores de Choropampa.


    En una de las camas, en plena crisis nerviosa que los médicos identifican como otro síntoma, se encuentra postrada Lucy Diaz, educadora del Inabif que el viernes 16 de junio llegó a la zona afectada en la comitiva de la ministra de la Mujer, Luisa María Cuculiza. Lucy Díaz permaneció tan sólo hora y media inspeccionando el pueblo y al regresar a Cajamarca empezó a sentir escalofríos, nauseas y dolores generalizados. Su análisis arrojó 156 ug/dl, nociva concentración de metal en la sangre.
    Al cierre de esta edición, las autoridades sanitarias no habían descartado la presencia de arsénico en la sangre de los pacientes. Según especialistas, si el mercurio estuviera mezcado con arsénico, la minera habría incumpido con el estudio de impacto ambiental presentado como condición para poder extraer oro, procedimiento que debe hacerse en base a cianuro, lo que es ambientalmente aceptado.
    Los estamos tratando con Penicilamina -dice el doctor Luis Terán, Director Ejecutivo del Hospital Regional de Cajamarca-, un fármaco importado de emergencia por el Ministerio de Salud que debería ayudar a eliminar las partículas del metal pesado a través de la orina. Si mejoran, los derivamos al hostal Turismo (un local de cinco pisos que alberga a más de 60 pacientes) donde permanecen bajo tratamiento vigilado. Pero de ninguna manera los dejamos regresar a Choropampa, ya que allí volverían a infectarse.
    Dicho de otra manera: el pueblo está contaminado. Los medidores de metales pesados, en manos de personal de Defensa Civil, han marcado rojo al interior de las viviendas. Y éstas, como en las epidemias de peste de la edad media, se han identificado con una cruz que indica que son focos de infección. Sin embargo, lo que queda de la población sigue habitando temerariamente las residencias marcadas.

    Alcalde Felipe Pretell, de acuerdo con los 9 puntos de Yanacocha.

    INDEMNIZACION Y DESASTRE

    Diez días después del derrame se presentó ante la comunidad de Choropampa el abogado Julían Palacín. Su experiencia en haber obtenido las más altas indemnizaciones para las víctimas de accidentes o de sus deudos y, obviamente, el desamparo legal de los pobladores, le valió el ser nombrado abogado del pueblo. Luego de pedir a la minera Yanacocha 100 mil dólares por cada persona afectada, la empresa -según acusa- empezó a mover sus influencias tratando de impedir que defendiera a los damnificados. Mientras tenga un solo cliente con valentía para demandar, me encargaré de llevar el caso incluso hasta la justicia norteamericana. El socio mayoritario de Yanacocha es la companía Newmont Mining Corporation, y juro, haré un juicio histórico para que las mineras no vuelvan a abusar de la población -dice Palacín.
    CARETAS intentó vanamente recoger la versión de los funcionarios de Yanacocha en Cajamarca, pero se sabe que la compañía minera ha sido sancionada con una multa del Ministerio de Energía y Minas por 1'740.000 nuevos soles. Y, por cuenta propia, está corriendo con los gastos médicos de los cientos de hospitalizados. Además, en coordinación con el Ministerio de Salud y la Dirección General de Salud Ambiental, está levantando dos kilómetros de asfalto y los pisos de muchas casas para llevárselos en bolsas selladas a un depósito más seguro.
    Según el ingeniero agrónomo Luis Gomero, en esta recolección no se está tomando en cuenta el mineral que, luego de ser recogido por los pobladores, fue esparcido en el entorno. He ahí un peligro latente.
    Por su parte, el alcalde de Choropampa, Felipe Pretell, piensa que el trato directo con la minera es lo más conveniente para los 1.800 habitantes de su comunidad. Según éste, el municipio no demandará judicialmente a Yanacocha si ésta cumple, en los próximos cinco años, con nueve puntos: Construcción de pistas y veredas, suministro de agua y desagüe, construcción de una posta médica dotada de profesionales de la salud y ambulancia, construcción de tres centros educativos, un estadio deportivo, indemnización a los afectados directos e indirectos, seguro de salud y de vida para todos los habitantes y, finalmente, trabajo para algunos jóvenes en la compañía minera. Sólo este último punto ha sido negado.

    En un primer momento los pobladores de Choropampa pensaron que se trataba de un metal precioso, por lo que se lanzaron a recolectarlo. Y luego se negaron a devolverlo a las autoridades aun cuando éstas habían alertado sobre sus peligros.


    Para muchos, toda indemnización resultaría insuficiente frente a la gravedad del desastre ecológico ya que, como explica el ingeniero Gomero, el mercurio es un mineral de "alta persistencia y bioacumulación" en el medioambiente. Una vez que el mineral ha entrado en la cadena alimenticia, es muy difícil que salga de ella. Por eso se están llevando las pistas y los pisos de las casas.
    Sin embargo, el peligro subsiste. El mercurio que ha caído en la tierra será absorbido por los microorganismos que son alimento de aves, que, a su vez son alimento de animales carnívoros que, finalmente, llegan a la mesa del hombre. Este ciclo se encargaría de diseminar el veneno en todo el ecosistema. Y, entonces, siguiendo la nueva tradición del pueblo de Choropampa, todos los pobladores tendrán que ser marcados con una cruz.

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