Milagros
En Semana Santa y año preelectoral, agnósticos creen en prodigios y religiosos descreen de ellos.

Los milagros son el hecho más extraordinario de la religiosidad. La razón los descarta y la Iglesia los mira de costado, pues suponen el encuentro, sin intermediarios clericales, entre el creyente y la divinidad. Exvotos nativos y foráneos lo demuestran. Sobre este tema y otras sinrazones del fervor, incluyendo el aparente agnosticismo de quienes invocan a Dios cuando enferman, o cuando el avión entra en turbulencia, o ante elecciones inminentes, conversamos con personajes de diversa profesión.

Escribe FERNANDO VIVAS

Pintor Jaime Romero y parafernalia taumatúrgica propia y ajeno.

LA era de la irreverencia ha concluido, aunque muchos crímenes y tropelías parezcan indicar lo contrario. Los pecados de hoy son hijos de la necesidad y del vacío moral; no de la revolución. Ya no impresionan tanto las rebeldías sin causa, los ateísmos soberbios o los marginalismos poseros. Estamos en una era de pragmatismo y relativismo racional que, irónicamente, nos lleva a preguntarnos más a menudo por Dios y barajar una amplia gama de opciones prácticas como respuesta: Reavivación de la fe católica, ritualismos tradicionales, evangelismos carismáticos, misas de sanación, baños con hierbas, meditación personal, iglesias cibernéticas, chateo de internet, cuarto camino, opus dei, sagrado corazón, SEO (señor enséñanos a orar), Padre Urraca, Señor de los Milagros, ayahuasca, budismo zen, música new age, san pedro, comida vegetariana, angelología, pogo.

El pragmatismo descarta al ateísmo porque no resuelve ninguna urgencia y ninguna angustia. Antes don Luis Buñuel declamaba "Soy ateo, gracias a Dios", y ahora Woody Allen murmura "Soy ateo pero me remuerde mi falta de fe". La criatura pragmática resuelve el dilema alleniano con un poco de devoción. Con una religión despojada de culpas y castigos no se tiene nada que perder y la parroquia -o el grupete de discusión o la lista de interés- son un buen medio para encontrar amigos. La comunicación es una forma muy práctica de cumplir con el primer mandamiento: ama al prójimo como a tí mismo, sácale su teléfono y su e-mail, invítalo al cine, comparte tu vida. En su ensayo "Búsqueda de sentido y modernización católica" Ana María Quiroz analiza folletos religiosos proselitistas y encuentra este tip irresistible: "San Agustín nos aconseja que a todos tenemos que amar por igual, pero puesto que no podemos ser útiles a todos, lo más aconsejable es que te concentres en aquellos que están cerca de ti por el tiempo, el lugar y otras circunstancias". Así cualquiera.

Sofía Belaúnde define la religión como "misticismo y sensualidad" y lo demuestra en su pintura. Actualmente prepara un vitral para el convento de San Camilo.

La razón y la Iglesia nos dejan calatos frente a la manifestación más fervorosa de la fe, la creencia en los milagros. La religión oficial no manda creer en ellos a pie juntillas, la burocracia vaticana los relativiza y los desdeña demorando largos años la canonización de los santos milagreros. Es que el milagro es una ruptura radical del orden natural y también de la jerarquía espiritual. El simple mortal se pone en contacto de tú a tú con la divinidad y, sin la mediación de curas, pide lo que cree un imposible, hace una promesa y agradece el favor recibido con el júbilo colorido y pasionario de los exvotos mexicanos (ver nota aparte) o con la tierna humildad corporal de los "milagritos" de plata (ver foto) que tachonan la capilla y la cruz del Padrecito Urraca en el convento de La Merced.

Escéptica, provocadora y creyente en última instancia. Magaly se recogerá en Semana Santa.

El padre Enrique Angulo, comendador de La Merced, lleva un cuaderno de "milagros" del Padre Urraca a la espera de poder comprobar científicamente uno de primer orden, requisito indispensable para culminar su proceso de beatificación. (Llámese milagro de primer orden al hecho extraordinario no explicable científicamente pero sí comprobable, tal la resurrección de un muerto o la soldadura de un hueso roto en 24 horas; llámese de segundo orden a un hecho extraordinario no explicable científicamente pero en el que concurren otros factores, tal la curación de un desahuciado con el tiempo; llámese milagro de tercer orden, simplemente, a un hecho extraordinario en el que concurren varios factores). El padre Angulo nos saca uno de cuaderno: "El soldado J fue víctima de una granada de guerra irresponsablemente manipulada por un superior ebrio en su cuartel de Piura. La explosión lo llenó de esquirlas y le comprometió seriamente una pierna. Esta se gangrenó y su madre lo trajo a Lima. Aquí, en el hospital, los cirujanos decidieron amputársela pero al día siguiente, fecha de la operación, empezó una huelga de médicos que postergó la intervención. Durante varios días la madre venía a La Merced a orar al Padre Urraca y cuando terminó la huelga los médicos descubrieron sorprendidos que ya no había necesidad de operar. Un mes después el soldado narró su testimonio en misa. Pero "¡era un milagro de tercer orden!" se lamenta el padre. Se trataba de un hecho que puede tener explicación científica y en el que además concurrieron otros factores. Por supuesto, para el soldado y su madre el favor fue de primer orden y una plaquita patenta su agradecimiento.

VOTOS Y EXVOTOS. Las elecciones del '90, más que milagrosas, tuvieron un coste religioso, y la penitencia de los ganadores nos ha sido endosada. Fujimori no tuvo al Cristo Morado de su lado como algunos de sus antecesores, y su acercamiento a los grupos evangélicos fue político antes que espiritual. Su discurso es laico -y a veces desalmado- pero eso no le impide alentar afanes de quienes quisieran tentar un triunfo milagroso como el suyo.

