La Utopía de Tito
Alberto Flores Galindo, gran pensador de la realidad nacional, estaría cumpliendo 50 años si un cáncer no le hubiera quitado la vida en 1990.

4°. año de primaria del Colegio La Salle. El joven Tito ya se preguntaba por los contrastes entre su educación religiosa y la Breña circundante.

A primera vista, Flores Galindo era un estereotipo del nerd sabihondo: cuatro ojos, desgarbado -una temprana joroba lo inclinaba hacia adelante- tomaba poco y bailaba menos. Pero bastaba hojear algunos de sus cientos de ensayos académicos o periodísticos, o abrir la puerta de una de sus clases en Ciencias Sociales de la Católica para toparse con un intelectual inquieto, corajudo y provocador. En suma, un profe para nada convencional que alguna vez nos obligó a sus alumnos a pasar un semestre entero revisando cita por cita de Mariátegui para demostrar que éste no era ni leninista, ni gramsciano, ni un marxista cualquiera sino lo que él quería confirmar: Que JCM era el gran pensador de un país desgarrado por problemas raciales y telúricos y había que leerlo a través de su agónica prosa. Precisamente, su libro "La agonía de Mariátegui" (1980), fue muy mal recibido por los mariateguistas que tenían a su ídolo por héroe real -socialista de pelo en pecho- y no por un hombre enfermizo enfrascado en un sinfín de polémicas hasta su muerte a los 36 años.

Tito Flores en 1988. Su arma era aún la máquina de escribir.

Hay que evocar a Mariátegui para comprender a uno de sus más fervientes exegetas porque, además de intentar actualizar muchas de sus ideas, Tito Flores también padeció una agonía vital. Un cáncer -gliobalistoma multiforme en el lado izquierdo del cerebro- le puso un dateline cortísimo, apenas un año, para seguir escribiendo, dictando clases y conferenciando hasta que la enfermedad hizo estragos en su memoria. Su última preocupación intelectual fue una exégesis histórica y sociológica -dos enfoques para él indisociables- de otra obra agónica, la de José María Arguedas. Al drama de dejar a su esposa Cecilia Rivera y a sus hijos Carlos y Miguel se le sumó la frustración de abandonar a SUR, institución fundada por él en 1986. No era una ONG cualquiera -ni siquiera los investigadores recibían sueldo, por el contrario, tenían que aportar cuotas de mantenimiento- sino un círculo de estudios interdisciplinarios sobre el Perú y el socialismo, ese horizonte de ideas -jamás dogma impositivo- que el buen Tito, hacia el final de su vida, abrazó como una religión, dejando muy en claro sus distancias respecto a Sendero Luminoso. En la última carta que dirige a Maruja Martínez, actual administradora de SUR, da algunas sugerencias para su entierro y dice "en todo esto debe quedar claro que he sido de izquierda, he continuado en el marxismo cuando estaba pasando de moda, sigo partidario de la revolución, que voto por un país nuevo".

Maruja Martínez, guardiana de la biblioteca de Flores Galindo, en SUR.

Este socialista romántico fue ante todo un brillante pensador cuya vastísima obra -ya van 5 tomos publicados y faltan por lo menos un par- se acerca como ninguna a responder preguntas claves: ¿quiénes somos los peruanos? ¿qué se ha sedimentado en nosotros a través de nuestras turbulencias históricas? ¿cuáles pueden ser nuestras utopías?, tema de su vibrante ensayo, "Buscando un Inca". Si Tito viviera, al menos académicamente, nos entenderíamos mejor. (F. Vivas).


Reflejos Vitales
La Galería Pancho Fierro, del Centro de Artes Visuales de la Municipalidad de Lima, ha inaugurado la muestra Espejo de Vida, del joven pintor peruano David Suca. Tiene en su haber seis exposiciones individuales. En julio de 1988, obtuvo el Primer Premio en el Salón Regional de Arequipa; ello le permitió participar en la I Bienal Nacional de Lima. donde se hizo acreedor a una mención honrosa. La exposición permanecerá abierta hasta el 3 de junio, en Pasaje Santa Rosa 110.


El Ultimo Viaje
Libro póstumo de fotógrafo: texto a cuatro manos.

Pompilio Inglesi: pluma leal.

