Edición Nº 1607

 

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    ARTÍCULO

    24 de Febrero de 2000


    'Pusieron Las Cifras
    Que Les Convenía'

    Juan Chávez Molina revela detalles de cómo se ajustó el cómputo
    de votos en el Referéndum de 1993.

    Elegido unánimemente por el Colegio de Abogados de Lima para integrar el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), el jurisperito Juan Chávez Molina, fundador de la Democracia Cristiana y ex senador de la República, fue miembro de ese organismo entre 1989 y 1993, lapso en el cual se produjeron 11 actos electorales. Muchos de ellos, además, por primera vez. Entre otros, el referéndum para aprobar la nueva Constitución. Todos ellos dieron lugar a medio centenar de votos singulares de Chávez Molina, quien acaba de publicar en tres tomos un detallado y documentado recuento de los mismos: "Mis votos singulares. Historia del fraude que no debe repetirse". Entre éstos, uno contra la tacha presentada tras la primera vuelta de 1990 contra el entonces candidato Alberto Fujimori. Pero también otros a propósito de las irregularidades en el cómputo de votos del CCD y del referéndum, que aunque denunció oportunamente aquí detalla de manera inédita. Hechos que, por cierto, constituyen, a la luz de lo ocurrido posteriormente, la cimentación de la írrita postulación de Fujimori y una llamada de atención sobre el papel del JNE en estos trances.


    "Me ofrecieron la presidencia del JNE con una ley hecha a la medida. De ninguna manera acepté".

