No Es BROMA
El plan del gobierno para convertir en mascotas a estrellas de la farándula.

El Presidente Fujimori y su imitador Carlos Alvarez en jocoso encuentro. ¿Ejercicio democrático? No necesariamente. El extraordinario cómico trabaja ahora en Canal 7, del Estado -después de quedarse sin programa al agotar Canal 9 sus finanzas-, y el inventario de sus bromas está adquiriendo un equilibrio naranja. Lo mismo sucede con Tulio Loza, otrora de lo más liso, y otras estrellas del rating están siendo reclutadas por el oficialismo mediando convicción, conveniencia o compromiso. Este no es sólo un globo de ensayo electoral sino todo un programa de manejo psicosocial en el que el gobierno busca armar con dinero público una comparsa propia y cumplidora.

En todas partes del mundo los políticos buscan con mayor o menor discreción la cercanía de personalidades con arrastre popular, a veces en la farándula o el deporte. Pero lo que está sucediendo en los medios electrónicos de este Perú en crisis económica y mal disimulada vocación autoritaria va más allá. Comienza por reclutar a locutores de emisoras de radio noticiosas, a los soldados y a los cabos como Jesús Miguel Calderón de RPP, los que cumplen la tarea de bombardear al público desde las primeras horas del día con micronoticias que son a menudo afirmaciones tendenciosas con libreto unificado. Esto se hace patente en situaciones especiales, como cuando amenaza un paro o un adversario del régimen como Alan García hace una declaración controversial. La catarata se alterna con programas y periodistas serios e independientes como Raúl Vargas, Miguel Humberto Aguirre, José María Salcedo, Santiago Pedraglio y Zenaida Solís, pero es una realidad cotidiana.
Después, una televisión sometida a las más diversas presiones, y la creciente desaparición de programas de investigación periodística.
Finalmente, los estrategas propagandísticos del régimen, entre los que se cuentan al propio Presidente, simplemente estudian y, sin importarles el contenido o calidad del programa, enhebran una relación.
Bastante sofisticada la mecánica pero deplorable desde el punto de vista de una sociedad que busca debatir los temas en lugar de trivializarlos.
A continuación Fernando Vivas, comentarista especializado de CARETAS, describe los avances por reclutar una `fujifarándula' en la televisión y pagos afines.

Intentando domesticar la silvestre popularidad de Rossy War . La chicha sale perdiendo.

Escribe FERNANDO VIVAS

LA fama y el poder hacen un cocktail mañoso e indigesto. La identificación emocional con las estrellas es inofensiva si se mantiene bajo la luz de los reflectores, como un juego entretenido y nada más. Pero es explosiva cuando la estrella de ocasión endosa popularidad al político que se la pida.
Al revés, mal hace el político en reemplazar sus discursos y programas por veleidades de farandulero, por quecos y pucheros teatrales que no vienen a cuento para un buen gobierno. Los debates nacionales no se pueden dilucidar en un talkhsow. Ni la banda presidencial puede reposar sobre el pecho inflado de un cómico.
En reciente edición de su hora humorística del Canal 7, Carlos Alvarez apareció remedando a Fujimori en sus propias narices cuando fue contratado para la misma ceremonia en la que éste era el principal invitado. Es más, el Chino indujo la monería. ¿Cuál es el firme y cuál es el bamba?
Pues está ocurriendo precisamente que el fujimorismo se agencia el respaldo de algunos famosos para triunfar en su empeño reelectoral. Ha sucecido en otras partes y coyunturas que se ha invitado a estrellas de la farándula a sumarse a tal o cual campaña; pero aquí el proceso es compulsivo, sistemático, sospechoso. Lejos estamos de las adhesiones de último momento a la campaña de Mario Vargas Llosa en 1989, cuando personalidades como Gisela Valcárcel y Augusto Ferrando -que dejó entrever sus intereses crematísticos según narra MVLL en "El pez en el agua"- quisieron prestarle su telegenia al frustrado candidato. Ahora esa voluntad, silvestre o calculadora, lo mismo da, se fuerza y se pervierte.
El tesoro público, a través del Canal 7, por ejemplo, se está utilizando para compensar este servicio interesado de quienes a la hora de la verdad, nunca se confiesan fujimoristas, como Tulio Loza, el mismo que adujo motivos de censura política cuando fue despedido de América Canal 4 y que hoy tiene una oficiosa secuencia asistencialista en su `Gánate con Tulio' del mismo 7 e, invitado donde su vecino Carlos Alvarez, admitió su fujimorismo de supervivencia.
Aunque ni Loza ni Roque Otárola, presidente de directorio del 7, mencionen cifras y este último hable de misteriosas joint-ventures donde en lugar de nutridas tandas de anunciantes aparecen hartas promociones del canal (entre ellas las del redivivo `Triki trak' de Rulito Pinasco), se dice que estos contratos superan los 10,000 dólares, todo un récord para el austero 7. Además de TNP muchos otros grupos de enganche como el SIN, las huestes de Absalón, las de Vamos Vecino o los gobiernos regionales, hacen de bisagra entre la gente conspicua y el poder.
El caso de la cantante Rossy War, invitada `top' al mitin de cumpleaños de Fujimori el 27 de julio en el parque Huayna Cápac de San Juan de Miraflores, es el más controvertido. Emblema de la ofensiva cultural chichera, el caudal de popularidad de la señora Guerra es el más apetecible para los de arriba.

