Hace 20 Años
El Club del Boldo
  • El 28 de mayo de 1979 el hasta entonces quincenario CARETAS comenzó a aparecer semanalmente como consecuencia de una gloriosa huelga de hambre, como diríamos si fuéramos mas de izquierda. Resultó, en todo caso, un buen entrenamiento para ciertos rigores posteriores.
  • La calavera en la carátula de ese primer número 554 se muestra sonriente por varias razones. La edición se vendió como nunca y la experiencia demostró que el periodismo se crece ante el castigo.
  • Además, el asunto tuvo sus momentos jocosos en medio de interminables tazas de infusión de boldo.

    La primera carátula semanal.
    De las de mayor venta en la
    historia de la revista.

    Escribe ENRIQUE ZILERI GIBSON

    "Boldo arrebozado, boldo saltado, bolditos envueltos, boldo a la milanesa..."
    ¡Cállate, Acevedo!
    Estábamos en la tercera noche de la huelga de hambre de abril de 1979, acampando en colchones sobre el piso del salón de actos de la Federación de Periodistas del Perú, buscando el sueño en la oscuridad y ya superando el apetito que tortura y provoca dolores de cabeza en las primeras 48 horas, y los menús imaginarios que concebía en voz alta el caricaturista Juan Acevedo sólo daban risa y nos mantenían despiertos un rato más.
    "Corazón de boldo, boldo con arroz..."
    Finalmente voló una zapatilla, silenciando a nuestro cocinero.
    Ambiente de internado y relajamiento de tensiones.
    Habíamos dormido poco en las primeras noches, porque persistía la versión de que la policía entraría a sacarnos, y como éramos 18 se podría armar una buena batahola.
    En un ensayo de huelga anterior, en la que Julio Cabrera de Equis X, Jorge Castro de los Ríos de la FPP, Jorge Flores Lama de Marka y el suscrito nos habíamos encerrado en la capilla de Pizarro en la Catedral de Lima (CARETAS 1569), la policía actuó en la primera noche, llevándonos detenidos.

    Pero esta vez la autoridad parecía seguir una estrategia diferente, esperando y pulsando nuestro aguante.
    El boldo es lo indicado para las huelgas de hambre, por ser un buen antiácido. Boldo con azúcar era lo único que se había acordado ingerir en una primera junta realizada con cierto protocolo de izquierda al iniciar el encierro, porque la mayoría de los colegas participantes en la protesta eran camaradas más rojos que el antiguo logo de CARETAS.
    . En enero, el gobierno militar había procedido a cerrar varias publicaciones de izquierda -y por si acaso de centro y de derecha también, como El Tiempo. Estaba alarmado por un paro "revolucionario" decretado por la CGTP y otras organizaciones gremiales marxistas.

    Con kilos de menos después de semana y pico de ayuno, huelguistas 1) Jorge Flores Lama, 2) Oscar Dancourt, 3) Alvaro Rojas, 4) Enrique Zileri, 5) Alberto Cendra, 6) Armida Testino y 7) Manuel Tarazona, 8) Víctor Hurtado, 9) César Hildebrandt, 10) Mario Hoyos, 11) Jorge Sono, 12) constituyente Pedro Cáceres, 13) Alicia Benavides, 14) Juan Acevedo, 15) Ricardo Gadea, 16) Susana Bedoya, 17) Manuel Miguel del Priego y 18) Ricardo Uceda. También, de pie, Julio Cabrera y Uriel Gar cía, en cuclillas Jorge Castro de los Ríos, presidente de la FPP, y sentado Rafael Roncagliolo. Derecha, Cáceres en el hemiciclo.

