En la Ruta de Feliciano
Reportero de CARETAS recorrió los lugares donde
estuvo recientemente el líder senderista.

Un día después de la captura de "Feliciano", cuando el show mediático estaba en su esplendor, el autor de esta nota llegó, acompañado por miembros de la Defensoría del Pueblo, a la zona de Ayahuanco, un distrito de la ayacuchana provincia de Huanta. Gracias a testimonios de primera fuente, se pudo registrar algunos de los lugares que más recientemente recorrió el líder senderista.

Vladimiro Huaroc, representante de la
Defensoría del Pueblo en Huancayo,
en pleno cruce vital para llegar a Jochacc.

Escribe MANUEL ERAUSQUIN
Fotos ERIC DAÑINO

UN puente colgante es la única alternativa para cruzar de Huancavelica a Ayacucho, en la zona de los Baños de Coris. El Mantaro marca el límite de estos departamentos, mostrando su majestuosidad y su engañosa calma. De allí en adelante sólo queda trepar un cerro, seguir por el camino agreste e inhóspito que conduce a Jochacc, anexo de Ayahuanco, un distrito de la provincia de Huanta (Ayacucho).
Allí la Defensoría del Pueblo impartió un taller sobre Derechos Humanos el pasado fin de semana. CARETAS logró estar presente en este curso y, casi de casualidad, pudo mantenerse cerca a Vizcatán, ceja de selva ayacuchana donde "Feliciano", el líder senderista caído en desgracia, tenía su base (Jochacc está a dos días a pie de Vizcatán). Según ronderos del lugar, a pesar de su captura y el triunfalismo de muchos, todavía existe una temible marca senderista en la zona.
Ayahuanco está exactamente en el extremo norte de la provincia de Huanta y su nombre, traducido al castellano, significa Cadáver en Tiras de Cuero o Quebrada de Los Muertos, una denominación que tuvo su origen en la guerra inca contra los Chankas. Tal vez premonitoriamente, dicho nombre explica también las vivencias de un pueblo azotado por la barbarie senderista en los últimos años, lo cual obligó a las comunidades a organizarse y defenderse de los constantes ataques subersivos.

Pueblo de Jochacc visto desde un cerro.
En él todavía hay ronderos con las armas en ristre.

Vladimiro Huaroc, representante del Defensor del Pueblo en Huancayo, y director del Programa Especial de Protección a Poblaciones Afectadas por la Violencia, llegó a Jochacc cargando con su mochila de expedición y dispuesto a impartir, junto con su gente, el conocimiento que los pobladores de las distintas zonas de emergencia necesitan para saber cuáles son sus derechos.
"Es difícil hablar de derechos humanos a gente que vive en condiciones míseras y que ha sido víctima de la violencia terrorista. Ellos sólo han experimentado el terror y el abuso", señala Huaroc preocupado, mientras observa a un grupo de niños jugando fútbol en un terral.

Defensoría a ronderos: Hay hermanos, mucho que aprender.

A la entrada de Jochacc, un rondero hace guardia, tal vez tres o cuatro horas. Un miembro de la Defensoría le alcanza un vaso de gaseosa. Para él es suficiente. Metros más adelante están dos ronderos adolescentes sentados en una vereda revisando sus cacerinas. "Previsión ante todo hermano, si no los tucos nos madrugan", dice uno de ellos.
Edilberto Oré Cárdenas(47) es uno de los tantos ronderos que ha enfrentado a Sendero, con la diferencia que él ha escrito un libro donde cuenta desde los orígenes de Ayahuanco hasta el relato de las más sangrientas incursiones terroristas al poblado. "Nosotros hemos sufrido en carne propia los salvajes ataques de Sendero. Con el correr del tiempo tuve el impulso de escribir un libro que dé a conocer nuestra realidad". El rondero agrega, lacónicamente: "aunque el gobierno festeje la captura de `Feliciano', nosotros no estamos tranquilos. Somos conscientes que la estabilidad del país no peligra, pero sí la de estos poblados".

Vizcatán en el centro de la tormenta. El recorrido de CARETAS prácticamente se cruzó con las rutas de salida de Sendero Luminoso. La prueba es que los ronderos de la zona afirman que la presencia subversiva se mantiene, más allá de capturas y proclamas triunfalistas.

Vizcatán, lugar donde Sendero armó una base, siempre significó un dolor de cabeza para las fuerzas militares. Su difícil acceso, por ser ceja de selva, impedía al Ejército detectar a los sediciosos,además de ser un terreno minado, algo que obstaculizaba la búsqueda.
"Vizcatán tiene la ventaja, para los senderistas, de contar por los menos con tres salidas: selva de Junín(provincia de Satipo), por el río Apurímac(Ayacucho) y por las serranías de Ayacucho (Pampa Coris y cruzando el Mantaro para llegar a Tayacaja en Huancavelica)", nos explica Agiliano Tovar Cuba (30), rondero y gobernador de Ayahuanco.

En medio de la alerta continua también hay un momento para cantar.

Diez fusiles Mauser y cinco retrocargas Winchester entre otros armamentos de menor calibre, sostienen la defensa de los ronderos de Jochacc. Muchas de estas armas son compradas por ellos mismos, con dinero producto de actividades sociales. Tal situación no está permitida legalmente, más aún cuando está el mercado negro de por medio. Por ello, muchos ronderos están requisitoriados.
Allí es donde la Defensoría del Pueblo entra a tallar, advirtiéndoles de los riesgos legales que pueden recaer en ellos.
Lo cierto es que la situación es más confusa de lo que parece, los ronderos mantienen la idea de poseer armas por temor a los ataques senderistas, aseguran que el Ejército siempre llega tarde y no tienen otra opción.

Rondero Edilberto Oré Cárdenas, saliendo a la luz. Es autor de un libro acerca de la historia de su pueblo, que aún abriga pequeñas pero firmes esperanzas (derecha).

Las incursiones senderistas aunque no se presentan con la misma frecuencia de otros tiempos, todavía persisten. Hace dos meses una escaramuza en Teq Teq así lo demuestra.
En la zona hubo degollamientos, ajusticiamientos públicos, rapto de niños, entre otras atrocidades del terrorismo, y fueron las causas para que estos poblados de Ayacucho, lugar donde surge el senderismo, les dieran respuesta sin temor a encontrar la muerte.
Después de una extenuante labor en la maratónica jornada de Derechos Humanos en Jochacc, la madrugada del viernes 16 mientras todos dormían, los ronderos que tenían el turno de guardia, avizoraron un grupo de senderistas que presuntamente enrumbaban hacia Tayacaja en búsqueda de provisiones.
Las luces de las linternas y velas los hicieron visibles. Los ronderos dieron la noticia en la mañana para evitar un susto innecesario en la población. De todas formas una facción senderista -poco iluminada por cierto- puede todavía arrastrar a estos poblados ayacuchanos a la oscuridad de la muerte.


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