Edición Nº 1614

 

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    ARTICULO

    14 de Abril de 2000


    El Pasado Heroico
    del Padre de Eliane
    Charles Karp, padre de Eliane y suegro de Alejandro Toledo, fue miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Cuarenta años después fue testigo en el juicio contra su torturador Klaus Barbie, el llamado `Carnicero de Lyon'.

    Barbie (flecha foto chica) era de la Gestapo y, por coincidencia, fue identificado en Lima en 1972 bajo el apellido de Altmann. Eliane de Toledo a los 12 años, en Bélgica junto a su padre. La pesadilla de la guerra era cosa del pasado.

    "Nunca olvidaré la manera que mi padre me enseñó a luchar contra la adversidad. Cuando era pequeña me dijo: cuando creas que algo está terminado, en realidad no lo está. La vida es más fuerte que la muerte".
    Es Eliane Karp de Toledo la que habla de su padre, Charles Karp (1922-1993). Este hombre, que durante la mayor parte de su vida se dedicó a la venta al por mayor de ropa, estuvo casado cerca de cincuenta años y fue padre de cuatro hijos, de los que Eliane es la mayor.
    Fue, además, miembro de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y víctima de Klaus Barbie, célebre sicario y torturador de la Gestapo.
    Karp fue capturado en 1942, cuando tenía 20 años. Era un judío nacido en Polonia que llegó con su familia a Bélgica a los 7 años. De aquella dura época son pocos los recuerdos que compartía con sus hijos: "A él no le gustaba hablar de esas cosas. Deportaron a sus padres a un campo de concentración, que él creía estaba en Polonia, pero nunca se supo dónde y allí desaparecieron. Son cosas muy dolorosas", explica.
    Tiempo después, y ya en territorio francés, Karp se unió a los grupos de resistencia organizados en el sur de Francia.
    Pronto, sin embargo, caería en manos de la Gestapo, la tétrica policía política del nazismo, y sufriría en carne propia las atrocidades con las que el entonces joven y desalmado agente Klaus Barbie intentaba sonsacar información de quienes apresaba antes de mandarlos al exterminio. "Mi padre, cuando 40 años después de aquellos sucesos fue testigo de cargo en el juicio contra Barbie, le contó al tribunal cómo éste, en su cara, había ordenado su prisión, tortura y posterior traslado a un campo de concentración del que nunca saldría vivo".
    Pero su hora aún no había llegado. Tras varios meses en prisión en Francia, primero en Montluc y luego en Compiegne -un centro de paso antes de llegar a los campos de exterminio-, tuvo la suerte, al ser enviado al campo de concentración, de ser colocado en un mismo vagón de tren con varios ex compañeros suyos.

    Los 'maquis', guerrilleros de la resistencia francesa, lucharon en campos y ciudades contra las tropas invasoras nazis.


    Juntos decidieron arriesgar la vida con tal de evitar una muerte segura. "No sé cómo lograron entre varios forzar la puerta cuando el tren estaba en movimiento, y de uno en uno fueron saltando", recuerda Eliane, "Papá le contaría a mi madre que el momento más feliz de su vida fue cuando recobró el conocimiento -se había roto la cabeza al caer- y vio las luces traseras del tren alejándose".
    Vivió más de dos años a salto de mata, como parte de los `maquis', los guerrilleros de la resistencia, enfrentando a los nazis hasta que éstos fueron derrotados. Más de cuatro décadas después, Charles Karp pudo declarar en el proceso que se le siguió a Barbie por sus crímenes en Lyon. Fue llamado como testigo de cargo y allí contó al tribunal cómo aquel hombre de 1.62 de estatura y aspecto saludable, se había comportado como su desalmado captor.
    Barbie, apodado el `Carnicero de Lyon' o `Le bourreau' (el verdugo) por sus actividades en la Gestapo, y conocido como el asesino directo de Jean Moulin, el héroe máximo de la resistencia francesa, fue después de la guerra un colaborador de las fuerzas norteamericanas -ansiosas de desgranar los restos del aparato de inteligencia nazi-, lo que le permitió escapar a Buenos Aires, de donde pasó a La Paz, Bolivia, en 1951.

    CAZANDO AL VERDUGO

    Con una nueva identidad, se hizo ciudadano boliviano en 1953. Viajaba constantemente a Lima como el empresario Klaus Altmann y se codeaba con otros veteranos del nacional socialismo como Federico Schwend, un conocido ciudadano alemán residente en el Perú desde la época de Odría, que a inicios de los '70 lo alojaba en su casa de Santa Clara.
    Así pudo haber transcurrido su existencia si no fuera porque en enero de 1972 una investigación publicada en CARETAS 451, expuso la verdadera identidad de Altmann.
    CARETAS fotografió al prófugo -uno de 1.026 criminales de guerra buscados entonces por Francia- en la casa de Schwend, lo que sirvió para comparar sus rasgos con un retrato de carné de los años '40, lo que resultó definitivo.
    Altmann, ya plenamente identificado como Barbie gracias a los estudios antropométricos que comparaban su aspecto de entonces con el de sus días de la Gestapo, se estrelló contra la obstinación de la cazadora de nazis Beatle Klarsfeld, con la de Albert Brun, el legendario director de France Presse en el Perú y con el entonces embajador galo en Lima, Henri Chambón -otro sobreviviente de los campos de exterminio-, quienes agotaron las vías para lograr su extradición. Pero Barbie logró, con ayuda policial de Velasco, huir a Bolivia.
    Tuvieron que transcurrir 11 años para que los gobiernos de Francois Mitterrand en Francia, y Hernán Siles Suazo en Bolivia, acordaran en 1983 la expulsión y encarcelamiento de este sórdido personaje. Y en 1987 llegó la oportunidad para que miles de sobrevivientes desfilaran ante los tribunales en pos de justicia -entre ellos el progenitor de la ahora famosa Eliane de Toledo.

    Enero de 1972, Barbie es puesto al descubierto en Lima gracias en parte a CARETAS.Derecha, En 1980, el empresario Charles Karp en su oficina en Bélgica. Klaus Barbie aún no había sido extraditado.

    LECCION DE LUCHA

    "Cuando acabó la guerra, mi padre volvió a Bélgica y allí conoció a mi madre. Ellos acudían a las organizaciones judías que se reunían para que las personas se apoyaran entre sí: había miles de huérfanos, muchísimos pobres y sobrevivientes de los campos. Cuando se casaron volvieron a Francia, donde yo nací", cuenta Eliane. "Mi familia se hizo de las cenizas. Yo y mis tres hermanos salimos adelante gracias al esfuerzo de mis padres, que se sobrepusieron a lo que una monstruosa maquinaria de guerra y destrucción intentó hacer con ellos. Esa es otra lección a la que acudo en momentos difíciles, como ahora", agrega.
    Charles Karp, esposo de Eva (quien acompaña en estos días en Lima a su hija), murió de un infarto en 1993 "trabajando hasta la última noche, incluso cocinando para todos sus hijos en la cena del domingo". Y, según recuerdan madre e hija, sin un ápice de rencor. (Pedro Tenorio).

     

     

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