Conversación En la Catedral
Mientras monseñor Cipriani lanza opiniones, propuestas y críticas sobre temas de lo más diversos, los `diarios chicha' y otras estrategias políticas vetadas discurren a vista y paciencia suyas.

El general César Saucedo, ministro del Interior, junto a controvertido promotor de prensa amarilla Augusto Bresani. Al lado, monseñor Cipriani: ¿no se oye, padre?

TERMINO la cura de silencio (si alguna vez la hubo). En las últimas semanas, monseñor Juan Luis Cipriani, nuestro dinámico arzobispo de Lima, ha vuelto a agitar el cotarro político, eclesial y ciudadano al emitir un rosario de opiniones sobre una casi infinita variedad de temas. Ni Rosa Elvira Cartagena, nuestra angelical Miss Perú defenestrada, escapó de su bendición.
Al Ministerio de Salud le ha pedido 10 por ciento del presuspuesto del Programa de Planificación Familiar para promover los métodos naturales. Del ministro de Educación, Felipe García Escudero, ha dicho que "lo está meciendo" con el asunto del curso de religión en el bachillerato. Y a las feministas les lanzó una sutil filípica ("la mujer debe ser más femenina, no feminista"), que les supo a excomunión injustificada.
Sus sentencias más polémicas, sin embargo, afloraron esta semana, cuando, prácticamente, pidió la liberación del general Tomás Marky, preso por una acusación de narcotráfico, y sobre todo cuando, en la misa por Santa Rosa de Lima, solicitó, no sin cierta solemnidad, "menos política y más religión". Al 30 de agosto, fecha de aquella celebración, Cipriani llegó casi convertido en un líder de la palabra y el gesto.
Todo este cóctel de intervenciones públicas se explica por el talante locuaz y campechano del arzobispo, que ya le ha granjeado alguna simpatía entre la población. Pero también por la correspondencia que existe entre sus opiniones y la filosofía del Opus Dei, siempre listo para fomentar sus ideas. El Evangelio, según esa versión, debe promover, principalmente, la educación, la familia, los valores morales.
De allí el zapateo por el curso de religión, por ejemplo, algo que comparte con el resto de la Conferencia Episcopal en pleno. Sólo que, en este terreno, una cosa es con Cipriani y otra con Bambarén. O con monseñor Irízar, encargado de la Comisión de Educación del Episcopado. Los afanes del primero suenan a catecismo impuesto en el bachillerato; la propuesta de los otros podría (esperemos) ser más heterodoxa y con arrebatos ecuménicos.
Lo curioso -y hay que recordárselo a cierta feligresía desprevenida- es que no es el arzobispo de Lima quien debe abogar por eso. El no es "el jefe de la Iglesia Peruana", como sostienen incluso creyentes muy ilustrados. Es el primado porque gobierna la Arquidiócesis de Lima, la principal sede católica del Perú, y sus decisiones sólo valen allí. Puede reclamar, en otras palabras, por la educación religiosa que se da en el Cercado; no por la que se da en Yurimaguas.

Profusos titulares que dan cuenta del plan nuestro de cada día.

El partido de fondo, aunque la prédica pretenda apuntar hacia otro lado, es político. ¿Qué significa, sino, pedirle dinero al Estado para la planificación familiar? ¿O cuestionar la labor de los jueces en el caso del general Marky? ¿Hay algo más político que pedirle a la gente que no se meta en política, precisamente cuando es justo y necesario que lo haga para buscar una solución a sus acuciosos problemas económicos y sociales?
En el caso de la planificación familiar lo que, según el ministerio de Salud, se le podría dar a monseñor Cipriani, en el supuesto de que haga una celestial alianza, son unos 3 millones 600 mil soles (el 10 por ciento del presupuesto del programa de PF). Pero en el caso de pedir un relativo mutis político lo que está en juego es algo incalculable y a la larga bastante más riesgoso que una vasectomía.
Mientras el cardenal Vargas Alzamora reclama que se investigue el presunto acoso a Andrade y Castañeda Lossio, y mientras Bambarén pide que no se utilice el PRONAA con fines de clientelaje político, desde el arzobispado de Lima se solicita bajar el tono. De un modo similar a como, tiempo atrás, luego de un comunicado de la Conferencia Episcopal criticando el retiro de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Cipriani afirmara que ése no era un "tema prioritario".
La misma fuerza, por otra parte, que el primado del Perú utiliza para criticar a los talk shows se extraña frente a situaciones más dramáticas. El lunes 30 de agosto, durante el homenaje a la Policía, Augusto Bresani, sindicado como promotor de algunos diarios que cotidianamente esparcen insultos a periodistas y políticos, además de calatas, anduvo por la Catedral, acompañado del ministro del Interior César Saucedo (ver foto).
¿Hacia dónde miraba nuestro arzobispo en ese momento? Tenía entonces la oportunidad de juntar en un haz su militante defensa de la familia y la moral con la prudente distancia que un pastor debe guardar de personajes públicamente controvertidos. La abstinencia política en dicha circunstancia hubiera resultado sumamente elocuente y testimonial.
Las mujeres, por último, deben tener muy presente a monseñor Cipriani (y viceversa). En los últimos días las reclamó "tiernas y leales" y las llamó "benditas" por dar a luz a sus hijos, aun cuando luego sugirió que si hay familia numerosa el problema "no es de dinero, sino de generosidad". Esta última afirmación podría generarle preguntas hasta a la propia Santa Rosa, que de pobrezas ajustadísimas sabía bastante. Y no era feminista, que se sepa.
Varios de los temas soltados y opinados por el arzobispo de Lima seguirán rodando en las próximas semanas, sobre todo el del curso de religión Si el asunto es no meterse tanto en política, entonces que el Cielo nos ampare. Porque quedarse callado de aquí al otro milenio consituye el más grande pecado de omisión que, por los siglos de los siglos y por las puras, cometería cualquier cristiano de a pie, con o sin sotana (Ramiro Escobar).



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