    Entrevista SERGIO CARRASCO

    ENTRE los trajines propios de la difusión de su libro, el arequipeño Juan Chávez Molina recibió a CARETAS dispuesto a hablar in extenso de su paso por el JNE y de la razón de sus votos singulares. Y tanto que, removidos los sedimentos de la memoria, saltó la lava del Misti, como dice el propio entrevistado.
    -Se dice ahora que hay una intromisión del Poder Ejecutivo en el JNE, que ha dejado de ser independiente. ¿Cuando usted fue miembro del JNE había esta intromisión?
    -Mientras estuve, en el JNE hubo dos posiciones, dos presidentes. Hubo una presidencia (de Carlos Castañeda Lafontaine) que duró año y medio y fue cuestionada de tal forma en lo administrativo, en lo jurídico, en lo económico, en lo judicial de manera que por todo lado hizo agua. El hecho es que me llamaron y el señor Vega Santa Gadea, que era en ese tiempo ministro de Justicia me dijo un día a las 11 de la mañana: "En nombre de su autonomía le pido una ayuda al gobierno, una ayuda al Perú. ¿Usted aceptaría que regrese con el primer ministro por indicación del señor Presidente de la República?" Le dije que por conversar nadie vende su alma, pero que lo que yo resuelva autónomamente, con mi conciencia, es mi deber que debo cumplir. "Ah, pero usted podría motivar a sus compañeros que también acepten". Ah no, respondí, cada uno sabe lo que hace, no me puedo comprometer por ellos. El hecho es que fueron todos a la reunión y ahí me propusieron hacerme presidente del JNE.
    -¿Quién le propuso eso?
    -El primer ministro (Oscar de la Puente). En el libro está la historia con pelos y señales. "El gobierno ha decidido que usted se haga cargo de la presidencia del JNE en virtud de su nombramiento". Estábamos los siete vocales en la sala de espera, me llamaron primero a mí y yo entendí que llamarían enseguida a los otros. Pero no lo hicieron y me llamaron sólo a mí y me propusieron eso. Le dije al primer ministro: imposible, eso es otro golpe de Estado, ustedes ya han dado el del 5 de abril y quieren que dé otro en el JNE. El señor De la Puente me dijo: "No doctor, no hay ningún golpe de Estado. Eso está no en la Constitución sino en la Ley Orgánica y una ley se cambia por otra ley, de manera que usted puede ser nombrado por una ley". Y yo le dije no, se equivoca usted. Para ser yo presidente del JNE tendría que haber sido vocal supremo y tendría que haber sido elegido por la Suprema, yo nunca he sido vocal supremo de la Corte, he sido senador, he sido abogado y estoy representando al Colegio de Abogados, de manera que eso es contra la Constitución. Qué autoridad moral debo tener para imponerme en el JNE si comienzo a violar la Constitución. No, no puedo. "Ah, me dijo, lo hacemos nombrar por la Corte". ¿Cómo, usted tiene los votos de la Corte en su bolsillo? "No, me dijo, hay maneras de hacerlo". No, le dije, no puedo aceptar. Acabó. Fue un no rotundo. "Entonces usted, me dijo, da cuenta a sus compañeros". Se equivoca usted, yo no tengo nada que decirles, yo no los he convocado, eso lo tiene que hacer usted. Los hizo pasar y les dijo: "El señor presidente en ejercicio del JNE ha sido destituido y cesado por el gobierno". Después vino lo del Congreso Constituyente donde no se publicó mi voto.
    -¿Qué motivó su voto singular en ese caso?
    -Esa elección se terminó sin concluir los escrutinios. No habían llegado los votos del extranjero.
    -¿Y eso podía cambiar los resultados?
    -Decían que no había que esperar el voto del extranjero si el monto es tan insignificante que no va a cambiar los resultados. El argumento era válido en cuanto a que uno no podía ser destronado de ser constituyente, pero los votos se suman para ver quién ocupa la presidencia y los votos del extranjero podían significar mayor puntaje para cualquiera de ellos y le daba el derecho de presidir el Congreso. Por eso digo que no debió presidir quien presidió.
    -Pero de cualquier modo hubiera sido alguien del oficialismo, ¿no es cierto?
    -Podría no ser. Todo Ayacucho había que reconsiderarlo y volverlo a hacer, estaba nulo. Los plazos que la ley fijaba para que se proclame a los constituyentes ya estaba a dos o tres días. Se me presionó de tal manera que teníamos que firmar las credenciales según el corte (del escrutinio) que se había hecho: "Hasta acá se acepta, porque lo que no se ha podido resolver no se resuelve si no llega, se dijo". Yo me negué. Hasta tres días después podemos acabar y lo que puede quedar ya son puchos. Argumentaron que ya estaba citada la sesión de proclamación. "Usted está saboteando", decían. Yo acepté firmar las credenciales con cargo a que si hasta dentro de los tres días que faltaban se tenía que la composición de los miembros del Congreso proclamados no coincidía exactamente, yo anulaba mi firma en los que no correspondía. Así debió trabajarse la última parte. No se hizo.
    -¿Nunca se hizo el conteo de esos votos?
