Los Indestructibles
La Fuerza de Operaciones Especiales (FOES) es el grupo de elite más completo de la Marina. Nada los detiene si se trata de defender la Patria.

No fueron levados. Por voluntad propia estos hombres pasaron durísimas pruebas para convertirse en audaces comandos. La oración FOES dice: "Y si no hay un Dios en el cielo, entonces, hermano, nos vemos en el Infierno".

Escribe ORAZIO POTESTA

NOS dejó helados la respuesta de un efectivo de la Fuerza de Operaciones Especiales (FOES) de la Marina de Guerra del Perú. Era chato y grueso. ¿No piden talla mínima para ser un FOES? "Para matar a gente como tú no se necesita ser alto". Son avezados y temibles. Será por eso que están muy cerca a Abimael Guzmán en la Base Naval del Callao.
Aire y reacción. ¿Eso quiere decir que has matado? Sonríe. "Este es un trabajo como cualquier otro". La discreción es la mayor virtud de un FOES. Jamás comentan los operativos en los que han participado. "Hemos estado en el Huallaga para combatir a la subversión y al narcotráfico, y también en la Guerra del Cenepa". ¿Y Abimael? "Hijo, mejor cambia de pregunta".
La FOES se fundó en 1969, y en todo ese tiempo, según uno de sus altos jefes, no ha tenido un solo muerto en combate, pero sí varios en entrenamiento. Es un grupo de élite que puede realizar operaciones de guerra en el aire, en el mar o en la tierra para infiltrarse en el territorio enemigo y causar zozobra: pueden volar buques o submarinos y realizar acciones de inteligencia junto al rescate de rehenes. Pero eso no es todo.

Los Sniper poseen una puntería efectiva de dos kilómetros de distancia. Si durante el curso para FOES fallan tres veces son expulsados.

"Nosotros podemos destruir cualquier refinería y aeropuerto. Nos dices dónde queda y punto". Carlos (27) es un oficial FOES y cuenta que entrenan con objetivos estratégicos reales: Por ejemplo, escogen el aeropuerto de Pisco. Le mandan una carta al administrador del mismo y le plantean el ejercicio militar. Si éste acepta, le dicen, por ejemplo, que entre los tres primeros días del mes colocarán ocho supuestas cargas explosivas en zonas medulares. Explican que para derrotar al enemigo en una guerra exterior, hay que destruir cualquier lugar que permita el aterrizaje de aviones y el abastecimiento de combustible.
Buscan acercarse a lo real. Lobo (26) dice que el Comando FOES entrega al jefe de pelotón un sobre con las indicaciones. "Objetivo: aeropuerto Alfa. País: Amarillo". Luego, el equipo hace una evaluación y decide cómo y cuándo intervenir. Para esto, revisan los planos del lugar que ellos han elaborado con fotografías aéreas. "Siempre operamos de noche. Salimos de Lima y nos lanzamos en paracaídas".

Nada, ni el ominoso fango de un pantano detiene a estos hombres. Están hechos para resistir.

Los FOES dominan el estilo Halo que permite al paracaidista lanzarse a 30 mil pies (la altura normal es de 10 mil) y navegar por los aires hasta una distancia de 80 kilómetros para llegar a su objetivo y burlar los radares. Si se lanzan en Lima pueden terminar en Pisco sin ningún problema.
Una vez que logran colocar los explosivos, el jefe del pelotón le pega una llamada al administrador del aeropuerto para informarle en qué lugares están las bombas. Consecuencia: guachimanes sin trabajo.
Este tipo de ejercicios no se realiza en Lima porque es una ciudad atiborrada. En Pisco no hay problema porque algunas de sus playas son inhabitadas y pueden caer de los cielos o desembarcar sin que nadie los vea. Cobra (31) habla: "Imagínate si nos aparecemos en la Costa Verde y las parejas que están en ajetreos nos ven con las caras pintadas y armados. Puede haber un escándalo".

Un FOES evade el efecto de una bomba paralizante que ha caído cerca a sus pies.

Hace pocos días tuvieron a cargo la seguridad de la princesa japonesa Sayako durante su visita a Puno. Los FOES, armados y con traje de camuflaje, se ubicaron entre las totoras que crecen alrededor del lago Titicaca. Nadie se dio cuenta.
Los FOES asumen que el hombre es capaz de realizar un esfuerzo diez veces mayor del que uno se imagina. Y la Semana en el Infierno es una prueba que busca llegar al límite de resistencia sicofísica de los postulantes. Fiera (28): "Sólo se quedan los que tienen huevos". Inician el curso 130 marinos y acaban sólo 14. Los postulantes no duermen una semana, comen poco y pasan todo el tiempo con el uniforme mojado: al día corren y nadan varias millas sin descanso. Abundan las pulmonías y los desgarros musculares.

El entrenamiento es duro y constante para aprender a dominar el aire, la tierra y el mar. A la izquierda, la famosa campana, utilizada cada vez que un postulante a la FOES abandona el curso debido a que no resiste el rigor. En la parte inferior se aprecian los cascos de los campaneros, es decir, de los que se fueron.

Durante esta semana, es común que los oficiales ordenen envolver los postes con frazadas para evitar las cabezas rotas. Un FOES dice que no nos imaginamos lo que es correr 12 horas con una fisura en la pierna y estar ocho horas en el mar de La Punta a 13 grados centígrados para luego ir al desierto de Sechura.
En un lugar preferencial de la base FOES hay una campana que puede resultar un alivio o un estigma para siempre. Al pie del muro que la sostiene, se exhiben los casos de aquellos que han dicho basta. El postulante que se siente incapaz de ser un FOES la hace sonar y queda fuera del curso. El mismo pone el casco en ese lugar mientras sus compañeros, en el marco de una ceremonia, le dan la espalda. A partir de ese momento le dirán campanero, salvo que decida volver a intentarlo. Se sabe que hay contraalmirantes que a sus espaldas aún reciben ese calificativo.


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