Edición Nº 1620

 

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    ARTICULO

    26 de Mayo de 2000


    El Gambito de Toledo.
    Mientras el gobierno -jaqueado por la abstención de Alejandro Toledo- evaluaba una nueva fecha para los comicios, ambos candidatos colmaban las plazas.

    Foto: Francisco Rodríguez

    Dos horas después de que anunciara su abstención de participar en los comicios del 28, Toledo reunió a una multitud que rugía apoyando su actitud en La Victoria.

    LA noche del miércoles 24, mientras la ONPE realizaba el segundo simulacro de su sistema de cómputo, la Misión de Observadores de la OEA emitió un cuarto boletín especial en el que cifraba sus últimas esperanzas de persuadir al gobierno para que fije una nueva fecha para los comicios. Ahora Stein, a la vez que insistía en la necesidad de posponer la elección, se comprometía a auditar el software en un plazo de 10 días, renunciando así a las tres semanas de las que había hablado en un primer momento.
    De este modo, la eventualidad de acudir a las urnas el domingo 11 de junio dejaba de ser un simple rumor y empezaba a tomar cuerpo, pese a que diversas fuentes aseguraban que el gobierno no daría su brazo a torcer.
    Definitivamente, el jueves 18 Alejandro Toledo había replanteado el panorama político de esta enrarecida campaña. Aquella tarde, y ante la prensa nacional y extranjera, Toledo anunció que se abstenía de participar en la segunda vuelta electoral convocada para el domingo 28, pero que seguiría en campaña, a la espera de una nueva fecha y dedicado a frenar el fraude.
    Después, a sólo dos horas de aquel anuncio que en concreto no le había tomado más de seis minutos, volvía a reencontrarse con las masas en un mitin. El Cholo era consciente de que si el gobierno pisaba el gambito e insistía con el domingo 28, podía caerle la noche al Chino.
    Su abstención, sobre la que corrían insistentes rumores en los días previos (CARETAS 1619), lo mostró decidido, descolocando al gobierno -interesado en arrastrarlo a una elección con los mismos vicios de la primera vuelta-, y tomando por sorpresa al oficialismo pese al grado de infiltración existente al interior de su partido. Pero, al mismo tiempo, confundía a un grueso sector de la opinión pública.
    Las encuestas realizadas durante el último fin de semana, a pocas horas del anuncio y sin calibrar en toda su extensión las invocaciones del embajador Eduardo Stein y el retiro de otras entidades observadoras, mostrarían que Toledo no había ganado necesariamente adeptos con este gesto.
    En estos días, diversas figuras del gobierno aderezan sus opiniones refiriéndose a encuestas -que no se pueden publicar- en las que, supuestamente, Fujimori iría ganando por varios cuerpos. Incluso, los más consagrados afirman, como parte de su estrategia, que ésta sería la verdadera razón del "retiro" de Toledo. Lo cierto es que las cifras en mano demuestran que ninguno de los candidatos ha logrado alcanzar una mayoría consistente.
    Las tendencias en Lima se mantendrían a favor del Presidente, lo cual no es ninguna novedad, pero la presencia toledista en provincias sigue siendo de cuidado. Y hay además un importante caudal de indecisos, o de eventuales votos nulos y blancos, a la espera de un gesto político, o del desenlace de estas últimas horas, para tomar una decisión.
    Sí está claro, en cambio, que la abstención de Alejandro Toledo aún no goza de la aprobación mayoritaria del electorado. Muchos la han interpretado como una maniobra política que debería estar mejor sustentada, y esa actitud es, precisamente, la que aprovecha el gobierno para presentar a Perú Posible como el culpable por la incertidumbre de estos días. Las potenciales sanciones, o el aislamiento internacional a que se vería sometido el Perú luego del 28 de mayo, es otro factor que los gonfaloneros del régimen están comenzando a achacarle al Cholo a ritmo de tecnocumbia. Y aquí el papel de los medios de comunicación es gravitante.