    -No. Se me obligó a que diera mi voto singular. No me daban el voto en mayoría. Fueron dramáticos esos momentos. Tengo un genio muy pacífico, soy un hombre alegre pero me toca usted el trigémino y salta la lava del Misti. Total que me pasé la noche redactando mi voto singular y me dijeron: "La sesión será a las 11 a.m. Si su voto llega antes lo incluimos y si no, se publica solo, sin el voto de mayoría". Llegué a las 6 o 7 a.m. Cité al personal, pasamos a la computadora. Cinco minutos para las 11 y me mandaron llamar. Me faltaban dos o tres considerandos. Terminé a vuelapluma, o más bien a vuelamáquina, firmé y fui a buscar mi insignia. Pero cuando quise entrar la puerta estaba cerrada y tuve que entrar por la platea en medio de camarógrafos y fotógrafos. Llegué al estrado y dije que aquí está mi voto, lo tienen que leer. El hecho es que no se leyó mi voto ni el de mayoría. En lugar de eso se dijo que fulano de tal fue quien obtuvo la mayor votación y que suba al estrado. Dije: tienes que interrumpir la sesión por solemne que sea, no has firmado, no se ha leído tu voto. Pero a la vez se me cruzaron otros pensamientos: yo era un solo voto, era minoría. Yo he sido senador y sé lo que es la minoría. Me dije, no tienes derecho de interrumpir lo que ha hecho la mayoría. La mayoría es la que tendrá que responder por sus actos. Sin querer queriendo o queriendo sin querer el presidente (del JNE) me dice: "Doctor Chávez Molina usted le va a entregar la credencial". Pensé: lo que quieren es un registro fotográfico de que he aceptado la elección. Entregué la credencial y le dí la mano, secamente. Cuando salí fui a redactar una carta que envié a todos los periódicos contando todo lo de mi voto singular.
    -Ese es uno sus dos votos singulares neurálgicos. ¿Cuál es el otro?
    -Cuando se proclama el referéndum del Sí y el No. Se decía que estaban empatados y que había una pequeña diferencia a favor del Sí, y así fue al comienzo. Pero llegó un momento en que era evidente que en tales o cuales sectores el No ganaba y comenzaron a perderse las actas.
    -¿Cómo ocurrió esto?
    -No llegaban al JNE.
    -¿En esas actas la votación era por el No?
    -El Jurado Departamental inscribe tres actas idénticas, una va al Jurado Departamental, otra al Jurado Provincial, y la tercera es para el Ejército. De manera que una es para que se haga el escrutinio primario en la mesa del Jurado Departamental, la otra va tal cual está con los resultados de mesa al JNE para que en caso de impugnación del Jurado Departamental, el JNE tenga para cotejar y saber si hay o no razón de la impugnación. Al Ejército, se le tenía como árbitro y no se quería llegar a una solución de la verdad entre las dos actas, no había conciliación.
    -¿A qué se refiere?
    -Las actas estaban en tal cuartel maniobrándose. Eso lo dijo en sesión pública el abogado defensor de las tachas.
    -Pero, ¿se habían extraviado unas actas o no coincidían las del Jurado Departamental con las del Nacional?
    -Los ejemplares que debían llegar nunca llegaron, y las que estaban impugnadas eran las del Jurado Departamental. No había con qué cotejar, y yo me negaba a aceptar las del Ejército en virtud de lo que había manifestado el abogado en sesión pública. No me iba a meter al cuartel, pero pregunté a un amigo militar que me dijo: "Mejor es que vayas y mires". Si me estaba diciendo eso es que me estaba diciendo que sí. Llegamos al último día de sesión para aprobar si el Sí ganó o el No ganó. Comenzamos a las 9 de la mañana. Duró todo el día, sin almorzar, sin un vaso de agua. A la altura de las 10 u 11 de la mañana decían que en Arequipa había ganado el Sí y que ése era el botón de muestra, ya que igual que en el anterior caso no llegaba lo del extranjero, todo Ayacucho, todo Puno, parte de Trujillo y lo de Arequipa, cuyas actas se perdieron. Era imposible terminar en el tiempo que quedaba. Lo que pasó en Arequipa es que se dijo que había empate técnico. Y que ahí el SI ganó por 5 votos. La ley no mencionaba porcentajes sino que ganaría la cifra mayor. No la mitad más uno, o mayoría relativa o mayoría calificada, de manera que un solo voto podía hacer la diferencia. Dije que eso no podía ser*. Cuando vieron que iban a perder con ese sistema empezaron a establecer porcentajes. No tenía ninguno la mayoría. Ni el Sí ni el No. Había un artículo de la época de la carreta, de la época de Pérez Godoy. Esa ley decía que cuando había que proclamar los resultados consolidados finales y se habían perdido determinadas actas que eran las decisivas, era posible pedirlas al Jurado Departamental directamente por telégrafo. Entonces yo planteo que ese artículo no está derogado y que si en la época del alfabeto morse era posible, ahora que tenemos fax, con mayor razón. El que estaba encargado de esto me dijo: "los arequipeños tienen muy mal genio. El presidente del Jurado Departamental me ha mandado al diablo, me ha dicho textualmente `yo no les voy a sacar las castañas del fuego de los enjuagues que ustedes quieren hacer en Lima' y me ha ofendido, `no voy a mandar ningún resultado, cumplí mi deber y ustedes hagan los que les parezca en Lima'. No nos podemos fiar de eso". Yo digo en la mesa, el presidente del Jurado Departamental es el señor fulano de tal y ha sido mi alumno, a lo mejor es un cascarrabias como somos la mayor parte de arequipeños pero es muy recto. Si se lo pido va a coloborar. "A ver, me dijo el presidente (César Polack Romero), si es tan su amigo y tan su alumno consiga usted la información. Si me da facultad yo en cinco minutos converso con él y en diez minutos tenemos los resultados, respondí. "Vaya usted, qué espera", me dijo. Ah no, yo no voy motu propio. Me habían estado acusando: "qué cosa quiere, ¿desestabilizar al gobierno? ¿ése es su propósito?" Entonces dije, si me están acusando -me encabrité- cómo voy a solicitar la información, pero si ustedes acuerdan formalmente y firman la resolución yo voy. Se sometió a votación, todos votaron a favor, con cargo de redactar. Me dan la resolución, voy.

