El SIN Justifica Estos Medios
Prensa amarilla, Internet, `Talkshows' y oscuros personajes en orquestada guerra sucia contra periodistas.


Resguardado por personal de seguridad del Estado que muestra sus chapas, director de El Tío arriba a local periodístico desde donde José Olaya injuria y difama. Derecha, Augusto Bresani y Montesinos, reunidos.

Escribe KELA LEON

ESTA semana, mientras la prensa no bajaba la guardia ante los arteros ataques orquestados en medios escritos y electrónicos desde las oscuras esferas gubernamentales, y cuando presenciábamos el empalagoso encuentro entre Laura Bozzo y el presidente Fujimori en la televisión, CARETAS recibió un documento que estaría firmado por el general César Saucedo, comandante general del Ejército. El mismo ordenaba a los servicios de inteligencia analizar los medios de comunicación y el seguimiento a periodistas en todas las regiones militares.
Esto confirmaría el afán gubernamental por manejarlos. Como sabemos, la historia data de principios de 1998, cuando el diario El Tío aparece en circulación. Hoy esta publicación tiene algo que lo diferencia del resto de los pasquines que día a día aparecen en los quioscos limeños: si bien la mayor parte de sus congéneres como El Chino, La Nueva Chuchi y El Mañanero, también han participado alegremente en las injuriosas campañas contra periodistas y medios de comunicación independientes, sólo su local y su director, el periodista José Olaya, gozan del resguardo permanente de agentes de Seguridad del Estado.
Hace poco, el resguardo que permanece horas enteras apostado en su local ubicado en Jesús María, casi agrede al periodista del diario La República, Edmundo Cruz, cuando éste intentaba verificar placas de rodaje de las camionetas Cherokee que escoltan el Mercedes Benz azul de Olaya. Incidente similar ocurrió con un periodista de CARETAS.
La campaña de la prensa amarilla contra los periodistas y medios de comunicación independientes se inició el 28 de marzo de 1998, con la publicación de la serie coleccionable "Los rabiosos de la prensa antiperuana" que publicó el diario El Chino. Cosas parecidas hicieron diarios como La Nueva Chuchi, El Mañanero y El Tío, y cuyo blanco fueron el congresista y director del diario La República, Gustavo Mohme Llona (ver entrevista en esta edición), y los periodistas de esa casa editora Angel Páez, jefe de la Unidad de Investigación, Edmundo Cruz periodista de la misma sección y el columnista Fernando Rospigliosi.


Tres juezas fueron removidas antes que Héctor Faisal se presente ante la justicia. Autor de injurias cibernéticas, ha sido vinculado con asesor Montesinos. Centro, documento obtenido por CARETAS que demuestra que el seguimiento de los servicios castrenses contra la prensa no cesa. Derecha, Fujimori con Bozzo en programa. La cereza sobre el helado.

Las furias también iban contra Baruch Ivcher, ya despojado de Canal 2, y el ex jefe de la Unidad de Investigación de Frecuencia Latina (y hoy exiliado en los Estados Unidos), José Arrieta. Todos ellos fueron insultados y acusados de antipatriotas en un juego que buscó generar reacciones violentas en contra de los citados hombres de prensa.
A fines del mes de abril de 1998, y pese a sus notorias agresiones, El Tío dejaba ver avisos publicitarios a página entera del Ministerio de la Presidencia, relacionados al conflicto con el Ecuador. Este diario arremetió también contra las organizaciones que defendieron a los periodistas, en especial a Páez, quien durante 45 días tuvo que aguantar títulos en su contra como "Cómplice de Terruco Velazco", "Vende Patria", y "Sirviente de Paco Moncayo". Ya para entonces se vinculaba a los servicios de inteligencia como autores de estas campañas de desprestigio.
Un mes más tarde, es decir en mayo, llegó a la redacción de La República un documento por el cual, según ese medio, quedaba acreditado que los servicios de inteligencia estaban ligados a esto. Se trataba de la copia de un fax que después fue reproducido en forma textual en la edición del 27 de mayo de El Tío, con el siguiente titular: "El Comercio desmiente al Traidor Páez". Este fax había sido enviado a dicho diario desde el número telefónico de la empresa BRASO S.A. que pertenece a Olga Bresani Echevarría, hermana de Augusto Bresani. Luego, periodistas de La República certificaron que el local de esa empresa era, además, domicilio de Olga Bresani, el mismo que se ubicaba al costado de la oficina de su hermano en el pasaje Los Pinos en Miraflores, lugar que figura como sede formal de algunas publicaciones vinculadas con Bresani, entre ellas la revista Además, que pese a tener una discreta circulación exhibe abundante publicidad estatal.
Augusto Bresani, al igual que José Olaya, son antiguos conocidos en el medio periodístico. El "gordo" Bresani se inició en el diario La República como comentarista hípico, pasión que aún cultiva. Sus labores, durante la década de 1980, oscilaron entre el quehacer deportivo y los suplementos publicitarios, en los diarios Ojo, Onda, El Nacional y El Mañanero.
Luis Agois Banchero, director ejecutivo de Ojo, recuerda que Bresani, en una de sus últimas visitas al diario, hizo de intermediario para la publicación de un suplemento del Ejército sobre el operativo Chavín de Huántar y en el que se debía resaltar la autoría del mismo al ex jefe del Comando Conjunto de las FF.AA. Nicolás de Bari Hermoza.

