Caretas 1586: Controversias




Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

¡Se lo Gastaron!
COMO era de suponer, el gobierno ya se gastó la mayor parte del dinero de las privatizaciones, varios miles de millones de dólares. Y lo hizo sin dar cuenta a nadie. Es decir, ellos decidieron en qué se gastaba y cómo se gastaba. Y recién ahora lo admiten, anunciando cifras globales, contradictorias y confusas.
Una parte importante del producto de las privatizaciones se usó para comprar armas, después de la derrota del Cenepa, en 1995. El presidente Alberto Fujimori también mintió en esa ocasión, cuando declaró en Montevideo a la televisión uruguaya, apenas concluido el conflicto, que el Perú no gastaría un centavo en comprar armas.
"Nosotros no tenemos la necesidad de reponer, por ejemplo las máquinas perdidas", dijo Fujimori, porque el Perú es "uno de los países mejor armados de América Latina" con los numerosos "tanques, aviones supersónicos y aviones rusos y misiles de todo tipo", que se habían comprado durante el gobierno militar para "hacerle la guerra a Chile". (El Mercurio, Santiago de Chile, 3.3.95.).
Eso era falso, por supuesto, y los primeros en saberlo eran los ecuatorianos, que habían derribado más de diez naves aéreas peruanas. Parte del armamento peruano era obsoleto y otra parte estaba en un estado deficiente por falta de mantenimiento y repuestos. Eso era exclusiva responsabilidad de la cúpula militar y el gobierno peruanos, que ya llevaban cinco años en el poder.
Era muy evidente que el Perú invertiría dinero para poner en operación el material de guerra que tenía, y que realizaría nuevas adquisiciones. Ni a Ecuador ni a ningún vecino se le iba a embaucar con el cuento que Perú no gastaría un centavo en armas. ¿A quién quería engañar Fujimori entonces? Al pueblo peruano, por supuesto.
De hecho, en las publicaciones especializadas empezaron a aparecer las compras de armas peruanas, desde 1996. Nadie puede adquirir un lote de aviones modernos de combate, por cientos de millones de dólares, sin que todo el mundo se entere.
Pero aquí se mantenía el más hermético silencio oficial. Recién en junio de 1997 se admitió que se habían comprado aviones MiG-29. Y sólo el 9 de julio de 1999, el presidente Fujimori reconoció que también se habían adquirido aviones de ataque a tierra Sukhoi 25.
El lunes pasado, Angel Páez ha publicado en La República una larga y detallada relación de adquisiciones militares. Esa lista, como lo señala el propio Páez, es parcial. No incluye, por ejemplo, los 150 tanques T-72, de fabricación soviética, cuya existencia todavía se mantiene en la clandestinidad en el Perú, aunque publicaciones ecuatorianas y chilenas ya los han comprendido en el arsenal peruano desde años atrás.
En Internet, un excelente web "no oficial" de las Fuerzas Armadas peruanas -es en realidad un web oficioso de las FF.AA.-, incluye una prolija y actualizada relación del armamento peruano y el orden de batalla, es decir, el despliegue de las FF.AA. (http://www.geocities.com/CapeCanaveral/ Cockpit/5857/index.htm).
Allí se incluyen los nuevos 150 tanques T-72 rusos, y se señala que los 375 antiguos T-55, adquiridos en el gobierno del general Juan Velasco, han sido "repotenciados".
Otras novedades son los sistemas de defensa antiaérea rusos Tor y Tunguska. También nuevos en la artillería peruana son los 26 lanzacohetes múltiples del tipo BM-21 Grad, con cuarenta alveolos de 122 mm., que usan munición de fósforo blanco, y son denominados en el Perú "las cuarenta bocas de fuego".
La relación es larga. El problema no reside en que el Perú comprara armas luego del desastre del Cenepa. Era obvio que tenía que hacerlo. El asunto es que nunca hubo una discusión pública sobre la necesidad de realizar esas adquisiciones, cuánto gastar en ellas y cómo hacerlo, como ocurre en todos los países democráticos del mundo. Y, sin ir muy lejos, en Chile, cuyas FF.AA. han emprendido desde hace años un proceso de modernización.
¿Por qué el secreto? Si no es por razones militares, la única explicación lógica es que se ha hecho para esconder los manejos oscuros. Cuando los fiscales italianos descubrieron en 1996 que la empresa Otomelara había pagado coimas a funcionarios peruanos en la adquisición de misiles Otomat para la Marina, y eso fue denunciado por el congresista Fernando Olivera, el gobierno simplemente silenció el asunto.
El gobierno peruano jamás respondió a las documentadas denuncias del diario La República sobre la extraña adquisición de aviones a Bielorrusia, a sabiendas que ellos no podían garantizar ni los repuestos ni el mantenimiento.
Esa ha sido, pues, la verdadera razón del velo de misterio sobre las compras de armas. Y un día los peruanos despertamos y nos enteramos que el dinero de las privatizaciones ya se volatilizó. Habrá que ver si se puede, cuando termine este gobierno, seguir la pista del dinero y descubrir las cuentas secretas donde seguramente se esconde parte de lo que fue el patrimonio de los peruanos.

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