Edición Nº 1621

 

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    ARTICULO

    2 de Junio de 2000


    La Memoria de La Rosa
    Ex agente de Inteligencia regresó al Perú por motivos familiares. CARETAS la acompañó durante el último día de su viaje y acudió con ella hasta la tumba de Mariela Barreto.

    Leonor La Rosa llegó a Lima el sábado 27 en medio de un clima político caótico: la Misión de la OEA había renunciado a su labor de observación, el periodista Fabián Salazar había sido torturado, y en la Plaza de Armas se libraba una batalla campal entre manifestantes y la Policía. En la conferencia de prensa que ofreció en el Colegio de Abogados de Lima el viernes en la tarde, dio a conocer las presiones de las que había sido víctima por parte del Gobierno (recordó, por ejemplo, que pretendieron darle dinero a cambio de que agradezca, vía vídeo, a Fujimori, tal como relatáramos en CARETAS 1603). Pero ella vino por su familia. Y de paso recordó a su amiga y compañera Mariela Barreto.


    Leonor La Rosa frente a la tumba de Mariela Barreto (esquina superior derecha). Luego de dos años volvió a estar cerca de ella.

    Escribe PATRICIA CAYCHO

    LA asistente de Leonor La Rosa la condujo en su silla de ruedas frente al nicho de Mariela Barreto. De pronto, una trompeta fúnebre se escuchó en el cementerio "Los Jardines de la Paz". Estaban enterrando a un oficial de la FAP. Ese era el trompetazo de despedida que la ex agente del SIE descuartizada nunca tuvo de parte de su institución. Mientras escuchaba la trompeta, Leonor se sobaba la mano tullida y miraba fijamente la tumba de su compañera de grupo. Se encontraban presentes sus padres, sus hermanas, un sobrino, algunas amigas, Alvaro Vargas Llosa, Luis Iberico y algunos guardaespaldas.
    Entre el silencio de los presentes, el recientemente electo congresista por el FIM dijo: "Ese marzo del '97 fue muy difícil". En ese mes salieron a luz en el programa CONTRAPUNTO -del cual él era director- el descuartizamiento de Mariela Barreto y las torturas de Leonor La Rosa, las dos del grupo Colina, también llamado "Escuadrón de la Muerte".
    Leonor y Mariela se conocieron allí, entre operativos y cuarteles. Trabajaron juntas en la Dirección de Inteligencia y compartían varios secretos. Cuando Nancy y Orlando Barreto, los padres de Mariela, visitaron a Leonor La Rosa en la Clínica San Martín de Porras, antes de su partida a Suecia, la ex agente les dijo: "Era mi amiga... la vi llorar varias veces por el problema de la pensión de la hija que tenía con Martin Rivas".
    Pero las historias de estas dos mujeres no sólo se cruzaron en medio del trabajo y en la amistad, sino también en la tragedia y hasta en la muerte. Es a inicios del año 1997 que sus vidas empezaron a cambiar. "La dejé de ver en el mes de enero, cuando me hicieron los primeros interrogatorios. Cuando salgo del Hospital Militar y reingreso, es que la veo", declaró Leonor en abril del '97 (CARETAS 1461).

    Alvaro Vargas Llosa, quien vino con Leonor, narra en su libro "El Reino del Espanto" las atrocidades de las que fue víctima la ex agente de Inteligencia.


    Mariela Barreto fue descuartizada el 30 de marzo de ese año. El padre de su hija, Santiago Martin Rivas, no quería pasarle pensión para su hija de dos meses de nacida. Mariela habló con Carlos Pichilingue -uno de los torturadores de La Rosa- para que interceda por ella. Un día antes del hallazgo de su cuerpo mutilado, acudió al Hospital Militar para hacerse un chequeo médico. Nadie más la vio con vida.
    Las torturas de Leonor fueron públicas tres días después en el programa CONTRAPUNTO. Las dos fueron víctimas de su propio grupo. Las torturas contra Leonor La Rosa empezaron a inicios de febrero de 1997 (el 19 de ese mes ingresó al Hospital Militar debido a una hemorragia vaginal producida por traumatismos).
    El resto de días, hasta la salida del reportaje sobre su caso, transcurrieron entre el sótano del Pentagonito y el Hospital Militar. Ambas fueron acusadas por su institución de haber filtrado información confidencial a la prensa.
    Leonor llegó a Lima el jueves 25 en medio de un terremoto político. El día anterior el periodista colaborador de La República, Fabián Salazar, fue torturado salvajemente. Le serrucharon el antebrazo izquierdo y lo golpearon con el fin de que diga quién es su contacto en el SIN.
    Leonor venía por asuntos familiares. No veía a su familia desde que abandonó el Perú en febrero de 1998. El sábado 27 lo había planeado como un día familiar, extrañaba los chicharrones, el arroz con pato; en general, extrañaba a su país.

    Mariela Barreto y Santiago Martin Rivas. Una historia de paternidad que terminó en crueldad.


    En la mañana la fueron a visitar a la Clínica San Marcos del doctor Carlos Cruz, familiares y amigos. La noche anterior extrañamente se fue la luz en la cuadra y unos sujetos arrojaron piedras a la Clínica. El local de Perú 2000, que por lamentable coincidencia quedaba al frente, amaneció lleno de pintas que incitaban a no votar.
    A las 11 llegaron el periodista Luis Iberico y Alvaro Vargas Llosa. Subieron a un auto a Leonor La Rosa y junto con un grupo de seguridad partieron hacia el cementerio Jardines de la Paz para el reencuentro con su compañera. Luego se dirigieron hacia la casa de una amiga de Leonor, donde se estaban cocinando los esperados chicharrones.
    Al llegar fue recibida entre aplausos y vivas de los vecinos. Dentro de la casa la esperaban sus padres y amigos más cercanos. Los platos de chicharrones iban de mano en mano, al igual que el arroz con pato. Alvaro Vargas Llosa y Luis Iberico, entre broma y broma, la hacían sentir en casa a Leonor La Rosa. Ella reía.

    Leonor La Rosa con su sobrino y en compañía de Alvaro Vargas Llosa y Luis Iberico.


    Leonor tenía que regresar a Suecia, en secreto. Estos días agitados ponían en riesgo su seguridad. Cuando regresó a la clínica a las 5 de la tarde, un grupo de estudiantes de la Universidad Católica, Lima y Pacífico, la recibieron con pancartas y aplausos. Habían llenado el local de Perú 2000 de afiches contra Fujimori, el fraude y Montesinos. Una representante de la Federación de la PUCP dio un emotivo discurso donde resaltó la valentía de Leonor.
    Pero ella tenía que partir. Al llegar al areopuerto la volvieron a aplaudir, tanto nacionales como extranjeros. Entre abrazos se despidió de su padre, madre, hermanas y sobrino, no había lugar para lágrimas ni tristeza. Leonor había visitado a su país y otra vez con sus declaraciones remeció la escena política. "¿Cuando regresas?", preguntaban todos. "Pronto" contestaba ella. Aunque, hasta que este gobierno no termine, Leonor no está segura.

     


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