Con la coartada de la `televisión blanca' Raúl Romero ha hecho concesivas entrevistas a gente naranja como María Luisa Cuculiza. Mal negocio pues el rating de "A las 10 de la P.M.", descendió esa noche a un bajo 4.8. En Laura Bozzo las simpatías gobiernistas y el caudal de sintonía populista de 30 puntos ya no sorprenden a nadie. En Tulio Loza, los oficialismos sí sorprenden.

Acribillada a preguntas por la prensa del espectáculo, Rossy dijo que había aceptado la invitación por pura curiosidad y que no había cobrado nada. ¡Se había expuesto a que el Presidente la exhiba como botín electoral y como piernona candidata a sus afectos pasajeros, y para colmo gratis! Tuvo que salirse del libreto para recordarle al agasajado que era casada y que su esposo-compositor-manager Tito Maury andaba a pocos metros de distancia. Un mal paso para esta autogestionaria reina de la chatarra musical.
Peor fue su bochorno al no poder responder cómo así una canción que supuestamente había escrito buen tiempo atrás acabó llamándose `Perú, país con futuro', igual que el eslogan fujimorista. Si bien Rossy afirma que no le pagaron nada ella sí acabó pagando un precio alto: a los pocos días de su `happening' en el Huayna Cápac, su primer Gran Estelar en la Feria del Hogar fue tildado por la misma prensa que exaltaba todos sus pasos, de sonoro fracaso. A Pepe Vásquez, su telonero en aquella oportunidad, tampoco se le pagó, pero afirma que fue una simple e inocente gentileza hacia el alcalde fujimorista Alfredo Ocampo.
Si Rossy War aún puede salir del impasse dándole duro a la technocumbia, para Rosa Elvira Cartagena, flamante Miss Perú Mundo, la quemazón ha sido de tercer grado. Tras pasearse en bicicleta con Fujimori, sometida a roces y palanqueos incómodos, ganó una pasajera popularidad oficialista que ella creyó ver rematada exagerando el monto de un atraco del que fue víctima. Declaró a la prensa que su corona birlada valía 20 veces más que su precio real. Recuperada la prenda y develado el teatro, Rosa Elvira lloró a lágrima viva -en cadena nacional- el triste final de su bicicleteada.
Estos derechos de pernada virtual sobre los liderazgos populares nos retroceden a una semifeudalidad clientelista, que tiene su expresión más cruda en el talk-show de Laura Bozzo. Por supuesto, la doctora no espera que la llamen, acude rauda a prestar sus servicios. No es el caso de Carlos Alvarez, el más autoral, brioso y chispeante cómico de la Tv desde el declive de Tulio Loza en cuyo programa `Los Alvarez' de Canal 7 ha introducido en los remedos un factor tendencioso, saliéndose de la joda para dar cabida a rollos oficialistas como el de su edición dedicada al mensaje del 28 de julio. Fujimori es mostrado como el triunfador de la yuca, mientras a la oposición le caen toscos palazos cómicos.
Más que extrañados por esta falta de equidad y espíritu crítico de quien no hace mucho nos regaló una extraordinaria temporada por el 9, le preguntamos los motivos del giro. Dijo:
-Son varios factores. Yo tenía en el 9 un personaje muy fuerte que era el de Hildebrandt, que no lo tuve en mi época del 2. Incluso el sketch de las geishas era una consecuencia de su programa. Al salir ese personaje me dejó sin piso. Quisiera recurrir a otros personajes pero no tienen esa fuerza... El humor político que yo hago sacaba lo medular de los programas de opinión que han perdido mucho peso. Ya no están los críticos en la TV, tendría que inventarme un personaje como Tulio lo hizo con Camotillo.
-Esta `resignación realista' a mostrar a un Fujimori triunfal, sin críticos de peso en la TV puede explicar parcialmente lo que no haces, pero no explica para nada mucho de lo que haces, lo tendencioso de tus últimos libretos.

