Por HAROLD FORSYTH
Otra Causal De Divorcio
CUANDO, en 1930, fue promulgada en nuestro país la Ley de Divorcio Absoluto y Matrimonio Civil Obligatorio se generó un enconado debate. Riva Agüero llegó a calificar dicha ley como un acto "que execra mi razón y condena mi fe" y la Iglesia la rechazó con toda la severidad imaginable.
El Decreto Ley 6889 fue firmado por Sánchez Cerro y sus ministros, entre ellos personalidades tan notables como el "Zorro" Gustavo Jiménez -a quien su extraordinario arrojo conduciría a la muerte- y por el General Ernesto Montagne. En realidad, la norma se limitaba a retirar las observaciones del poder ejecutivo en tiempos de Leguía a otra ley de 1920, convirtiéndose, así, el divorcio en una institución de plena vigencia que fue ratificada por la Ley 7893, promulgada por la famosa Constituyente de 1931.
Lo cierto es que el divorcio ya era una realidad extendida en muchos países latinoamericanos y llegó al Perú con alguna tardanza. En Venezuela por ejemplo, estaba vigente desde fines del siglo pasado, tal vez por las influencias liberales de Guzmán Blanco.
En la actualidad existen once causales de divorcio en nuestro Código Civil que son el adulterio, la sevicia, el atentado contra la vida del cónyuge, la injuria grave, el abandono del hogar, la conducta deshonrosa, el consumo de drogas, la enfermedad venérea, la homosexualidad, la condena por delito doloso y, obviamente, el disenso mutuo.
No existe, sin embargo, una causal por la separación de hecho de ambos cónyuges durante un período determinado, tal como sí se da en la gran mayoría de las legislaciones latinoamericanas. La consecuencia de este defecto de nuestra ley es que, ante la mera negativa de uno de los cónyuges, el vínculo matrimonial puede prolongarse de modo indefinido con los gravísimos perjuicios morales que ello implica y la imposibilidad de que de los miembros de una sociedad que está disuelta en los hechos puedan reconstruir su vida conyugal y afectiva.
Obviamente, la ley debe proteger al matrimonio y a la familia. Pero la ley no debe, en procura de ese objetivo, forzar la perdurabilidad de una vinculación teórica que no se corresponde con la realidad, máxime si se causa daño.
Por eso es que, invadiendo el terreno de los juristas, presentamos hace un año y medio un proyecto de ley que considera a "la separación de hecho de ambos cónyuges por más de cinco años" como la duodécima causal de divorcio en el Perú. Otros proyectos consideran plazos menores pero lo importante es que se registra una actitud concordante, más allá de los comprensibles reclamos de la Iglesia.
Hace pocos días, a través de una decisión seria y ponderada, la Comisión de Reforma de Códigos del Congreso votó a favor de la nueva causal y del plazo de cinco años de separación de hecho para que pueda interponerse la demanda de divorcio si dicha separación está debidamente comprobada.
Este primer paso, antes del debate en el Pleno, envía un mensaje anticipado de solidaridad con los miles de peruanos que requieren de esta ley para normalizar su vida y demuestra una positiva actitud de alinear nuestra legislación con lo que constituye doctrina generalizada en el mundo entero.

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