    CARETAS había escapado a esa primera razzia y el paro había transcurrido sin remecer realmente los cimientos del régimen, pero una resolución especial nos sumó al silencio después que en la edición N° 553 del 15 de enero cediéramos una columna a cada uno de cinco de los periódicos clausurados, y que publicáramos un informe de 34 páginas sobre el caso del avionero Julio Vargas Garayar, quien al haber sido descubierto espiando para Chile, fue condenado a muerte y fusilado.
    Ninguno de estos esfuerzos editoriales gustó a un régimen de la Fuerza Armada que tenía bajo su puño a todos los diarios, las estaciones de Tv. y las cadenas de radio, y el 16 de enero salió el decreto amordazándonos.
    El recurso de la huelga de hambre se utilizó, por lo tanto, después de muchas semanas de protestas y gestiones, de coordinación entre las nueve redacciones que resultaron eventualmente afectadas, y en medio de un estruendoso silencio público.
    Aun así, el día que se inició la huelga acudieron al local de la FPP un sinfín de delegaciones y visitantes: Belaunde y buena parte de lo que en 1980 sería su primer gabinete, Jorge del Prado del PCP con el puño en alto, Elías Mendoza con un coro cívico que nos cantó el Himno Nacional, y Roger Cáceres del FNTC, quien nos comunicó que su hermano Pedro, periodista radial de Juliaca, se había declarado en huelga de hambre en el hemiciclo de la Asamblea Constituyente a la cual pertenecía.
    Pedro Cáceres hizo la huelga seca, sin boldo ni agua, y salió muy maltrecho después de permanecer tumbado al lado de su escaño durante nueve días.
    Nosotros, en cambio (y esto se puede confesar ahora), pasamos por una experiencia muy especial y terminamos en una suerte de estado de gracia, propio de un ayuno bíblico.
    Al tercer día se retrae el hambre, el organismo se desintoxica y se duerme muy bien. La rápida pérdida de peso -8 kilos en mi caso- arruga un tanto el semblante, pero alivia el cuerpo. Surgen, eso sí, ciertas alucinaciones menores. En mi caso, el crujir de cualquier papel me hacía pensar en galletas.
    El salón de actos de la FPP tenía un ventanal que daba a un patio abierto a la avenida Abancay por una escalera, de tal forma que los transeúntes podían acercarse a observar a los periodistas enjaulados voluntariamente.
    CARETAS puso la mayor cuota de estómagos en abstinencia ya que participaron César Hildebrandt, que era jefe de redacción, las fotógrafas Alicia Benavides y Armida Testino, los redactores Alvaro Rojas y Manuel Tarazona, el publicista Alberto Cendra, y el colaborador y amigo Peter Cannock, además del suscrito.
    En la calle Marco Zileri, que actualmente es jefe de edición política de la revista, encabezó una pequeña brigada juvenil que pintó con cal mordazas en algunos monumentos como el de Humboldt, llamando así la atención sin agraviar los símbolos patrios.
    Así mismo, Doris Gibson y varias esposas de los periodistas marcharon en solitaria protesta hasta la Plaza de Armas.

    Patrulla juvenil encabezada por Marco Zileri "amordazó" monumentos. Derecha, revolucionario Mario Hoyos demostrando destreza en origami.

    Pero en materia de huelgas de hambre la gente de mayor experiencia era de hoz y martillo. Ricardo Gadea, por ejemplo, el hermano de Hilda, la ex esposa del Che Guevara. Jorge Sono de Clase Obrera y Mario Hoyos del semanario FOCEP en su época más incendiaria.
    Fueron ellos los que recomendaron el boldo, y a partir del sexto día un médico y una enfermera aparentemente especializados se sumaron al doctor Uriel García para efectuar una limpieza esmerada del recinto (porque es a partir de ese plazo que las defensas se desmoronan, dijeron, y comienzan las infecciones), y para recomendar que chupáramos limón con un poco de sal.
    Después de una semana de boldo dulce, ese añadido supo a gloria y pensamos que con esa combinación podríamos durar eternamente. En el encierro -porque una de las condiciones en una huelga de hambre es que nadie salga para evitar suspicacias o trampas- las diferencias y antagonismos editoriales se disiparon casi de inmediato, y germinó un compañerismo notable.
    Se descubrió, por ejemplo, que el aguerrido revolucionario Hoyos era un experto en origami y que de sus manos salía todo un zoológico de cangrejos, pajaritos y animales extraños.
    Acevedo resultó ser indispensable para animar una huelga de hambre. Trabajaba en Marka y allí estaba Flores Lama, el director, y Ricardo Uceda, el actual jefe de la Unidad de Investigación de El Comercio, entonces un redactor de esa revista como Víctor Hurtado.
    Oscar Dancourt participó en nombre de Amauta y, como Manuel Miguel del Priego de Unidad, es desde hace años ilustre profesor universitario.
    Otra mujer, Susana Bedoya, se sumó al ayuno y ella ahora se dedica al negocio de bufés, como para compensar.