Rossy War y Alberto Fujimori hicieron show con disímiles resultados según canal y estrato.

-Quiero evitar suspicacias y aclarar que yo escribo solo, nadie me escribe ninguna línea. Mi personaje de Fuji refleja lo que Fuji es. Le aplaudo algunos logros, como los de la paz con Ecuador y la captura de `Feliciano'. Y no me he subido a ningún coche pues cuando empecé en el 7 Fuji estaba en tercer lugar en las encuestas, después de Andrade y Castañeda. Ahora está primero.
-En ese cambio puede haber aportado tu programa. Pero más allá de esta ironía y de las legítimas simpatías con tal o cual campaña oficial, o con el Presidente mismo, ¿acaso no estamos de acuerdo en que el humor político es el joder a todos, el bajar a los poderosos a la tierra? ¿Es que el canal te pone muchas trabas?
-Evidentemente, el canal del Estado me ha pedido que no le dé con palo al Presidente. Pero, en fin, reconozco que he cometido un error y pienso corregirlo, no soy un franelero que se sube al carro, no soy anti-Andrade tampoco y tal vez lo imite cuando la contienda se ponga más fuerte. Voy a hacer además humor descentralizado, yendo a provincias y aprovechando la cobertura nacional del 7. Sé que he cometido excesos y los puedo corregir.
Que así sea en nombre del humor y la democracia, pues estamos hartos de cómicos ambulantes, aunque hay que saludar que éstos sean demasiado torpes, indigentes y desmelenados como para llevar el mensaje de la re-re-elección. Todo lo contrario de Raúl Romero, inteligente, afortunado y graciosón que, con el cuento de la televisión blanca, está regalando cuartos de hora a gente naranja como la Cuculiza, Keiko Fujimori y la chata War.
Por supuesto, que las intenciones de RR de moderar la agresividad galopante de la TV conversada son encomiables y su talento para ejecutarlas está fuera de duda, pero reprimir desenfados para hacer cherris oficiosos no es lo mejor que ha podido pasarle. Su libertad de simpatías es legítima pero se nos aparece como un derivado de su sentido de la solemnidad, de tomarse tan en serio como entertainer que llega a pensar que su presencia va mucho más allá del simple entretenimiento y se instala en un dominio de la responsabilidad cívica que para él sólo es entendible aliada al poder.
Como la de Carlos Alvarez, su chispa se puede extinguir si se somete a ese clima tormentoso. Laura Bozzo no tiene redención posible, tras haber rendido pleitesía en vivo a Fujimori, rodeada de sus huestes de señitos enardecidas, ha mandado besos volados a Vladimiro Montesinos como haciéndole la camita para la primera entrevista del asesor.
Por supuesto, se puede ser famoso y decirle no al oficialismo. La popularidad es el mejor respaldo contra la patanería del `cántame pues' y es un valor que los famosos deberían proteger por encima de sus veleidades ideológicas e intereses crematísticos, como que la fama no les pertenece del todo a ellos sino a esos cientos de miles que no tienen por qué soportar que sus afectos y emociones sean endosados a terceros.


Benditos Chistosos
Mientras otros claudican, cómicos del dial resisten..

ALGUNOS locutores radiales se han convertido en una caja de resonancia de ciertas minicampañas del oficialismo. Cualquier declaración del alcalde de Lima, por ejemplo, sufre una tergiversación de previsible sesgo. Y el resto de encabezados son del tipo "Perú: País con Futuro". Cero crítica. Dicho estilo era el que practicaba el ahora congresista de Cambio 90, Dennis Vargas Marín, quien siendo director de noticias de RPP realizó campaña evidentemente favorable al autogolpe del 5 de abril.
Por otro lado, mientras parte de la farándula se deja seducir sin el menor cuestionamiento por los guiones del tácito programa `Chino al 2000', el espacio radial `Los Chistosos' (Guillermo Rossini, Fernando Armas y Hernán Vidaurre) se ha convertido en un baluarte de la independencia cómica. En base a asombrosas imitaciones, criolla ironía y una capacidad de improvisación extraordinaria no perdonan a nadie, pero con genial humor y sin llegar a extremos impropios. Así, una acongojada Blanca Nélida Colán se queja por los líos que suscita su `pequeña casita' y los trabajos que le da la piscina. El charapa Tomás Gonzales Reátegui se defiende del ficio (sic) por nepotismo entablado por sus propios paisanos del oriente, con su ya célebre frase: `ese no es asííí' (sic). Y al final del programa, es un hecho que el Presidente se inmiscuya para robar micrófonos, sólo que ellos lo interrumpen y lo despiden antes que haya terminado.



© 1995 - 1999 Empresa Editora Caretas S.A.