Edición Nº 1591


 

  • Portada
  • Nos Escriben..
  • Mar de Fondo
  • Heduardo
  • China te Cuenta...
  • Ellos & Ellas
  • Culturales
  • Caretas TV
  • Controversias
  • Piedra de Toque

     

  •  

     

    ARTÍCULO

    28 de Octubre de 1999
    Por CESAR LEVANO

    Un Final Violento
    Una guerra civil despiadada puso fin al siglo XIX peruano.

    Tras una guerra de montoneros que abarcó norte, centro y sur, Piérola se instaló en el poder en 1895. Con él, según Jorge Basadre, se inició la "República Aristocrática". El país inició su reconstrucción en lo económico e intentó la democracia en lo político. Pero la violencia no cesó: hubo masacres de campesinos en Huanta (Ayacucho) y Puno. Pese a su popularidad, "El Califa" no intentó perpetuarse en el gobierno, ni volver a él. En 1914 retornaría el militarismo.

     
    Nicolás de Piérola dirigió una guerra de guerrillas que se había extendido por todo el país.

    En la última década del siglo XIX, el Perú fue un país turbulento. Unas guerrillas -entonces llamadas montoneras- se extendieron por todo el país y se impusieron al ejército regular.

    El episodio final de esa lucha se dio durante tres días en Lima con un resultado de tres mil muertos. Lima y Callao tenían entonces apenas 130 mil habitantes. Cifra tan alta de víctimas equivaldría hoy, en la Lima metropolitana y el puerto que tienen seis millones de pobladores, a 150 mil muertos.

    Nunca se sabrá cuántos fueron los caídos en la lucha montonera de todo el país. Fue una erupción súbita y simultánea contra la reinstalación del Mariscal Andrés Avelino Cáceres en el poder.

    Las guerrillas surgen como hongos en un suelo húmedo y se alimentaron en casi todos los casos de la experiencia de la guerra de guerrillas librada contra los chilenos, precisamente bajo la inspiración de Cáceres, el Héroe de La Breña, el patriota jamás vencido.

     
    Luego de tres días de combate -mil muertos por día-, Piérola se instala en la Plazuela del Teatro. Cáceres aceptará la cesación del fuego y de su dictadura.

    En la región del Centro se baten los montoneros de Augusto Durand, hacendado huanuqueño, y el coronel Pablo Arana. En Piura se levantan, bajo las órdenes de Augusto Seminario y de su sobrino Teodomiro, contra un pariente, Fernando Seminario Echandía, prefecto del departamento y cacerista enconado.
    Una montonera del sur, encabezada por Eduardo Yessup, burla al ejército y se apodera de Arequipa.
    El coronel Belisario Ravines acomete con vigor en Cajamarca, al mando de numerosos guerrilleros.
    Las partes altas de Lurín, Canta, Cañete y Huaura se pueblan de guerrillas que avanzan sin tregua.
    Todos marchan bajo el conjuro de Nicolás de Piérola. "El Califa" estaba prohibido de regresar al Perú, y dos barcos de guerra vigilaban las costas del sur para que esto no ocurriera. Entretanto, en Iquique, Piérola se embarca en un bote de vela para dirigir el timón rebelde. Guillermo Billinghurst, millonario salitrero que fue más tarde presidente acusado de soliviantar a las masas populares, había comprado la frágil embarcación.
    Tras cinco días de riesgoso viaje, el caudillo desembarca, el 24 de octubre de 1894, en Puerto de Caballas, departamento de Ica. Entonces empieza una serie de acciones épicas que desgastan al ejército regular. A fin de culminar la etapa de equilibrio estratégico y preparar la acometida final, Piérola establece su cuartel general en la hacienda Cieneguilla, al sur de Lima.

     
    Conservador Eduardo de Romaña: el voto lo ungió como heredero de Piérola en la presidencia.