    YO OFREZCO, TU OFRECES

    Mientras esto acontece, unos y otros han continuado con sus mítines de campaña. Después de su anuncio, Alejandro Toledo tuvo un encuentro con las masas en el comercialmente exitoso jirón Gamarra, de La Victoria. Allí explicaría su posición y el baño de multitud reanimó al Cholo, quien estaba seguro de haber puesto en la encrucijada al gobierno planteándole el escenario más temido: que Fujimori, de obstinarse en no cambiar la fecha de los comicios, se re-reeligiera sólo en la cancha.
    A Gamarra le siguieron Huancayo -en la misma plaza en la que décadas atrás apedrearan a Odría cuando fungía de candidato único- y Jauja. El enclave fujimorista de San Juan de Lurigancho, Ilo, Moquegua y Mollendo (donde su mitin concluyó a las 2 de la madrugada del miércoles 24) y Huaraz. En todas habló de desconocer la elección del 28, no acudir a votar o votar nulo.
    Ciertamente, el punto de ebullición opositora es tal, que la plaza suele mostrarse más radical que el estrado: cuando Toledo explica que no tendría ningún problema en reconocer el triunfo de Fujimori en una elección equitativa, la masa replica "Fujimori-Montesinos, juntos a prisión".
    Por su lado, Alberto Fujimori viajó a Trujillo y Chiclayo -el mismo día en que Toledo planteaba su abstención al domingo 28-, y donde, rápido de reflejos aunque tosco de argumentos, declaró que de ninguna manera habría cambio de fecha para las elecciones, dictaminando así mucho antes de que el JNE resolviera el pedido de Perú Posible. También estuvo en Ventanilla y el sábado por la noche no asistió al Coliseo Dibós por afonía, enviando a Francisco Tudela y Ricardo Márquez para que calentaran a la muchachada universitaria que les era afín recibiendo por sorteo 40 computadoras.
    Al día siguiente estuvo en Comas, y en Arequipa (ver nota precedente) el lunes. El martes no viajó al Cusco, por problemas de salud, como tenía programado, y el miércoles tampoco, con lo que sus seguidores cusqueños quedaron desairados. También evitó así que, de alguna manera, los violentos sucesos de Arequipa se reeditaran en otra plaza marcadamente opositora y de la que ya antes de la primera vuelta algunos dirigentes de Perú 2000 habían salido corriendo.
    Mientras todo esto sucedía, con un candidato cerrando su tropicaliente campaña ofreciendo cientos de kilómetros de carreteras asfaltadas, universidades y miles de empleos en cada ciudad que visitaba, y otro llamando al boicot (ambos a plaza llena y con unas multitudes más espontáneas que otras, sin duda, pero con equivalente arraigo popular), Eduardo Stein se enfrascaba en gestiones para hallar una salida política al entrampamiento del plazo decretado por el JNE. Hasta cinco reuniones con Alejandro Toledo, la última de las cuales tuvo lugar pasado el mediodía del miércoles 24 en uno de los salones del aeropuerto Jorge Chávez justo antes de que el Cholo partiera a Huaraz, dan cuenta de sus esfuerzos.

     

    Toledo en Mollendo –2 a.m. del miércoles 24– proseguía giras explicando su posición.

