El Corset de Isabela
Delia Fiallo y la dramaturgia oscurantista

Por FERNANDO VIVAS

SI algo ensombrece a la telenovela tradicional cuando se pinta sofisticada, cuando deja las cuatro paredes peladas del melodrama de pobres para pasearse por salones y escalinatas; es su fatal conservadurismo. Allí no se está para jugar al decadentismo casquivano, a la travesura o a la iconoclastia, sino para compartir lamentos con gente que no sufre ni más ni menos que nosotros. Los ricos lloran igual, así que no hay por qué reclamarles ni un brillo especial ni un sacrificio redentor que justifique sus privilegios. En esta dramaturgia oscurantista todos padecemos del mismo pecado original.

Ana Colchero en sacrosanta dramaturgia de folletín.

Ricos y pobres tienen localidades fijas en los folletines cavernarios de Delia Fiallo, y sólo saltan las barreras cuando hubo un trueque de cunas en la maternidad o cuando una madre culposa y retorcida como la criada Leandra que encarna Teddy Guzmán se deshizo del paquete apenas parido y se arrastra por la novela esperando que su servil vía crucis restituya a sus engendros la posición social que a ella se le ha negado. (El original de `Isabela' es del brasileño Manoel Carlos y al parecer se concentraba en el contraste entre el romance iluso del galán con dos mujeres parecidas y la intriga perversa ambientada en atmósferas entre góticas y art-deco, pero J.E. Crousillat se aseguró que Ana Montes lo reciclara según los cánones de la Fiallo: los hombres han de ser manipulables y exentos de culpas originales, las mujeres son las que pecan y pagan sus pecados; el doble matrimonio de Meier con la Colchero debe utilizarse para fortalecer el mandato endogámico. En los folletines tribales de la Fiallo -"Cristal", "Topacio" o "Leonela"- los personajes están condenados a repetir el plato y a casarse dentro del clan. En este punto el conservadurismo raya con la perversión del incesto).
Isabela y antes de ella las encorsetadas Luz María o Leonela son hembras del desfase, mujeres incompletas si no hay un hombre que las violente y las apachurre. Millones de televidentes, aquí, en México, España o en algún emirato árabe enamorado del exotismo latino, se someten a este arte del cangrejo, pero bien podrían engancharse con temas y personajes que encaren la movilidad social, el empate de los sexos y la lucha contra el destino; que echen luz sobre tanto oscurantismo.


Escribe ORLANDO SACHA

Orlando Sacha, amarrado por los noticieros y el cine.

  • No veo demasiada televisión. No es que no me sienta atraído, sino que este notable invento del siglo tiene algo que me asusta: su carácter claramente adictivo e hipnótico. Cuando la veo tengo predilección por aquellos programas que le son propios, que me permiten enterarme de lo que sucede en cualquier lugar del planeta en el momento en que las cosas ocurren. Esto no impide que en ocasiones me incline hacia algún programa parásito, (el cine, por ejemplo, si está impregnado de arte, valores, talento y belleza). Me amarran los noticieros. Seguramente porque vivo esperando que algo ocurra. Veo un partido de fútbol porque me apasiona ese deporte.
    En general me gusta ver cualquier programa que signifique un aporte al conocimiento y a la cultura. Encuentro en el cable las mejores posibilidades, quizás porque los canales locales tienen, en estos tiempos, una programación muy disminuida, inclinada a rebajar mentalmente a los espectadores, un camino que puede desembocar en el embrutecimiento de todo un pueblo. Finalmente me queda el recurso del zapping: Si no encuentro nada que me interese, apago.


    Canal A, AM y PM
    Raúl Romero en su tercer debut por Canal A.

    CON un lanzamiento matinal y otro nocturno -"Para todos" y "A las 10 de la PM"- el Canal A va resolviendo sus angustias de producción (al parecer, el financista internacional Michael Solomon no acaba de honrar sus promesas y ha entrado a tallar otro capitalista local) con dos muestras de lo que el también angustiado vecino del 13, Gustavo Delgado, llamaría `televisión blanca'. "Para todos" es un magazín utilísimo sin mucho aliento, conducido, en tono forzado, por Bruno Pinasco y Andrea Montenegro; pero "De la PM" es una entrega más original y ambiciosa, acorde a la experiencia y a las pretensiones de Raúl Romero. Una primera noche vista es poco para comentar -Rossy War fue además una sosa entrevistada- pero sí permite intuir que el programa va a apelar a la alternancia de entrevistas, jueguillos y pequeños pantallazos callejeros, antes que al golpe de una sola y brava conversa. Suerte.


    Picotazos
    "Oé, la señal está llegando mal o es tu cara".

    Espectador batiendo a Raúl Romero en "A las 10 de la PM".



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