Alberto, En Qué Me Has Metido

Por LORENA TUDELA LOVEDAY

PUCHA, una se descuida un segundo y el new Peru se te mete por todas partes en esta dichosa oficina; acabo de levantarme de mi sillón para relajarme y cuando he regresado, pucha, mi secretaria (¡Jackelinne's Preatty's Farfán!) ya volvió a poner sobre el monitor de su computadora toda la colección de ositos de peluche en miniatura que el día que entré le pedí evaporar, con riesgo de engrosar las filas de la PEA suspendida si es que no aceptaba, no sé si me entiendes.
Bueno, no te he contado, pues, que me llamó mi primo segundo Alberto para que lo asesore, ¿ya? Pucha, cuando me lo dijo yo casi me muero y no porque trabajar para los oscuros designios de El Ojal Inescrupuloso me produzca problemas de conciencia (ay hija, de peores casas la han botado a una) sino de imaginar que Martucha, ag, en el lonche de su tía Etelvina les iba a decir a sus primas patichuecas y rollipanzudas, "¡me siento feliiiiz, imagínense que Lorenita Tudela ha entrado a colaborar con nosotros!" Plop.
Pero en fin, hija, en la juramentación lo vi al pobre Alberto tan lleno de energía y minas y aterrorizado a la vez, que pucha, o sea, decidí que si entre GCU no nos ayudamos, no esperemos que Absalón venga a salvarnos, y le acepté un octavo de tiempo ahí en la PCM, pero con tres condiciones, ¿ya?:
1. Que ¡NADIE! en esa oficina ose dirigirse a mí llamándome mamita, lindita, muñeca, hijita, preciosa ni corazoncito. Condición no negociable y puesta por escrito.
2. Que en mi scope of work se incluya la obligación de redecorar las instalaciones de la tal PCM, hija, porque una vez, cuando yo estaba en el equipo de Reforma del Estado, pucha, entré a ese local que fuera la casa de mi tío Mariano y cuando vi una foto de El Nipón Hórrido (hecha seguramente en el estudio El Flash Infalible) colgada en la pared del comedor donde antes estuvo un retrato al óleo del bisabuelo Mariano Ignacio pintado por Baca Flor, salí corriendo a los gritos de "¡esto es una burla, me cago en la simplificación administrativa!".

3. Que mi contrato salga por el Banco Mundial porque si entro a planilla y en el próximo Día del Empleado Público me invitan a almorzar a Cieneguilla, me voy a vivir a Luxemburgo.
Alberto atracó e inmediatamente empecé y no sabes, o sea, el primer día nos sentamos él y yo a recordar, hija, cuando estábamos los dos en Letras de La Católica, el mundo era previo a este cínico estercolero y todo lo hablábamos más o menos así: "no puedo ir a tu fiesta del sábado porque no están dadas las condiciones objetivas en el seno del pueblo y además que la formación social está en plena teoría de la dependencia del campo a la ciudad", cómo te explico.
Pucha, o sea, agarramos una pista regia acordándonos de ese viaje que hicimos a la selva para conocer directamente la realidad nacional de la lucha de clases, ¿ya?; y pucha, o sea, el pobre Alberto una noche salió al monte a hacer pila y cuando quiso regresar, se dio cuenta de que estaba poco menos que camino a Brasil, y al día siguiente hubo que contratar piros para buscarlo. Lo encontraron, hija, sentado en un shihuahuaco hecho un alfiletero por las picaduras de los mosquitos, repitiéndose a sí mismo, "por qué no traje el repelente Premier, maldición" y como uno de los piros era chamán ayahuasquero, pucha, reinterpretó sus palabras y sentenció: "el gordito va a terminar siendo del país su premier", y mira tú lo que es la vida.
En fin, hija, mi tarea de hoy es súper pesada: tengo que reunir a Efra y a Gringo y hacerles terapia de a dos a ver si se dejan de hablar huevadas sobre quién es el verdadero ministro de Economía, ¿ya? Después, o sea, tenemos un cóctel en la Embajada de Birmania, súper importante; y al mediodía, o sea, hay que estar con El Chino Cuchufleto en el Consejo de Ministros y yo, ni más ni menos que yo, Lorena Tudela Loveday, pucha, tengo que presentarle al interfecto un nuevo proyecto de Reforma del Estado regio que he hecho, en el que por Decreto Supremo se prohíbe que las secretarias pongan sus peluchitos sobre el monitor de sus computadoras, entre otros puntos, por supuesto. Pero bueno, hija, un día la vida te pone acá y al otro, más allá, cómo será pues. Chau, chau. (Rafo León).

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