    LO peor que puede suceder en una situación de ésas, es que no suceda nada, y hubo un par de días en que, salvo la visita de familiares y uno que otro amigo, parecía que el mundo se había olvidado de nosotros.
    Pero entonces surgió una coyuntura perfecta, una situación que de alguna manera, en la euforia del desafío, todos parecíamos haber olvidado: la visita de estado de Helmut Schmidt, el Canciller de la República Federal de Alemania, junto con una delegación de alto vuelo y un avión lleno de periodistas.
    De inmediato redactamos un volante que fue traducido al alemán por la mujer de alguno de los presentes, añadiendo `achtung!' y `kaputt journalisten!', para ser repartido entre los visitantes.
    Y éstos nos cayeron en mancha tarde en la noche de su llegada. Estábamos medio dormidos y los impresionó mucho el aspecto cadavérico de Víctor Hurtado, que yacía con un pañuelo sobre la frente.
    Se pasaron una hora filmando, fotografiando y entrevistando a una camada de colegas que, al sexto día de la huelga, lucían genuinamente demacrados, barbudos y mugrientos, y que hablaban con cierta dificultad.
    (Posteriormente, Acevedo ofrecería un premio, El Boldo de Oro, a Hurtado.)
    En todo caso, ese material fue trasmitido de inmediato a Europa, eclipsando inicialmente otras imágenes de la visita. Recién entonces decidió el gobierno negociar una solución con nosotros.
    El programa establecía que en el segundo día Schmidt acudiría a la Asamblea Constituyente. Allí no sólo se encontraría con Pedro Cáceres desfalleciente sobre la alfombra, sino que posiblemente presenciaría la protesta de una docena de otros parlamentarios que en su presencia optarían por iniciar un ayuno adicional en medio de pancartas alusivas. Y eso sería aún más embarazoso y fotogénico.

    Dr. García controlando a Hurtado. Aspecto cadavérico de periodista mereció premio `El Boldo de Oro'.

    Javier Silva Ruete, entonces ministro de Economía, fue nombrado para tratar el asunto con carácter de urgencia. Temprano, esa última mañana celebramos otra asamblea con el fin de fijar nuestras condiciones: el propio general Francisco Morales Bermúdez o el ministro del Interior deberían anunciar por Tv. que los decretos y resoluciones represivas habían sido derogados, y que se autorizaba la reaparición de todas las publicaciones proscritas. Sólo así, "depondríamos nuestra actitud".
    Los socios del `Club del Boldo', como ya nos llamábamos, me autorizaron a salir del recinto para dialogar con Silva Ruete, quien si mal no recuerdo me recibió en su casa tomando desayuno. ¿Un juguito de naranja? ¿Un café con tostadas? Puede que me haya imaginado las circunstancias, pero de todas maneras dije no, gracias.
    El trato se zanjó rápidamente. Silva Ruete estuvo de acuerdo que no había otra salida y que llevaría la propuesta a Palacio.
    Yo volví a la FPP y conseguimos un televisor para esperar el mensaje. Este se dio a las dos o tres de la tarde. El ministro no dijo que ya se habían derogado las medidas, pero prometió que se haría de inmediato. Consideramos suficiente la promesa explícita y salimos hacia la Plaza de la Inquisición para recoger a Pedro Cáceres.
    En el camino se formó un regular gentío y tuvimos un breve encontronazo con la policía que no daba pase hacia el Palacio Legislativo. Finalmente ingresamos tres delegados -con Flores y Castro de los Ríos-, ayudamos a incorporarse a Cáceres y, felicitándolo, lo sacamos sostenido pero en triunfo. Era puro hueso.
    Siguió una breve celebración con muchas fotos, abrazos de despedida y la promesa de volver a reunir al Club del Boldo en un año.
    Esto nunca se logró, y al celebrar los 20 años de la huelga el mes pasado encontramos que Flores Lama y Hurtado viven en Costa Rica, y Gadea aparentemente en España. En la terraza del actual local de CARETAS en la Plaza de Armas sólo logramos juntar a Acevedo, `Chichi' Benavides, Cendra y Rojas alrededor de un termo que en lugar de boldo -y para alivio de los congregados- contenía vino.
    La celebración en abril de 1979 fue, por otro lado, ligeramente prematura, sobre todo para CARETAS. A pesar de la promesa, el gobierno se demoró un mes más en permitirnos el ingreso a nuestras oficinas y autorizar la reaparición de la revista. Pero nosotros utilizamos ese tiempo para preparar el semanario en instalaciones prestadas.
    Y eso es lo que celebramos en esta fecha.

    PEDRO Cáceres reside actualmente en Juliaca y su salud es algo precaria, pero Roger señala que esa huelga de hambre compartida entre periodistas y su hermano templó el lenguaje de la Constitución de la República de 1979 en cuanto a los derechos y libertades pertinentes, y esos términos se repiten idénticos en la Constitución de 1993:
    Artículo 2°. Toda persona tiene derecho:
    4.- A las libertades de información, opinión, expresión y difusión del pensamiento mediante la palabra oral o escrita, o la imagen, por cualquier medio de comunicación social, sin previa autorización ni censura ni impedimento alguno, bajo las responsabilidades de ley...
    Es sabido que ciertos gobiernos no siempre respetan los textos constitucionales, pero algo es algo. Y como dirían varios de los socios del Club del Boldo, la lucha continúa.