    "Chávez Molina cuando integraba el JNE. Con "Mis votos singulares. Historia de un fraude que no debe repetirse", vuelve a desnudar las miserias detrás de más de una elección auspiciada por el fujimorismo.


    -¿Quién era el presidente del Jurado Departamental de Arequipa?
    -Jaime Galdos Larrú. Salí a llamarlo. Me dijo: "doctor ¿quiere usted que nosotros lavemos las cosas que están haciendo allá y que seamos los chivos expiatorios?" No, le digo, ¿usted puede pensar que yo le pido una cosa para hacerlo chivo expiatorio? "No, si usted me lo pide no tengo ningún inconveniente pero ya se me ha ido el personal". No le pido todas las cifras sino los votos por el Sí, por el No, nulos, viciados y en blanco y el consolidado, eso lo tiene usted doctor. "Doctor voy a hacer una excepción pero le voy a pasar de puño y letra". Me lo envió, pero a mi nombre. Le tuve que decir que no, que con ese papel me iban a lapidar, que me estaban acusando en este momento. "Rompa usted el que le he enviado". Yo no lo rompí, estrujé el papel y lo metí en mi bolsillo. En ese momento ya se habían impacientado en la mesa. "Vayan a decirle al doctor Chávez Molina que es un fanfarrón, dijo en 10 minutos tengo el resultado y van 20 minutos y nada", dijo el presidente. "Vaya usted señor secretario a ver qué pasa". Pero él sospechó que si salía algo podía pasar y dijo no. Regresé y esperé la llegada del fax. Pienso que el No estaba delante. El secretario no llega a salir de sala. Salió el doctor Loli, volvió y dijo: "aquí está el fax". Se sentó a dar lectura y las cifras no eran las que tenía yo. ¿Cómo?, le digo. ¿Está usted leyendo bien?
    -¿Era el fax del Jurado Departamental de Arequipa?
    -Sí, era el fax. Permítame usted el ejemplar, dije. El consolidado final lo habían borrado con un corrector y estaba fresco y por eso se demoraban y habían puesto las cifras que convenían. Allí surgió el gran problema. Yo le digo al presidente: señor, ésta es la falsificación más burda, me avergüenzo de estar en este organismo, ¿dónde estamos? ¡Esta es una falsificación tan burda que está fresca y las huellas digitales están ahí! Este ejemplar debe enviarse inmediatamente a la Fiscalía de la Nación para que acuse, sea vocal supremo, sea secretario, sea quien sea señor. "¿Me está usted acusando directamente que soy el falsificador?, me dijo el doctor Loli. ¡Atrévase usted a acusarme!" Usted no me desafíe, yo no estoy acusando a nadie, estoy diciendo se ha producido una falsificación y esto es peor que un burdel. Esto hasta ahora me avergüenza y se lo estoy diciendo a un periodista. Está hecho. El presidente dice: "se supende la sesión". Le respondí: no puede usted suspender la sesión, estamos en votación y si la suspende es nula. ¿Y por qué tanto afán de aprobar en tres días si ustedes los de la mayoría han hecho la ley de referéndum y dicen que si el pueblo rechaza y el No gana hay que hacer otro referéndum y no ha pasado nada. Declaremos que se ha viciado el referéndum. Más bien parece que el No ha triunfado y entonces tiene que hacerse otro anteproyecto de Constitución. Eso es lo sensato. Ahora me doy cuenta que lo habían aprobado porque había que aprobar luego la Ley de la reelección. Eso está ahí. Si no se aprobaba ahí, en 1995 terminaba el mandato del señor Fujimori. Finalmente, se suspendió la sesión, el presidente salió de la sala derribando la silla después de citarme para el día siguiente a las 11 a.m. Pero la sesión nunca se produjo. Pasaron uno, dos, tres días. El doctor Loli falleció de un derrame cerebral. Y luego el presidente se declaró enfermo. El resultado oficial del referéndum finalmente lo mandó publicar ¡la oficina de relaciones públicas del JNE! Esa resolución nunca existió.

    __________
    * Una diferencia de 2 décimas de voto por cada cien. Así, el reajuste para reconciliar cifras con el total nacional dependía del volumen que se diera a las rectificaciones de las resoluciones de nulidad. Vale decir, si se declaraba nulo un porcentaje de sólo 2 por cada cien votos a favor de cualquiera de las opciones, se determinaba el triunfo de dicha opción.

     



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