Edición Nº 1624

 

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    22 de Junio de 2000
    Por AUGUSTO ELMORE

    NO creí en lo que oía. El deshonesto congresista a fortiori conocido como Luis Cáceres Velásquez, confesaba a su canal amigo, el 10, a las 8:31 del miércoles pasado, lo siguiente: "Uno baila al son que le tocan". Lo dijo con su propia bocaza. De motu propio. Como quien se confiesa.

    El escucharlo da la impresión de escuchar a un primate. El reemplazará en el Congreso, con brillo propio, la estulticia de Gilberto Siura, a quien por culpa del tal Cáceres nadie extrañará.

    Con razón, y porque la ignorancia y la bruteza son audaces, Cáceres se atrevió a declarar su admiración por Adolfo Hitler, la misma que mereció una justa y oportuna protesta de la embajada de Israel. Creo que al gobierno finalmente le costará caro la compra de Cáceres. Después pidió disculpas a la embajada de Israel y al pueblo judío, pero no renegó de su admirado Hitler.

    Respondiendo a la inquietud de una gran cantidad de vecinos -entre los que me encuentro- el alcalde de Miraflores, Luis Bedoya de Vivanco ha dirigido una circular en la que confiesa que a él mismo lo deprime ver los que fueran frondosos árboles convertidos en meros troncos, podados sin misericordia por trabajadores municipales. El alcalde aclara que las áreas verdes del distrito están en manos de profesionales sumamente competentes, y que "las podas se han venido haciendo, algunas de ellas `podas severas, totales' como las llaman los técnicos, se sustentan en informes de profesionales". Y el alcalde, casi jubiloso, anuncia que esos palos en que se ha convertido a los árboles de las cuadras 42-44 de la Av. Arequipa, rebrotarán y darán sombra en la próxima tempoada de verano. Ojalá tenga razón, porque veo por allí, en distintos lugares, numerosos árboles a los que se les ha aplicado lo que los supuestos técnicos llaman severas podas totales que se han quedado en palos para la eternidad (por aquello del ingenuo de Casona, que creía que los árboles mueren de pie) (cuando no los talan, claro). Próximamente haré un recuento de aquellos palos que alguna vez fueron árboles que a cada rato encuentro a mi paso. Mientras lo ofrecido no ocurra me concederé el privilegio de la duda. Esperaré el verano con ansiedad.

    Lo que con justicia hay que destacar es que el alcalde de Miraflores esté atento a las preocupaciones de sus vecinos. Eso no suele ser muy frecuente.

    Como dudo mucho de ciertos técnicos locales, creo que sería conveniente que algunos municipios limeños (de ésos pocos que cuentan aún con árboles) solicitaran la ayuda de la embajada de Francia para traer a Lima una misión ecológica que sirva para adiestrar a los jardineros nacionales acerca de cómo podar eficientemente un árbol, cómo impedir que se enferme, etc. En París, que es la ciudad más hermosa del mundo, y quizá la más poblada de árboles, éstos son podados con minuciosidad de manicurista, y reverdecen siempre. Si no lo solicitan los municipios -como que no lo van a hacer-, esa invocación la hago personalmente al señor Antoine Blanca, embajador de Francia, para que proponga a la alcaldía (Maire) de París ese apoyo tan necesario. ¡Allez vous, monsieur l' ambassadeur!

    A veces hay sorpresas agradables. Como la que mi esposa recibió en mi domicilio, consistente en la llamada de una funcionaria de Sedapal en la que nos comunicaba que la empresa había detectado un aumento desusado en el recibo de agua en nuestra casa, y que llamaba para ofrecernos una inspección voluntaria de técnicos para que constaten la causa de dicho aumento. ¡Sorpresa! Fue verdaderamente grato saber que alguna empresa pública (o privada) se preocupa por sus clientes y consumidores, sin que éstos tengan que elevar una queja formal que dé vueltas y vueltas para llegar a ninguna parte.

    Hace poco el miembro del servil Jurado Nacional de Elecciones, doctor Rómulo Muñoz Arce, según publica un importante diario local, al entregarle con evidente y mutua satisfacción sus credenciales de Presidente para el período 2000-2005 al señor Alberto Fujimori Fujimori, le dijo: "Esta es la tercera vez que le hago entrega de sus credenciales, señor Presidente". A lo que éste habría respondido, con la sonrisita cachacienta que se le conoce: "Y ésta será la última". Quien dice la verdad no miente: Claro que eso no sucederá porque Muñoz Arce ya no forma parte del Jurado Nacional de Elecciones, en el que ha sido felizmente reemplaado. Será otro el encargado de entregarle las del período 2005-2010.

    El magistrado Ramiro de Valdivia Cano, miembro singular del Jurado Nacional de Elecciones, ha sido el único en distanciarse, en algunos casos flagrantes, de las decisiones abominables de ese ente oficial. Sus votos singulares son prueba de ello. De allí que hace poco hiciera, en la página editorial de El Comercio, un recuento de la heroica gesta popular arequipeña de 1950, en contra de la dictadura de Odría.

    Una de esas decisiones y de las más flagrantes fue la de imponer primero una groserísima y desproporcionada multa al Canal N, que contrastaba notablemente con la que se le aplicó al verdadero diario oficial (usted ya sabe cual es, si es que lo lee), para luego reducirla a la mitad, que sigue siendo cuantiosa y sumamente mayor que la del caso mencionado, por idéntica infracción (ni tan idéntica, porque el error del Canal N fue evidentemente involuntario y debido a mano ajena, mientras que la del periódico de marras fue premeditada y alevosa). Valdivia Cano fue el único miembro del JNE que dio un voto singular al respecto, solicitando la anulación de la multa. ¡A tal señor, tal honor!


     

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