A la razón culta le cuesta más creer en los milagros y las sinrazones de la fe. Sin embargo, el pintor Jaime Romero encuentra muchas motivaciones para creer en ellas: "Mi obra está inspirada en personajes del Antiguo Testamento como Rahá, la ramera de Jericó o Moisés salvado de las aguas. No toco a personajes del Nuevo Testamento porque necesitaría un exegeta para que me asesore... Yo no ironizo a través de la religión, soy creyente y católico, soy terciario franciscano y voy a misa todos los domingos. Voy a todas las procesiones y hubiera vivido feliz en la época del barroco". Jaime ilustra esta fascinación devota con una parafernalia de arte religioso propio y ajeno. A sus 39 parece un recién egresado de bellas artes. "La religión me conserva", nos replica.

Agnóstica Denise Arregui no descarta a Dios.

Magaly Medina no cree en milagros, su personaje se lo proscribe. Preguntada, a boca de jarro, por su fe en la divinidad, nos dice: "Creo en Dios pero no soy practicante. No voy a misa hace años, salvo para matrimonios. Los discursos de los curas me parecieron siempre aburridos y alejados de la realidad. Abomino ese conservadurismo que condena el aborto, la infidelidad y que encima te prohíbe desear al hombre de tu prójimo. Soy una mujer pecadora, lo disfruto y soy coherente. No creo en milagros, la vida me ha enseñado a ser incrédula, todo lo haces tú y el azar determina si ganas o pierdes". De colofón, mientras apachurra su urraca (su cábala antes de cada programa), se despide con un flashback: "Cuando era chica y pobre e iba a la procesión del Señor de los Milagros en Huacho, pedí a Dios el milagro de ser rica y famosa... pero no, ese no es un milagro".


GRACIAS A DIOS. Los exvotos mexicanos expresan una religiosidad creativa y pasional, y son un fenómeno del arte popular que rompe los esquemas de la pintura y la narración académicas.

Para la pintora Sofía Belaunde la religión es "misticismo y sensualidad". Su respuesta es similar al rollo pictórico detrás de sus vírgenes embarazadas, magdalenas propiciatorias e interpretaciones holísticas: "Hay un lado que no vemos, que es real y poder sentirlo es una manera de llegar a Dios, creas o no en él. Nuestra vida agitada, de tiempos que corren, nos impide ver y sentir esa dimensión. Sí me considero una persona religiosa pero no me gustan las misas, tengo mi propio ritual". Preguntada sobre los milagros, nos responde: "No creo en lo sobrenatural en la medida en que todo es sobrenatural. No creo en los milagros porque todo es un milagro. La vida lo es".
Rafo Ráez y Denise Arregui no han sido bautizados a pesar de haber nacido en hogares católicos. La periodista y vocalista de "La Pura Purita" cuenta: "Me exoneré del curso de religión en la secundaria. Disfrutaba con ser rebelde... No creo en Dios, ni en los milagros, pero finalmente no descarto nada. El año pasado tuve un aterrizaje de emergencia en California y me puse a invocar a Dios". Rafo no se asume un creyente y piensa que "Dios es una posibilidad muy compleja, una idea hipergigantesca, por lo tanto tratar de comprenderlo es vanidoso. Me acerco a la religión sólo cuando entro a una iglesia para pensar y, sobre todo, a través de la solidaridad con la gente y del amor de pareja que llega a ser místico. Allí radica un sentido religioso y no tenerlo sería lamentable".

Rafo Ráez: "A las iglesias sólo entro a pensar".

La religiosidad se ha vuelto un asunto de conciencia, ya no es un mandato social ni una penitencia de escuelita. Es una opción en un mundo de opciones libres y a la vez comprometedoras. El racionalismo convive desvergonzadamente con ella y hasta los milagros tienen explicaciones para el que quiere creer en ellos aunque las explicaciones científicas no lo asistan. Pero hay un pragmatismo que sí nos asiste a todos y es el que aconseja llenar vacíos y aplacar angustias con un poco de fe. Pragmatismo zanahoria y emprendedor cuando nos abre a nuevos retos, pero peligroso, por cierto, cuando se usa de coartada para una relajación de los escrúpulos y una relativización de los valores. Este último es el que está detrás de la religión de los populismos y los fraudes, de los milagros bamba con estadísticas manipuladas, de las virgencitas que lloran sangre de grado. Que un milagro nos libre de todo ello. (Entrevistas de Pedro Tenorio).


Rutas Sacra
Puntos de fuga para pasar estos días de recogimiento.

Tradicional procesión ayacuchana, todo color y misticismo.

UNpresupuesto y una hoja de ruta, tales son los primeros pertrechos a los que echa mano el eventual viajero ante la proximidad de la Semana Santa.
Desde la multitudinaria Semana Santa ayacuchana -ahora a sólo 8 horas de Lima por carretera-, decenas de destinos en todo el país pueden garantizar la cuota de aventura y misticismo al viajero. Ayacucho ha lanzado, como en años anteriores, una oferta capaz de atraer visitantes, y la sierra es pródiga en este tipo de escenarios. Tarma, a sólo 5 horas de la capital, es otra hermosa posibilidad. El Cusco, al igual que Arequipa, Puno, Cajamarca y Huancayo, se apresta a recibir a miles de visitantes con sus tradicionales procesiones y coloridas alfombras de flores. Y no sólo lo hacen desde hoteles sino también desde albergues y hospedajes familiares que se ofrecen por estos días, como una manera efectiva de recibir y atender convenientemente al turista.