Edición Nº 1596


 

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    2 de diciembre de 1999
    Por FERNANDO ROSPIGLOSI


    Se Pasa de Vueltas


    SEGUN los partidarios del régimen, que se encargan de destacar ciertos aspectos de los sondeos de algunas empresas encuestadoras, Alberto Fujimori ganaría las elecciones en primera y segunda vuelta. Si se le cree al fujimorismo, el Presidente ganaría también -si las hubiera- en tercera, cuarta y quinta vuelta.
    En realidad, parte de la estrategia reeleccionista del último tiempo consiste en vender la idea que la victoria de Fujimori es inevitable. Con trampa, manipulación y chantaje pero, al fin y al cabo, ineluctable. Hay que reconocerles el crédito a los perversos cerebros que, en los servicios de inteligencia, diseñan y aplican las campañas gubernamentales, pues han logrado convencer a varios adversarios del régimen, que no ocultan su abatimiento y resignación, contribuyendo a descorazonar a otros.
    La idea es que el presidente de un gobierno autoritario, que ha sumido al país en la más profunda crisis económica que se recuerde en el último medio siglo, con niveles inéditos de desempleo y miseria, después de diez años en el poder, contaría con el respaldo abrumadoramente mayoritario de la sufrida -y al parecer supermasoquista- población, para quedarse cinco años más depredando al Perú.
    Es cierto que el control absoluto de la Tv. de señal abierta, la impune guerra sucia contra los adversarios, la utilización incontrolada de los recursos estatales y el miedo colectivo impuesto por los servicios de inteligencia, producen resultados. ¿Pero tantos?
    Julio Carrión, profesor de ciencia política y relaciones internacionales en la Universidad de Delaware, EE.UU., no lo cree así. En un reciente artículo, "Porqué Fujimori No Será el Próximo Presidente" (http://csd.queensu.ca/peru2000), Carrión hace un prolijo análisis de los sondeos de opinión, los mismos que han sido utilizados para desmoralizar "a los comentaristas políticos [que] en el Perú se han dejado influir por la manera como la prensa favorable a Fujimori (especialmente Expreso) ha presentado los resultados de las últimas encuestas, resaltando un aumento que no es muy significativo".
    Según Carrión, que tiene un doctorado en ciencia política por la Universidad de Pittsburgh y se ha especializado en encuestas y estudios de opinión, "ha sido un éxito total del comité de campaña de Fujimori el haber generado la impresión de un avance inexorable, cuando la realidad es distinta".
    La tesis de Carrión es que "es cierto que Fujimori presenta una ligera recuperación en las encuestas, pero dicha recuperación dista mucho de ser significativa, y se encuentra dentro de las variaciones naturales que uno espera en las encuestas de opinión."
    Analizando los datos de los sondeos de Apoyo, Imasen, Datum, Cpi y la Universidad de Lima en lo que va del año, Carrión sostiene que "diez puntos de aumento en Lima, después de 6 meses incesantes de campaña, con toda la maquinaria del Estado a su disposición, y frente a candidatos que aún no empiezan su campaña en serio, no es precisamente un aumento que debiera tranquilizar al candidato Presidente".
    El espejismo se debe en gran parte, según afirma Carrión, no a que Fujimori avance demasiado, sino a que las preferencias por Andrade y Castañeda se han reducido debido a la aparición de Alejandro Toledo en el mapa electoral.
    Carrión cree que es improbable que Fujimori pueda ganar en abril: "tendría que mejorar de manera dramática en los próximos cuatro meses para que pueda alcanzar la presidencia en la primera vuelta". Y, según los minuciosos análisis que hace de las posibilidades, incluyendo las encuestas nacionales y la votación de Vamos Vecino en 1998, "la meta del 50 por ciento está lejos de realizarse en la primera vuelta".
    Pero si Fujimori no gana en primera vuelta, "es extremadamente difícil que lo haga en la segunda, porque llegará a ella con una imagen de perdedor y toda la votación de la oposición se concentrará en un solo candidato". Es decir, el síndrome Vargas Llosa.
    En base a estas premisas, Carrión concluye que "sin embargo, todo lo escrito anteriormente se basa en el supuesto de que tanto Andrade como Castañeda van a organizar campañas electorales mínimamente efectivas, con un mensaje que atraiga a la población y que ofrezca una clara alternativa a Fujimori. El problema es que la oposición peruana tiene que intentar llevar adelante una campaña electoral exitosa y eficiente en medio del hostigamiento del Estado, lo que sin duda hará su tarea más difícil."
    Así las cosas, sería más productivo contribuir a levantar los ánimos alicaídos en lugar de coadyuvar a sembrar el desaliento.




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