  • La escritura del libro Valijas de Cartón, de Nicolo Giaimo y Pompilio Inglesi no corresponde a los patrones habituales de narración biográfica. Nació de la promesa mutua entre dos entrañables amigos, ambos destacados miembros de la colonia italiana en el Perú: si uno de ellos fallecía, el otro se encargaría de sus memorias. De este modo, Pompilio Inglesi hizo acopio de los recuerdos y fotografías captadas por Giaimo (fallecido en 1998) en sus viajes por el mundo. Es un justo tributo a la memoria de un hombre que adoptó al Perú como su segunda patria sin olvidar sus firmes raíces italianas.


    Germen de Lector
    Día del Niño: una cuenta pendiente con el libro.

    Sólo un incentivo de las letras desde los primeros años asegura una sociedad cultivada y acorde a nuevos retos.

    EL próximo 1° se celebra, en todo el mundo, el Día del Niño. Nada más relacionado con la infancia que la lectura, actividad escasamente promovida en países con seculares carencias. A ello se suman sistemas educativos que, como el peruano, le endilgan al vínculo con los libros un nocivo halo de carga o imposición. De acuerdo con Esteban Quiroz, un editor comprometido con el incentivo de las letras desde la primera edad, las falencias se sustentan en las exigencias de evaluación. Quiroz sostiene que la lectura no debe ser objeto de calificación. Respecto a estrategias orientadas a despertar el interés por los textos, el titular de Lluvia Editores es muy claro: deben repetirse las experiencias de la Biblioteca Nacional, cuyas salas son un modelo de infraestructura adecuada a las exigencias de la antena infantil: estantería abierta, multimedia, juegos y servicios higiénicos en la escala correspondiente y, sobre todo, libertad. Esto permite una familiaridad temprana con los volúmenes y una actitud inquisitiva que se prolongará durante toda la vida. Otro ejemplo es el método del Colegio Franco Peruano, un pequeño universo de lectores. Quiroz continúa en la brega: el 21 de octubre, los niños serán los principales destinatarios en el masivo encuentro de amantes de los libros que se efectuará en el Estadio de San Marcos, en el que espera reunir ochenta mil fanáticos.


    Ecos del Pasado
    Imponente birrete ritual de los Chirimaya. Derecha: ejemplo de cerámica. La cultura Chiribaya devela sus secretos.

    EL Banco del Nuevo Mundo presenta, hasta el 16 de julio, la didáctica exposición Chiribaya, Señores del Desierto. Mediana o absolutamente desconocida hasta hace algunos años, diversos trabajos arqueológicos han develado, para el presente, aspectos de un mundo que reclamaba aproximaciones adecuadas. La muestra es parte del esfuerzo que esta institución financiera desempeña en beneficio del país y de sus nuevas generaciones. Puede visitarse en Av. Paseo de la República 3033 (tercer piso), San Isidro, de lunes a sábados.


    Notaria del Lenguaje
    Cien - Ciento
    Cita: ¿Qué es lo más importante que una estación de servicio te puede dar?
    ¡Gasolina de calidad, cien por ciento confiable! (Difundido actualmente a través de la radio y la televisión).

    Comentario: Tan pronto como oí este comercial, fui a mi biblioteca a buscar lo que Roberto Cadavid escribió en situación similar, y que voy a transcribir en forma textual para mayor comprensión de mis lectores: "¿Qué es eso de decirle mil a cien?"
    Comprendo que, en lenguaje coloquial o familiar, el uso del ciento apocopado es corriente, en casos como el aludido en la cita; pero, ¿es eso buen uso? El hecho es que está tan generalizado, desde hace tantísimo tiempo, y en todas las capas sociales, el empleo del cien donde debiera decirse ciento, que en verdad suena a veces pedantesco y repulido, inclusive hay ciertos casos en los que la forma abreviada está proscrita por los señores puristas.
    Sobre este punto nos ilustra don Eduardo García, otro prestigioso lexicólogo, con el siguiente ejemplo y su respectiva reflexión: "Los corresponsales de prensa nos informan, al registrar alguna catástrofe, que los muertos han pasado de cien".
    Cien es el adjetivo apocopado de ciento y se le emplea necesariamente cuando precede a un sustantivo "compré cien manzanas", o a un adjetivo seguido de un sustantivo, "compré cien hermosas manzanas".
    Sólo le faltó a mi querido lexicólogo el comentar que también se apocopa ciento cuando precede a otro numeral al cual multiplica, "Cien mil, cien millones", y no se apocopa si se suma a él, "Ciento diez, ciento cuatro".

    EL NOTARIO