    Tiene entonces en su estado mayor a un estratego prusiano, el coronel Karl Pauli, quien le aconseja una serie de tácticas de acumulación de fuerzas. Astutamente, Piérola se opone a esa concepción puramente castrense. Su idea es político-militar. Lo que tiene que hacer, decide, es entrar en Lima a como dé lugar. Una vez en la ciudad, recibirá el apoyo del pueblo.
    Sin duda sabe que un obrero silencioso está acumulando armas y municiones en pleno centro de la capital. El ejército regular no se enfrentará, pues, a una muchedumbre desarmada.
    Es así como Piérola ingresa por la puerta de Cocharcas, en los Barrios Altos, y es recibido en triunfo por la masa popular, muchos de cuyos integrantes portan fusiles que han aprendido a manejar durante la guerra del Pacífico. Otra tropa, al mando de Isaías de Piérola, hijo de don Nicolás, penetra, en maniobra diversionista, por el lado de la Plaza Dos de Mayo.
    Luego de tres días de batalla, en que tres mil limeños derramaron heroicamente su sangre, los rebeldes llegan a la Plazuela del Teatro, la misma donde está el Teatro Segura.
    Instalado allí el cuartel general pierolista, recibe la información de que el Cuerpo Diplomático, presidido por el Nuncio Apostólico, Monseñor José Macci, ha pedido una tregua al presidente Cáceres. Este no sólo acepta, sino que decide marchar al exilio.
    Ha triunfado un movimiento dirigido por hacendados y militares; pero integrado por sectores plebeyos que se oponen a la dictadura personal, incluso si es la de un héroe como Cáceres.

     
    Hombres y mujeres del pueblo esperaban a Piérola al ingresar en Lima por los Barrios Altos.

    PAZ Y MUERTE

    Se inicia entonces una etapa de reconstrucción nacional en lo económico y de democratización, con agudas contradicciones, en lo político. Piérola se ciñe la banda presidencial el 8 de setiembre de 1895. Entregará el poder en la misma fecha de 1899. Faltaban tres meses y medio para que naciera el siglo XX, que trajo nuevas y más vastas violencias para el Perú.
    Pero el período de sangre no se había terminado con el ascenso de "El Califa" a la presidencia. Durante los cuatro años de su gobierno hubo varios levantamientos campesinos, que fueron reprimidos a sangre y fuego. El primero fue en Huanta, en el área de Uchuraccay. Los campesinos iquichanos bajaron desde las alturas y desataron una matanza en la ciudad. Tan grande fue la conmoción, que Piérola envió al entonces joven capitán Oscar Benavides a debelar la rebelión. La lucha duró meses. En Huancané y Azángaro, que más tarde verían actuar a Sendero Luminoso, se produjeron levantamientos campesinos con sus respectivas masacres a cargo de las fuerzas del orden.

     
    En la hacienda Cieneguilla, "El Califa" con su estado mayor. Desoyó el consejo de un oficial alemán.

    Bajo la presidencia de Piérola se produce, asimismo, la primera huelga obrera importante del Perú republicano. Los textiles de Vitarte piden aumento de salarios. Acuden a Palacio para solicitar que Piérola interceda. Este les responde que los conflictos entre el capital y el trabajo se resuelven entre las dos partes.
    En su diario, el obrero que había acumulado armas para el '95 con balas, escribiría después: "Piérola nos ha engañado".
    Por esos días, el gran escritor y periodista Abelardo Gamarra "El Tunante" realiza la primera entrevista en la historia del periodismo peruano. En ella plantea a Piérola una interrogación sobre el hecho de que éste hubiera reclutado a la plebe para su causa.
    -Es que Manuel Pardo, del Partido Civil, ya se había reservado a las clases altas, respondió el caudillo.
    -¿Y si hubiese sido al revés?, planteó "El Tunante".
    Piérola extendió una caja de habanos y preguntó, en vez de responder:
    -¿Fuma usted, señor Gamarra?
    En todo caso, la plebe había hecho su ingreso en la historia del país. El siglo XX alboreaba con otras interrogaciones aún sin respuesta.

    Subir

       

       
    Pagina Principal