Edición Nº 1591


 

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    ARTÍCULO

    28 de Octubre de 1999
    Por ORAZIO POTESTA

    Ya,Pues, ¿Cómo lo Hiciste?
    Psicólogos de la Policía pueden hacer hablar hasta al delincuente más peligroso y descubrir cómo se convirtió en un criminal.

    Hasta 1970, el instrumento más complejo que tenía la Policía para analizar al delincuente era un detector de mentiras comprado 20 años antes y que fue casi inaugurado con el sistema nervioso de Luis D'Unian (a) Tatán. Hoy, la Dirección Nacional de Investigación Criminal (Dinincri) cuenta con psicólogos que utilizan técnicas científicas -y otras muy curiosas- que pueden dar fe de la inocencia de una persona o determinar su grado de participación en un crimen. En el campo penal, las conclusiones de su peritaje pueden eximir, atenuar o agravar una sentencia.

     
    El trabajo de la Policía depende de la eficacia de los interrogatorios. Los psicólogos forenses ayudan a conocer al delincuente porque elaboran una historia clínica que busca explicar el origen de su conducta.

    En 1986, Mario Poggi ahorcó al presunto descuartizador Angel Díaz Balbín cuando le realizaba un peritaje psicológico que iba a ser usado en los interrogatorios policiales que eran presenciados por él. Dos días antes de matarlo, Poggi invitó a CARETAS en calidad de exclusiva para ser testigo de cómo lo analizaba, y a la vez sentar un precedente macabro de una noticia que dio la vuelta al mundo 48 horas después. Lo mató con sus propias manos "para salvar a la sociedad".
    De la mente de Mario Poggi a la técnica de estos hombres de traje blanco y corbata, psicólogos de carrera asimilados a la Policía, hay una kilométrica correa de distancia. De 1986 a 1999 las cosas parecen haber cambiado.
    Jaime Garay es uno y Luis Vásquez el otro. Ambos son capitanes y miembros del Area de Psicología Forense de la Oficina de Criminalística (Oficri) de la Policía a cargo del coronel Carlos Olivo Valenzuela.

    Su trabajo consiste en entregar a los policías un dictamen pericial, elaborado a través de varios exámenes, en el que se describe el estado mental del delincuente con el fin de descubrir si miente, si está loco, si es un potencial suicida o su grado de participación en el crimen.

    Psicólogos de la Policía Jaime Garay y Luis Vásquez. Al centro, los cubos de Wechsler que ayudan a descifrar grandes incógnitas. Derecha: el delincuente Luis Campos Milla (a) Momón. Dicen algunos que se paseó con los cubitos.

    DIOS Y LOS CUBITOS

    La mentira más curiosa -pero no pocas veces vista- ocurre cuando un hombre que acuchilló al amante de su mujer finge estar loco durante el interrogatorio (a veces recomendado por su abogado) para evitar la cárcel. "Hay quienes dicen que mataron porque Dios se lo aconsejó -cuenta Olivo. Con una serie de exámenes determinamos si esto es cierto".

    Como se sabe, la defensa del doctor Segisfredo Luza argumentó que éste asesinó en 1966 al joven Fares Wanus (que quizá tuvo una relación con Martha Vértiz, pareja de Luza) debido a cierto tipo de alteraciones mentales siendo condenado a 8 años de cárcel en 1970. CARETAS 423 informó que una persona sana, de acuerdo al Código Penal de la época, hubiese tenido pena de muerte.

    Conocer el coeficiente intelectual es vital para saber qué hizo el delincuente en un crimen. Cierta vez, la Policía capturó a varios que habían secuestrado a un empresario pero ninguno aceptaba ser el que planeó el hecho. Fueron sometidos a varios interrogatorios pero ninguno soltaba prenda. Para salir de dudas, el encargado del caso lo mandó a que lo evalúen. Un policía dijo a CARETAS:
    "A veces nos sentimos impotentes por el cinismo que tienen los delincuentes".

    Gráficos de la prueba de Rorschach. Aunque todo es relativo, si el paciente no asocia el primero con un ave puede decirse que no está situado en la realidad. El segundo puede describir la relación que se tiene con la autoridad o con la figura paterna si es que se aprecian "botas militares" o "pies de gigante".

    En el Perú, la legislación actual indica que cualquier mortal que participa en un secuestro o en un robo con armas de guerra tiene cadena perpetua. Y por esta razón, muchos intentan aligerar o desaparecer su culpabilidad. Pero nadie engaña a los inofensivos "cubitos" usados en la Oficri.
    "Los cubos de Wechsler sirven para medir el grado intelectual de una persona -dice Vásquez. Los acusados tienen que formar con los cubos la figura que aparece en una libreta. Si uno se demora, podemos deducir que su grado de intelectual es menor al promedio y que no planificó el secuestro".