Indecopi requisó parodia de La República en imprenta donde encontró abundante material pornográfico.

Por su parte, José Olaya, egresado de la Facultad de Periodismo de la Universidad Católica, trabajó en medios locales como CARETAS y en los diarios de Marka y La Crónica. Además, en 1980, fue cofundador de La República, medio que hoy ataca con vilipendio. Como se sabe, fueron las discrepancias con Augusto Thorndike las que lo alejaron del diario de Camaná. Esto hizo que después fundara El Nacional, donde trabajó con Ramón Ramírez Erazo, director del célebre y triste Confidencial.
Fue luego de un breve interludio como asesor de prensa del Ministerio de Pesquería donde conoció al empresario Azi Wolfenson, quien años más tarde lo contrataría para dirigir El Chino. Y fue cerca del primer local de este diario, en Magdalena, donde en noviembre de 1996 fue abaleado por segunda vez y por razones sobre las cuales aún se especulan, por dos desconocidos que huyeron a bordo de una motocicleta.
Sin embargo, no fue hasta noviembre de 1998, con la aparición de la página web de APRODEV (Asociación Pro Defensa de la Verdad), en que la sucia labor de los pasquines, dirigidos a los sectores C y D, se complementa con el público más elitista que usa el Internet.
Desenmascarado en abril de 1999, por periodistas de CARETAS y el diario Referéndum, el ex militar y astrólogo argentino Héctor Faisal Fracalossi no le quedó otra que presentarse ante los tribunales peruanos el pasado 8 de junio para responder por los cargos de difamación e injuria en dos juicios entablados por los periodistas que fueron afectados por el contenido de una sección de su sitio web denominado "Blanco y Negro".
Esto le debe haber costado, si tenemos en cuenta que en su país, Argentina, se negó a responder por los cargos de amenaza y coacción contra su ex mujer y el abogado de ésta en Buenos Aires. Sin embargo, el ex militar lo hizo sólo después de que tres juezas fueron removidas de sus despachos. Las dos primeras se habían pronunciado por el cese de las publicaciones contra los periodistas en las páginas de Internet. La tercera le abrió paso a la doctora Elizabeth Grossman, quien en tiempo récord desestimó el pedido de extradición contra Faisal de la justicia argentina.
La semana pasada, al salir del Palacio de Justicia de Lima, Faisal se mostró petulante. Dijo, entre otras cosas, que se limitaba a reproducir lo que otros medios publicaban.
Sin embargo, a CARETAS le dijo todo lo contrario. "Tenemos detallados no sólo uno o dos periodistas peruanos sino a muchos. Es información que en gran porcentaje tenemos corroborada. Tenemos gente que nos la da". Faisal, quien por un lado afirma que su sueldo es de US$ 1,500 (logrado gracias a los aportes de los asociados de APRODEV), por el otro, gastó casi veinte mil en avisos publicitarios en los últimos dos meses.
El día anterior a la presencia de Faisal en los tribunales, Indecopi puso fin al último tinglado en esta guerra sucia contra el diario La República, al ordenar el decomiso de los ejemplares del pasquín La Repúdica. (Ver CARETAS 1571). Para muchos no es coincidencia que La Repúdica apareció escasos días después de que La República reprodujera versiones de la prensa argentina sobre los vínculos entre el ex militar argentino Faisal y el doctor Vladimiro Montesinos.


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