Memorias Niponas
Libro de fotos cuenta la historia del Centenario de la Inmigración Japonesa al Perú.

Fotos:
MUSEO CULTURAL PERUANO JAPONES

Personaje
llamado el
"Andarín",
quien circa
1910 visitaba
las haciendas
y recordaba
el Japón
a sus
paisanos.

Típica y numerosa
familia japonesa
de la posguerra.
Derecha: Kimpey
Ogata, próspero
inversionista
en ostentosa
pose. Fue dueño
de night clubs y
caballos de carrera.

ES un libro, La Memoria del Ojo, el que esta vez resume una historia vivida en cien años. Desde La Travesía -tal el nombre del primer capítulo- hasta el desborde de la presencia nikkei en el Perú de estos días. La idea, recopilación y autoría corresponde precisamente a dos notables representantes de la colonia nipona afincada en el país, la antropóloga Amelia Morimoto y el poeta José Watanabe.

Además de traer el sumo y la afición a cazar palomas, fueron los primeros en jugar béisbol en el Perú. A la izquierda del equipo está Víctor Aritomi, actual embajador en el Japón.

Ellos, echando mano de la proverbial paciencia oriental, han logrado reunir más de 250 fotografías -provenientes de archivos personales y álbumes familiares- que testimonian puntualmente el quehacer de los japones en tierra peruana: El arribo de los barcos, el trabajo en las haciendas, el salto a la ciudad, la organización de los gremios, la caída (saqueos y deportaciones durante la Segunda Guerra Mundial), la reconstrucción, las familias y la educación. Además de las imágenes, un texto reconstruye los hechos e interpreta los sentimientos. Se narra, por ejemplo, los distintos oficios que realizaron luego de dejar el trabajo en el campo. Su incursión, con enorme éxito, en el comercio y la importación. Asimismo, detalles de su vida cotidiana como las modalidades de matrimonio, que incluyeron el shassin kekkon o matrimonio por carta y los rituales católico y budista. Se concluye, según palabras de Watanabe, "líricamente y con futuro". Y es que los autores no se han limitado a dar cuenta del pasado, sino que registran la reciente actuación de los nikkei en las artes, deportes y política. "Si antes mantenían un perfil bajo, ahora se han ganado un espacio gracias a su profesionalidad", sostiene Morimoto.

Matrimonio al estilo occidental. Centro, Amelia Morimoto y José Watanabe, los autores. Derecha, sentado, Sikiama G. Kitsutani, quien se hizo el harakiri en los Barrios Altos a raíz de una infausta quiebra.

La Memoria del Ojo, que aparecerá el próximo mes con el auspicio y sello editorial del Congreso de la República, no hace sino reafirmar, a través de un espectacular despliegue fotográfico, ese singular aspecto de la personalidad de los japoneses llamado laboriosidad, gracias al cual se aceleró su proceso de integración a una cultura extraña.

Escuela de principios de siglo. La educación tuvo mucha importancia entre los japoneses. La primera generación nacida en el Perú, por ejemplo, sacrificó su educación por la de sus hijos.

"Eran intuitivos, audaces y visionarios", dice José Watanabe. "Crearon escuelas en todos aquellos lugares donde habían niños", afirma Amelia Morimoto. "Los viejos supieron asumir con una dignidad aleccionadora los efectos de la guerra", añade José. "Jugaron un rol muy importante en la conservación de las comidas criollas", insiste Amelia. Y es que con este libro (en el cual también colabora el fotógrafo Oscar Chambi), Amelia y José, nieta e hijo de japoneses, no sólo rinden su propio homenaje al centenario de la Inmigración Japonesa al Perú, sino que reconstruyen "y eso es muy emotivo" la historia de sus vidas. (Teresina Muñoz-Nájar).