    EL FACTOR STEIN

    Fue él quien consiguió que Toledo deponga, a inicios de esta semana, la fecha del 18 de junio como mínima para una segunda vuelta. Sin embargo, en una reunión previa con el presidente del Consejo de Ministros Alberto Bustamente, y el Canciller Fernando de Trazegnies, Stein no encontró elementos para prefigurar una solución sensata. "El Perú tiene los medios para soportar la presión y el posible aislamiento económico", le habría espetado Bustamente al guatemalteco en un pasaje áspero de la cita.
    De allí que Stein incluyera a la CONFIEP dentro de sus gestiones. El martes por la mañana se reunió con Roque Benavides y los ex presidentes del gremio empresarial, abogando porque su actual directiva interponga sus buenos oficios a favor de un aplazamiento, cosa que fue aprobada por unanimidad y encomendada al propio Benavides. Este se reunió con Bustamante el miércoles, pero el imperté rrito funcionario le aseguró que el gobierno no podía interferir en las decisiones de un poder autónomo, como el JNE.
    Así, la incertidumbre crecía durante las horas previas al segundo simulacro que la ONPE había programado para las 5 p.m. del miércoles. Si éste fallaba nuevamente -cosa que finalmente no sucedió-, tomaría fuerza la posibilidad de un cambio de fecha, opinaban algunos entre los que se contaba Rómulo Muñoz Arce, miembro del JNE.
    Por encima de esa opinión, dos días antes Alipio Montes de Oca, presidente del máximo tribunal electoral, señaló que no se modificaría la fecha, y José Carlos Bringas, otro de sus magistrados, explicó capulinescamente que oficializado el retiro de Toledo, podía declararse ganador a Fujimori sin necesidad de ir a las urnas.
    Ante este panorama, en el que las presiones internacionales sobre el gobierno se intensifican con el paso de las horas y el JNE prepara un pronunciamiento final para este jueves 25, las especulaciones se mantenían hasta el cierre de esta edición.
    Si el gobierno cede y se posterga la elección, el triunfo político de Toledo -aquello a lo que más le teme el ala dura del régimen- le daría un necesario impulso a su candidatura, pero de ninguna manera determinaría su triunfo. El reto para el Cholo y compañía sería abocarse, durante los días que restan, a consolidar un nuevo discurso, que coloque sus denuncias de fraude en un segundo plano y le muestre a la población que, efectivamente, podría ser gobierno y alternativa responsable a la vez.
    En esta etapa de la contienda, está claro que la candidatura de Toledo cuenta con recursos para planificar mejor cada paso a seguir. El uso de encuestas y focus groups es determinante, y eso sí que lo sabe bien el gobierno.

    Premier Bustamante promete no intervención.


    Para el fujimorismo en cambio, un nuevo plazo significa intensificar la campaña sin renunciar a la guerra sucia que ya ha comenzado a darle réditos sobre Toledo. Explotar la imagen dubitativa del Cholo, tergiversando algunas de sus declaraciones y aprovechando sus metidas de pata, ha funcionado mucho más que los truculentos titulares relacionados con su vida privada. Además, para Toledo será un imperativo dejar de fustigar personalmente el papel de los medios de comunicación que no le dan pantalla. La estampa de "llorón" es otro elemento del que debe despercudirse.
    Pero si la elección se realiza el domingo 28, como casi todos los indicios indican, Fujimori deberá afrontar una férrea oposición interna y externa, y con gravísimas consecuencias para el país. Toledo mantendrá su papel de cabeza de la oposición, y sendos editoriales del Washington Post y The New York Times aparecidos en las últimas horas van perfilando el apoyo internacional a su figura, pero una posible estabilidad política y económica se verá seriamente mellada.
    Más aún tras el gravísimo caso de las torturas al periodista Fabián Salazar, perpetradas a cuatro días de las elecciones.
    Por lo pronto, del 3 al 6 de junio se reunirá la Asamblea General de la OEA en Canadá y se dice que Alberto Fujimori viajaría a esta cita. Pero zurrarse en el sistema interamericano, como propone el sector más duro del régimen para este domingo, implica una decisión muy parecida a la que tomó Alan García cuando redujo sus pagos al FMI -una medida que también contó con gran apoyo popular-, con las consecuencias que se conocen.
    Y en 1992, luego del autogolpe, diversos créditos y programas de ayuda se suspendieron hasta que el gobierno llamó a elecciones para el CCD, que era uno de los compromisos asumidos con la OEA.
    El problema está en que Fujimori cree firmemente en el modelo autoritario que asumieron los "Tigres del Asia" hace más de 30 años, pero olvida que su despegue no se debió a su carácter despótico, sino al incalculable apoyo de los EE.UU. en el marco de la Guerra Fría.
    Son lecciones que da la historia, pero que, lamentablemente una vez más, caerán en saco roto. (Pedro Tenorio).

     


     

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