    Los que son rápidos demuestran que tienen cierto talento ejecutivo e ingenio. Se delatan sin hablar.
    ¿Puede que los delincuentes, motivados por su desconfianza, manipulen la evaluación para que las conclusiones no sean correctas? Los peritos acotan que esto es difícil pues los delincuentes no saben el propósito y orientación de cada prueba, y además, porque a éstos, por más que su prontuario tenga el color de un bistec, se les hace sentir en confianza.

    "Los recibimos con afecto y pedimos a su custodio que le quite las esposas
    -sostiene Garay. Eso les hace sentir cómodos y prestos a colaborar". Es normal escuchar minutos después: "Mire doctor, yo me inicio a los 15 años robando faros...".

    Quizá sea Panetón (Jorge Mansilla Paiva) el paciente más peligroso que a Garay le tocó entrevistar. En 1996 y con seis muertos en su haber, realizó el "robo del siglo" en Trujillo cuando asaltó una agencia de Interbank y se llevó doce millones de soles. Apenas ingresó, Garay le dio la mano y le palmoteó el hombro. Le mostró una sonrisa. Panetón hizo lo mismo y le dijo: "¿Cómo está doctor?, mucho gusto".

    Panetón resolvió los test con facilidad y demostró que tenía un nivel intelectual superior al de sus compinches y una sangre fría sin igual. Esto, más las pruebas en su contra, lo encerraron en un círculo difícil de cruzar: el de la culpabilidad. Ahora está condenado a cadena perpetua, pero, pese a este problema insoluble, recibió orientación y salió resignado.

     
    Coronel PNP Carlos Olivo Valenzuela, jefe de la Oficina de Criminalística (Oficri) de la Dinincri.

    TRUCOS Y OLLUCOS

    Aparte de las pruebas científicas, hay otras que son más de esquina o de barrio. Claro que esto es un mero decir. Una vez les llegó un asaltante que no reconocía su crimen pese a que estaba inundado de pruebas. Los detectives informaron que quizá era un gran mitómano. Le decían "Olluco".

    Los psicólogos le preguntaron si alguna vez se había masturbado y contestó que no, pese a que registraba ciertos desórdenes sexuales. "Indicios como ése nos pueden llevar a una certeza -afirma Vásquez- que debemos corroborar con varios exámenes. Esta respuesta apuntaba a que mentía".
    La malicia se puede conocer cuando se le pide al delincuente que complete en forma oral una frase a medias. "Si sales de tu casa y te encuentras un sobre...". Garay dice que respuestas como "lo abro" o "me lo llevo a mi casa" pintarán un personaje no tan inmaculado que digamos.

    Otra es: "Si es de noche y te pierdes en un bosque...". Si la respuesta es "grito para ver si me escuchan" delataría a un delincuente que prima el lado emocional sobre el racional y que frente a un alto grado de presión -en la cárcel por ejemplo- podría quitarse la vida o sacar a otro del partido.

    Ahora, si el delincuente sorprende al decir que "seguiría un riachuelo" o "subiría al árbol más grande para ver si hay algún pueblo" se trataría de un maquiavélico y cerebral criminal. Se dice que Momón (Luis Campos Milla/10 muertos) dijo cosas parecidas y que se paseó con los cubitos.

     
    Según Vásquez y Garay, la violencia extrema de los delincuentes tendría explicación en el resentimiento hacia la sociedad y la familia. Derecha: Jorge Mansilla Paiva (a) Panetón. Seis muertos.

    PRUEBA OFICIAL

    El peritaje de estos psicólogos se considera una prueba oficial tanto para la Policía como para la justicia. Si durante la entrevista -que suele durar no menos de tres horas- se comprueba que el autor del hecho criminal tuvo un pasado tormentoso como una violación (en el caso de un depravado) y maltrato infantil (si se trata de un asaltante) el juez -que es el perito de peritos- puede no ser drástico con su sentencia. Esto, siempre y cuando el inculpado no posea antecedentes.
    Garay explica: "Hay ocasiones en que una persona con una vida intachable comete un crimen por causa de una serie de problemas y presiones. Eso lo ponemos en el dictamen pericial y explicamos además por qué lo hizo".
    Estos psicólogos pidieron estar en esta oficina -que tiene vidrios por paredes- porque absorbe menos tensión. Dicen que el escenario callejero también relaja y ablanda al delincuente que no desea confesar su participación en un delito. ¿De qué manera? Garay sostiene:
    "Quizá sufren por el sentimiento de culpa al pensar que tal vez nunca más puedan estar en libertad".

    El Caso Poggi

    Mario Poggi "supo" que era Angel Díaz Balbín el descuartizador de al menos siete personas porque dibujaba figuras humanas sin extremidades y tenía 180 de coeficiente intelectual. Esto último le convertía en un grave peligro para la sociedad, y por eso lo mató en 1986. Fue condenado a 12 años pero sólo estuvo 54 meses en la cárcel. Fue liberado en 1990.

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