Caretas 1569: Controversias



Por FERNANDO ROSPIGLIOSI

Abusos Militares
EN meses recientes se han multiplicado las denuncias de abusos cometidos contra reclutas en los cuarteles. Varios han muerto, algunos han sido gravemente heridos y otros han terminado en manicomios. Las explicaciones oficiales niegan sistemáticamente cualquier responsabilidad de los mandos. Todo sería producto de suicidios increíbles, enfermedades inverosímiles o afiebrados inventos. En realidad, nadie puede creer las versiones oficiales.
El presidente Alberto Fujimori trató de salir del paso con una respuesta simplista y que, además, ha resultado falsa hasta ahora. Dijo que se iban a suprimir los reclutamientos forzosos, las levas. Pero hasta el momento, nada se ha modificado. Y eso, aún en caso de darse, no es una solución al problema, pues es obvio que los reclutas son maltratados así sean levados o voluntarios.
El problema, de por sí grave, va más allá del atropello a los soldados. Constituye y moldea un ejército que, a su vez, no respetará ni a la población civil ni al enemigo, como ha dicho el general (r) norteamericano Barry McCaffrey en un excelente artículo:
"Los soldados tratan a los civiles y a los prisioneros tal como son tratados ellos. De manera que si tratamos a nuestros soldados con dignidad y con un sentido de compasión conforme al régimen de derecho, ellos se comportarán de igual manera hacia la población civil." ("De los Derechos Humanos y el Comandante", Military Review, noviembre-diciembre 1998).

McCaffrey, ahora Zar Antidrogas de los EE.UU. y miembro del Consejo de Seguridad Nacional, se ganó sus condecoraciones y estrellas en combate y no en un escritorio. Como teniente y capitán de paracaidistas peleó en Vietnam. En la Guerra del Golfo comandó una División de Infantería Mecanizada, y luego fue jefe del Comando Sur. Es un héroe de guerra.
Según McCaffrey "las Fuerzas Armadas deben respetar los derechos humanos no sólo por razones de ética y porque es cuestión de derecho, sino también por razones prácticas". Los ejemplos que pone son claros y, en parte, basados en su propia experiencia:
"Las acciones tales como las que cometieron las unidades de la SS (unidades terroristas) alemanas en Ucrania durante la Segunda Guerra Mundial -cuando masacraron, violaron y saquearon- indisponen a los habitantes en contra del invasor. Y lo mismo es cierto en las operaciones para lograr la estabilidad interna y la guerra no convencional. (...) ¿Cuál postura es preferible, la de un comandante nazi que arrostraba la enemistad de un pueblo o la de un jefe de las Fuerzas Aliadas en la Guerra del Golfo que enfrentaba a un ejército que prefería desistir antes que combatir y cuyos soldados ávidamente buscaban encontrar la seguridad en la rendición?"
La tesis de McCaffrey es, pues, que el respeto a los civiles y a los soldados enemigos no contradice el objetivo principal de un militar, que es el de ganar la guerra. Y que ese respeto "contribuye a la eficiencia militar".
Pero hay más. McCaffrey no comparte la teoría de que hay que ocultar los errores del pasado para evitar perjudicar a la institución. Por el contrario, sostiene que:
"Un pueblo, Estado o ejército que no puede dar la cara al pasado, jamás aprenderá de la historia y puede que hasta vuelva a cometer los mismos yerros del pasado. Inevitablemente, el pasado obstaculiza el progreso hasta que se le enfrente."
Así, McCaffrey repasa los errores cometidos por su propia institución, desde los atropellos cometidos por el famoso general William Sherman, victorioso en la guerra civil norteamericana, pero cuyas acciones dieron "origen a un siglo de amargura en el Sur". Hasta la masacre de My Lai en Vietnam, "una acción de la que responsabilizamos a nuestros líderes militares".
Porque, según McCaffrey, los mandos militares son responsables tanto cuando ordenan cometer una masacre, como cuando permiten que sus tropas la ejecuten. De hecho, reconoce McCaffrey, siempre hay en el ejército personas propensas a cometer barbaridades, pero es deber del comando evitar que actúen: "nuestra responsabilidad más importante consiste en no permitir la entrada de ningún criminal en nuestro cuerpo de oficiales". ¿Qué piensan a ese respecto los mandos del ejército peruano? ¿Qué dicen de la denuncia de Ideele referente a las acciones en San Ignacio del ahora mayor Telmo Ricardo Hurtado, responsable de la masacre en Accomarca en 1985?
Ahora que se acerca un nuevo aniversario de las inicuas leyes de impunidad, que liberaron a los criminales de La Cantuta y exculparon a los de Barrios Altos ¿estarán dispuestos a enfrentar el pasado como recomienda el general McCaffrey y como reclaman el general Rodolfo Robles y otros oficiales peruanos?

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